EEUU/Australia: Con "amigos" así, no hace falta enemigos, por Jean-Claude Rolinat

 

La decisión de Australia de romper el contrato que la ligaba a Francia, para la fabricación de doce submarinos de ataque, ha supuesto un revulsivo en el panorama internacional. A continuación, las reflexiones de Jean-Claude Rolinat, escritor y político francés.

En mi opinión, ya va siendo hora de revisar el perímetro y contenido de nuestras alianzas "tradicionales" a la luz de los "deslices" geoestratégicos posteriores a la caída del muro de Berlín: ¡hace ya 32 años! ¿Continúa todavía de actualidad la era de las grandes alianzas multilaterales? ¿No ha llegado el momento de revisar el concepto de "bilateralidad", es decir, la cooperación entre una, dos o incluso tres naciones como máximo, relacionadas con centros de interés común? Al mismo tiempo, ¿no habría que salir de ese cara a cara exclusivo franco-alemán, que nos "hunde" literalmente, y abrirnos de forma paralela a asociaciones bilaterales con nuestros vecinos próximos, los belgas (¡siempre que el país no explote!), los españoles o los italianos? Ya cooperamos con estos últimos en un programa común de fragatas después de haber trabajado conjuntamente sobre los aviones de tipo ATR. Continuemos, profundicemos, perseveremos...

¿La Alianza Atlántica sigue estando de actualidad?

El tratado del Atlántico Norte, firmado al final de la Segunda Guerra mundial, fue pertinente mientras la URSS y sus satélites nos amenazaban. Tenía el mérito, también, de "ahogar" a la Alemania renaciente en un concepto de democracia occidental, después de la fase de "desnazificación". La ayuda norteamericana y su paraguas nuclear (mientras Francia no tuvo el suyo propio) eran necesarios. A partir del momento en el que la amenaza al este desapareció (¿es útil agitarla de nuevo?), nada, pero nada de nada debería obligarnos a continuar en este conjunto de socios multilateral dirigido esencialmente por los anglosajones. Como mínimo, deberíamos retirarnos de la OTAN incluso si, a efectos prácticos, conservemos sus procedimientos para comunicar con los ejércitos, en principio, "aliados". 

Por otra parte, no es un secreto para nadie que EEUU, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Canadá tienen relaciones informales mucho más sólidas que todos los tratados de la Tierra. Sin necesidad de renegar de los vínculos de amistad histórica que se tienen con ciertos países por las páginas de historia común, nada debería impedirnos realizar acuerdos libres con, por ejemplo, los países del Grupo de Visegrado o, incluso, con la Rusia de Putin, en cuanto deje de dar miedo (¿un miedo irracional?) a los pequeños estados bálticos o a los grandes como Polonia y Ucrania.

Pienso que sería un trato de tipo "ganador/ganador" para nuestras economías, con intercambios de bienes complementarios. Pero estamos lejos de esta situación. Mientras sigamos unidos de forma duradera al pacto del Atlántico Norte y a la Comisión de Bruselas, el Ministerio de Asuntos Exteriores no tendrá demasiada autonomía. Como mucho, solo podrá llamar al orden a alguna república bananera o sancionar a reyezuelos africanos. 

Después de todo, no haríamos más que volver a hacer funcionar una alianza franco-rusa que la revolución bolchevique mandó a la tumba. Fuente: Synthèse nationale