Vox, la apuesta por una derecha radical española, por Téo Cazenaves


En España, sobre los descombros de un Partido popular debilitado por una corrupción endémica, sobre las brasas todavía calientes de la crisis catalana, el partido de derecha radical, Vox, prospera. Sus enemigos: el independentismo, la inmigración, el feminismo. 

Vox no sólo puede restar votos al Partido popular y a Ciudadanos, presuntas derechas “desespañolizadas”, sino también a Podemos, la izquierda radical, por su abandono de las clases desfavorecidas y precarizadas, la “España profunda e interior”, algo que ya ha sucedido en Francia y en los Estados Unidos.

Un domingo 7 de octubre de 2018, en Madrid. En las gradas del palacio de Vistalegre, el partido Vox, bajo los focos de las cámaras, reúne a más de diez mil seguidores. Desde los años 80 y los mítines de Fuerza Nueva, la derecha radical española, reducida a convulsiones grupusculares, no había encontrado tal visibilidad mediática. «Después de Vistalegre, Vox se ha convertido en un actor del que los periodistas hablan como un partido que posiblemente jugará un rol importante en las elecciones generales, locales y autonómicas, y que seguramente obtendrá una buena representación en el Parlamento europeo. Por otra parte, en el contexto de la España actual, se dibuja una fuerte competición en el seno del espacio de la derecha, entre el Partido popular y Ciudadanos, para determinar quién representa a la verdadera derecha, competición en la que la aparición de Vox puede conducir a estos partidos a radicalizar sus discursos, de la misma forma que en Francia el Front National radicalizó el discurso de Los Republicanos.

El partido ha tenido que esperar para alcanzar una cierta progresión. Un acontecimiento, durante el año 2017, permitió a la formación acelerar su desarrollo: la crisis catalana y sus consecuencias. Tomando partido, especialmente, junto a la fundación Denaes (por la defensa de la nación española) en lo que se ha denominado “la revolución de los balcones”: «Una especie de 15-M de derecha, en el cual, sin que ningún partido llamara a hacerlo, numerosos ciudadanos colgaron la bandera española en su balcón», señala Guillermo Fernández, experto en derechas identitarias. «Vox, de una cierta manera, es la manifestación política de una indignación, de un proceso de ruptura de la derecha española radical con el régimen del 78». El régimen de 1978, nacido de la transición democrática, que se consagra particularmente a la descentralización y a la constitución de comunidades autónomas, es así calificado como una de las causas del ascenso de los independentismos por la derecha radical. «Vox intenta recuperar esta indignación y convertirla en fuerza política, reformulando, de una cierta manera, el nacionalismo español», prosigue Guillermo Fernández.

Un eficaz marketing político
______________________________________

Existe, por otra parte, otro impugnador del régimen de 1978: la izquierda radical, que ve en al marco constitucional actual la consagración de una transición inacabada, la de una España que no ha saldado cuentas con la guerra civil (1936-39) y las cuatro décadas de dictadura franquista. «Los dirigentes de Vox no ocultan que su situación tiene ciertos paralelismos con el Podemos de los inicios», señala el sociólogo. «Quizás no sea casualidad que este congreso fuera organizado en Vistalegre. Se trataba de llenar el palacio de Vistalegre, teniendo en cuenta que Podemos no logró llenarlo en su día». «Además, en el seno de Vox hay gente que estudia la campaña europea de Podemos en 2014. También adoptan ciertas consignas de Steve Bannon». El antiguo consejero de estrategia de Donald Trump, figura de la Alt-Right, declaraba, en marzo de 2018, durante un mitin en compañía de Marine Le Pen: «Dejad que os llamen racistas, dejad que os llamen xenófobos, llevadlo como una marca de honor». Durante el mitin de Vistalegre, el presidente de Vox, Santiago Abascal, retomó esta retórica: «¿Vosotros amáis a vuestra patria? Fachas. ¿Amáis España? Fachas. ¿Queréis defender las fronteras de España, los muros de vuestro hogar? Fachas».

Para Guillermo Fernández, el partido intenta apelar a un voto de convicción, siguiendo la primera vía de Podemos: «Uno de los eslóganes de Podemos, durante las elecciones de 2014, era el siguiente: “¿Desde cuándo no votas con esperanza?” Hoy, Vox intenta hacer un llamamiento similar: “¿Desde cuándo la derecha no vota con esperanza?”». En la página web del partido de la derecha radical encontramos también una retórica de cambio similar a la del partido de la izquierda radical: «Vox es un partido creado para la renovación y el reforzamiento de la vida democrática española. Somos como tú, profesionales, emprendedores, empresarios, mujeres del hogar, jubilados, empleados, trabajadores, funcionarios, estudiantes, etc., que jamás han vivido de la política, pero que nos sentimos abandonados por los políticos actuales y que luchamos por cambiar esta situación. El representante político debe servir, escuchar, gestionar y actuar».

Independentistas, feministas e inmigrantes
______________________________________

Si bien la nueva formación política recoge los frutos de un marketing renovado, utilizado ya por la izquierda radical, sus fundamentos ideológicos y el reclutamiento de sus cuadros la vinculan directamente con la derecha radical más tradicional. «Vox es, en su origen, una escisión del Partido popular, que mantiene buenas relaciones con Steve Bannon y que intenta conducir una política anti-establishment para redefinir una lógica autoritaria, centralista y conservadora del régimen político español. Según Guillermo Fernández, no son outsiders, están en el interior del sistema y ocupan posiciones sociales relevantes. «El partido no nace de la unión de grupúsculos de extrema derecha, como fue el caso del Front National, sino como una escisión radical del Partido popular (…) De hecho, Santiago Abascal es un antiguo militante del PP, como muchos de sus cuadros. Rafael Bardají, encargado de las relaciones internacionales del partido, es un antiguo y estrecho colaborador del expresidente Aznar. Es, precisamente, el reclutamiento de esta persona lo que ha permitido obtener un contacto directo con Bannon», continúa Guillermo Fernández.

Vox es un partido del nacionalismo español renovado por la crisis catalana. Sus enemigos: el nacionalismo catalán, el feminismo y la inmigración; con una estrategia, los golpes de efecto provocadores para instalarse en el paisaje mediático. Además, dentro de su sector más integrista, la Iglesia católica española tiene un peso importante. «Están convencidos de que nos encontramos frente a una guerra de civilización, que la civilización occidental y cristiana está en peligro». Este radicalismo acerca a la nueva formación a otras derechas radicales europeas, como la de Marine Le Pen en Francia y la de Matteo Salvini en Italia. No obstante, la mayor diferencia con Le Pen y Salvini, según Guillermo Fernández, reside en el discurso económico liberal de Vox: «se trata de un discurso similar, incluso más liberal, que el del Partido popular. De hecho, señala el sociólogo, con la persona que, en Francia, mantienen mejores relaciones es con Marion Maréchal-Le Pen, que representa un liberalismo ultraconservador.

Sobre el territorio de la derecha
______________________________________

El ascenso de Vox inquieta a los dirigentes del Partido popular, formación tradicional de la derecha española. Mientras que el PP incluía, hasta ahora, a representantes de la derecha radical en su seno, la escisión operada por Vox y la polarización engendrada por la crisis catalana, han debilitado más si cabe a un partido ya tocado por la corrupción endémica. Poco importa que las elecciones internas del PP hayan visto el triunfo del candidato más derechista, Pablo Casado. «Con la victoria de Casado, todo el mundo pensaba que Vox se había quedado sin espacio, puesto que el discurso radical se encontraba ahora en el seno del PP. Pero, a fin de cuentas, Casado debe sobrevivir en un partido marcado por los casos de corrupción, que viene de perder el gobierno y que ha gestionado la crisis catalana de una forma relativamente compleja e insuficiente. Vox es un nuevo partido: además, sobre temas como el independentismo o el feminismo, ellos dicen lo que muchos en el PP desearían decir pero no se atreven a hacerlo», según el análisis de Guillermo Fernández. Según el sociólogo, la estrategia del PP no es correcta: radicalizando su discurso no frena la salida de militantes, sino que las aumenta al normalizar el discurso de Vox.

Santiago Abascal juega con una estrategia eficaz en su oposición al Partido popular, “la derecha cobarde”, y Ciudadanos, “la veleta naranja”, según sus propias expresiones. El nuevo partido quiere aprovechar el descontento y la desesperanza de la España interior y “periférica”. «La mayor parte del interior de España está despoblado, con gente de avanzada edad que se siente abandonada y falta de infraestructuras, escuelas, médicos… Hay una gran sensación de decadencia (…) Además, son territorios en los que sobrevive una cultura rural, lo que les hace distinguirse, por ejemplo, sobre la cuestión animal. Vox ha tejido relaciones con las asociaciones de cazadores, de pescadores, de agricultores, para construir una especie de red territorial (…) Esta gente, no sólo tiene la impresión de estar en decadencia, sino que ven también cómo la gente de las ciudades desprecia su forma de vida, condenada a desaparecer. Esta sensación de agonía, de decadencia, de sentir que todo un mundo se derrumba y desaparece, es realmente lo que siempre ha movilizado a la derecha radical», explica Guillermo Fernández.

Entre corrupción de los partidos, crisis territorial y estrategia europea de las derechas radicales, la joven formación política Vox puede avanzar y obtener varios escaños en el Parlamento español y en el europeo en las elecciones de abril y mayo de 2019. Guillermo Fernández señala: «Creo que pueden crecer gracias al desastre del PP, pero también porque el conflicto catalán ha dejado muchas heridas en España, y no necesariamente en las filas de la derecha. Hay mucha gente que se siente herida. Todos los ciudadanos que colgaron su bandera española en los balcones no son radicales de derecha. Es algo más bien transversal. En cualquier caso, en la estrategia de la derecha radical europea e internacional, es importante que las cosas le vayan bien a Vox (…) Para muchos de los partidos de derecha radical en Europa, tener un aliado en España es muy importante: hasta ahora no había ninguno».  Fuente: Le Mèdia press