Condición femenina: Arabia saudí se liberaliza… una minucia, por Philippe Kerlouan


¿Hay que alegrarse de los progresos de la condición femenina en Arabia saudí? Esta cuestión es, como mínimo, incongruente en un país donde el derecho se funda en la sharia. Todo es relativo, pero hay que reconocer, sin embargo, que la condición de las mujeres evoluciona, a muy pequeños pasos, hacia un poco más de libertad. 

Una minucia, me atrevería a decir...

Hasta ahora, las mujeres eran consideradas como menores, debiendo obtener previamente la autorización de un “tutor” de sexo masculino, va de suyo, para contraer matrimonio, renovar su pasaporte o salir del país. Ahora, las mujeres podrán, teóricamente, viajar libremente al extranjero. El gobierno saudí, en efecto, ha anunciado que “el pasaporte será emitido a todo residente saudí que lo solicite”. Aunque desprovista de “escritura inclusiva”, esta prescripción parece que se aplicará igualmente al género femenino.

Es la última, hasta la fecha, de las medidas de liberalización anunciadas por el príncipe heredero Mohammed ben Salmane. ¿Para dar a sus aliados occidentales un signo de apertura o una profunda convicción? En junio de 2018, ya permitió a las mujeres conducir un automóvil. También pueden, desde hace poco, asistir a los partidos de fútbol y acceder a empleos antes reservados a los hombres. 

Pero están lejos de beneficiarse de los mismos derechos que los hombres. Así, los tribunales consideran que su testimonio no vale más que la mitad del de los hombres. La mixtidad es prohibida en los transportes públicos y en los restaurantes. En los lugares públicos, como los parques o las playas, tienen horarios distintos según los sexos. Deberá pasar mucho tiempo antes de que cesen las discriminaciones hacia las mujeres, suponiendo que no haya ningún retroceso sobre los ya adquiridos. Las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres todavía tienen mucho trabajo…

Los países europeos no reconocieron los mismos derechos a las mujeres que a los hombres hasta hace unas décadas, pero jamás se menospreció a las mujeres por principios religiosos. Sin embargo, una vez adquirida a la igualdad, ¿debemos consentir la famosa paridad en algunos dominios como el político? Si por imperativo legal, por ejemplo, las retribuciones deben ser equivalentes, ello no significa que las condiciones de los sexos deban ser sistemáticamente idénticas. Esto es, sin embargo, lo que reclaman algunos movimientos feministas, que no son hostiles a la indiferenciación de los géneros. Como si reconocer que las mujeres tienen cualidades específicas constituyese una forma de discriminación.

Extrañamente, algunas reivindicaciones comunitario-islamistas van en el sentido favorable a las restricciones o prohibiciones que todavía subsisten para las mujeres en los países sometidos a la ley islámica. Es suficiente, por ejemplo, ver la demanda reiterada de horarios distintos para las piscinas o el recurrente debate sobre el velo integral y del burkini. La perversión de los valores es tal que las feministas exigen para las musulmanas justamente lo opuesto que dictan para el feminismo dominante que defienden. 

Extraña paradoja, según la cual los países de tradición islámica se occidentalizan, aunque mínimamente, mientras que los países europeos de tradición cristiana muestran, respecto a las prácticas islámicas, una culpable indulgencia. Si admitimos que hará falta mucho tiempo para que los países sometidos a la sharia evolucionen un poco en su visión de la mujer, es irresponsable transferir, a los países occidentales, los comportamientos de esos países, que son de otra época. ■ Fuente: Boulevard Voltaire