Después de la catástrofe, por Julien Langella

 


En 2007, se publicó La doctrina del shock, de la periodista Naomi Klein. Según la autora, las crisis de todas clases son la ocasión de imponer a los pueblos la desregulación a mansalva de la economía nacional y la sumisión al librecambio mundial. 

Klein compara las naciones en cuestión con los pacientes que sufrieron los lavados de cerebro practicados por el Dr. Cameron, psiquiatra vinculado a la CIA en los años 1950 a 1970. Después del trabajo del buen doctor, el cerebro del paciente no era más que una página en blanco en la cual se podía escribir lo que se quisiera. 

Naomi Klein recuerda también la era Yeltsin, reino del dinero hecho rey, después de la caída de la URSS; el crecimiento de la industria del armamento y la seguridad privada en EEUU después del 11-S; la supresión de un gran número de escuelas públicas y de viviendas sociales en Nueva Orleans después del huracán Katrina de 2005; la transformación de Puerto Rico en utopía libertaria para un puñado de privilegiados después de las tempestades de 2017… En 2018, el gobernador de Puerto Rico había declarado que el huracán María había hecho de la isla un “cuadro virgen” donde los inversores no tenían más que intentar dibujar con sus pinceles.

“Nuestras mayores pérdidas”, añadía Brock Pierce, emprendedor en criptomonedas, “constituyen nuestras mejores ocasiones para comenzar desde cero y mejorar” (citado por Naomi Klein, El choque de las utopías, 2019). El “proceso de mutación industrial revoluciona desde el interior la estructura económica destruyendo sus elementos envejecidos y creando elementos nuevos. Este proceso de destrucción creadora constituye la información fundamental del capitalismo” (Joseph Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia, 1942). La desaparición de los campesinos y los artesanos, la agonía de los pequeños comerciantes y los trabajadores independientes son otros tantos datos que ilustran este fenómeno. 

En cuanto a la gripe de Wuhan (no digamos más “Covid”), permite a los gobiernos acelerar la entrada de sus países en el paraíso de los robots: desarrollo de las ofertas digitales en los bancos; la 5G; las tabletas en el sistema escolar; la desaparición del dinero en efectivo,...

Antes de la tiranía sanitaria, hubo las bombas angloamericanas de la Segunda Guerra mundial que arrasaron ciudades europeas y japonesas, dejando estas ciudades martirizadas en la fealdad de sus edificios y las poblaciones anonadadas abonadas al consumismo. 

En cuanto al conflicto de los Cien Años, dio origen a un ejército profesional, provocando el fin de la feudalidad y la decadencia política de la nobleza en beneficio de los comerciantes, cuando el dinero se impuso a la espada. Fin de un mundo, comienzo de otro. 

En las últimas inundaciones de Niza, después de la tormenta, las aguas desatadas destruyeron el cementerio del municipio de Tende. Cruces macizas en piedra, muros de sillar y tumbas venerables se hundieron en el torrente tumultuoso. ¿Volverán a construir el viejo cementerio de forma idéntica? 

Detrás de la catástrofe material, viene el vacío espiritual que autoriza todas las renuncias. El futuro depende de nuestra capacidad cotidiana para encarnar un cierto ideal. Fuente: Quotidien Présent