¿Cómo interpretar el eurasismo? Por Yohann Sparfell (parte 2)

 

El eurasismo, por tanto, no es ajeno a Europa porque de hecho es el nombre que se le da a una nueva teoría política, con un componente geopolítico crucial, que cada civilización deberá abordar y apropiarse a su manera y según su propia visión original del mundo y del hombre. El desafío no es, de hecho, tratar de mirar el mundo a través del pequeño extremo del telescopio ruso, sino establecer y afirmar nuestra propia visión del mundo europeo mientras nos esforzamos por ir más allá de las quimeras que, aún hoy, sirven como guías intelectuales en nuestros vagabundeos inconsistentes.

Hoy también podemos hacer otro argumento a favor del eurasismo que podría convertirlo en un instrumento conceptual, pero también realista, con el objetivo de resurgir la Idea europea (un humanismo original con una visión realista del hombre) del limbo en el que lo han hundido los ideólogos neoliberales. Rusia y las naciones relacionadas con ella, como se mencionó anteriormente, son fundamentalmente de cultura europea, aunque la historia y la geopolítica la han convertido en una civilización única, como ya hemos podido expresar aquí. Sin embargo, la realidad geopolítica del mundo actual, que incita a la multipolaridad a afirmarse en las relaciones internacionales, también tenderá a acercar cada vez más a las civilizaciones ruso-eurasiática y europea para intensificar su cooperación frente a la Intentos o potencialidades hegemónicas que emanan de otros polos más poderosos como América del Norte o China. También tendrán que hacerlo debido a las amenazas que ya están tocando a sus puertas, especialmente las relacionadas con la inmigración masiva y el terrorismo islamista. Es sin duda y en realidad, y esto en virtud de la realidad de las relaciones internacionales actuales, un conjunto inter-civilizacional que aglutina a las civilizaciones ruso-eurasiática y europea gracias a una estrecha y continua cooperación que será el gran espacio dentro del cual el eurasismo deberá afirmarse una vez superados los etnocentrismos y los viejos resentimientos que, de nuevo, alimentan los discursos oficiales de dirigentes y medios de comunicación que siguen aferrados desesperadamente a sus caprichos ideológicos y sus dependencias (sub) culturales. Este debe ser un argumento más a favor del hecho de que el eurasismo, y la Cuarta Teoría Política, no solo no están vinculados exclusivamente a la civilización ruso-eurasiática, sino que también pueden ser capaces de reencontrar un gran espacio geopolítico (y espiritual) eurasiático (o eurasiano) que puede ser capaz de afirmarse en el actual caos global resultante de la dilución de un orden de relaciones internacionales que sólo puede resistir los problemas y contradicciones que él mismo engendró en el curso hegemónico del neoliberalismo triunfante.

El eurasismo es un arma conceptual (aunque más fundamentalmente es un Logos inteligible para abrirse a una nueva conciencia espiritual) que interesa principalmente a Europa y Rusia, juntas, unidas por un nuevo deseo de inspirar un mundo capaz de ir más allá (pero no para aniquilar) el antagonismo entre lo universal y lo individual. Lo que podremos encontrar a través de nuestras relaciones entre las civilizaciones europea y ruso-eurasiática, y mediante las relaciones entonces más seguras entre Eurasia y otras civilizaciones del mundo, será la base de un nuevo orden de relaciones internacionales que tendrá que emanar de un respeto por cada singularidad y relaciones no basadas en la hegemonía y el unilateralismo.

Por tanto, podemos afirmar con firmeza y fuerza que somos eurasiáticos y al mismo tiempo tenemos una fe profunda y arraigada en el futuro de Europa. Agregamos incluso que uno compromete fuertemente al otro ya que el eurasismo es un compromiso a favor de cada una de nuestras civilizaciones, de las que entonces somos conscientes de su importancia como polos geopolíticos que toman una parte considerable, si no fundamental, para la renovación radical de las relaciones internacionales. El eurasismo no puede separarse del proyecto de construcción de un orden mundial organizado en torno al principio de multipolaridad. Tampoco es separable de una visión orgánica de las comunidades humanas que incluye regiones, naciones, etnias y pueblos en el respeto de la diversidad cultural, política y espiritual que deberá estructurar el mundo multipolar venidero. El eurasismo, por así decirlo, es un globalismo de la “periferia” que debe levantarse contra el globalismo del “centro” impuesto, entre otros, por el arma des-estructuradora de los “derechos humanos” y por el Mercado. También podemos ver que, desde este punto de vista, el movimiento de los Chalecos Amarillos se embarca inconscientemente en este camino y, por tanto, forma parte de esta lucha eurasista.

El eurasismo no tiene una “verdad” que imponer de una manera u otra a los pueblos y civilizaciones porque abarca una conciencia de la necesidad de respetar las diversas cosmovisiones que construyen la humanidad. Su estructura teórica se basa en una apreciación espacial (no según el sentido anglosajón del término, o una ambición volcada hacia la conquista, sino según una visión “cósmica” que prioriza el orden y la armonía) de las civilizaciones cuyo principal interés es que cada uno de ellos sea capaz de construir su futuro a la luz de su tradición, mientras participa activamente en el desarrollo de un nuevo tipo de relaciones internacionales en cuyo corazón será fundamental la plena conciencia de las realidades geográficas (económicas, energéticas, etc.) así como diferencias en los enfoques culturales, incluso espirituales y religiosos, vinculados a estas realidades.

El eurasismo es, por tanto, un llamado a una nueva armonización del mundo, de la que se sabe de antemano que siempre estará en proceso, y no es una esperanza para un nuevo idealismo, es decir, una nueva ideología abstracta. Es una nueva teoría política y geopolítica que es la conciencia de que el mundo no puede doblegarse ante las limitaciones de las ideologías abstractas sin sacrificarse en el altar del vicio y la falsedad. Es en esto que el eurasismo es una superación, una Nueva Teoría, que se posiciona entre los fundamentos del hombre y sus responsabilidades para su cumplimiento. El eurasismo, por tanto, nos ofrece una perspectiva que depende de cada civilización implementar de acuerdo con su propia Weltanschauung.

El eurasismo europeo (y más allá, el eurasismo, de Lisboa a Vladivostok y de Dublín a Ereván) puede, por tanto, convertirse en una realidad en nuestros corazones, en nuestros pensamientos y en nuestras acciones, siempre que sepamos cómo comprender plenamente lo que lo hace tan fuerte. Es por esto, en cualquier caso, que nosotros mismos nos reconocemos como eurasianistas y que queremos contrarrestar la tendencia actual en Europa de querer suprimir esta Idea dentro de los estrictos límites de la civilización ruso-eurasiática.

Resulta imprescindible dar la espalda a una cierta visión de la geopolítica que todavía la convierte en el instrumento científico al servicio de la extensión de un poder malsano e ilusorio, en definitiva, del imperialismo. La geopolítica debe convertirse para nosotros, y con respeto a las diferencias culturales y espirituales, en una herramienta al servicio de una nueva armonía entre naciones y civilizaciones. Europa y sus naciones deben poder sacar de ella la fuerza para reorientar su futuro de acuerdo con los grandes proyectos mundiales que, a lo largo de los años, cambiarán radicalmente el orden mundial (estamos pensando aquí principalmente en el proyecto Nueva Ruta de la Seda – Iniciativa de la Ruta y la Franja – liderada por China).

El eurasismo es una idea que los pueblos y civilizaciones deberán apropiarse según su propia visión del mundo. Es, por tanto, el alfa de un movimiento creativo único y específico de cada uno, cuyo resultado, el omega, habrá de encontrarse en superar los límites a los que hoy estamos sometidos por la locura globalista. Es una fuerza, recordamos, que nos hará elevar la idea europea y que, además, nos hará reinterpretar a la luz de nuestro humanismo originario la presencia de Francia en Europa y en el mundo.

El eurasismo se basa esencialmente en esta reorientación, y por eso sería injusto afirmar que solo puede afectar a la civilización ruso-eurasiática. Pero todo es cuestión de palabras, siempre que estén definidas. Fuente: Rébellion (www.rebellion-sre.fr)  Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera