Brexit: La salida de la UE por la derecha, por Sylvie Perez


El 23 de junio de 2016, tras un referéndum, los británicos se pronunciaron a favor del Brexit. El 23 de mayo de 2019, en las elecciones europeas, los británicos se pronunciaron a favor del Brexit. El 12 de diciembre de 2019, en las elecciones legislativas, los británicos se pronunciaron a favor del Brexit. Parece que los británicos deseaban marcharse de la Unión Europea.

Aquel jueves, el mensaje no podía ser más claro. El resultado no tenía apelación. Las legislativas representaban una tercera victoria del Brexit. Boris Johnson realizó una campaña obsesiva alrededor de la salida de la Unión Europea. Get Brexit done! Hizo de ello el reto de las elecciones y su partido saboreaba su triunfo. Lo nunca visto desde los años 80. Los conservadores se han llevado 365 escaños de 650, es decir, una mayoría confortable que debería permitir a BoJo, como no ha parado de desearlo, hacer adoptar el acuerdo de retirada negociado en Bruselas, y dedicarse a otra cosa. Adiós a la pesadilla del cerrojo parlamentario que ha hundido a Gran Bretaña en un inmovilismo legislativo patológico. Boris Johnson reclamó unas elecciones para hacer ratificar al Parlamento su acuerdo de retirada de la UE. Y ha ganado con mucha ventaja. 

Enfrente, el campo opuesto ha visto cómo se le recordaban algunos principios democráticos. Lo han intentado todo para impedir la salida de la UE. La vía judicial. El bloqueo parlamentario. Los argumentos falaces. ¡Injusticia! ¡Desigualdad! Sin embargo, el partido LibDem, proeuropeo, jugó con las cartas encima de la mesa. Ni hablar de salir de la UE, ni hablar de respetar el voto del referéndum de 2016. La treintañera y juvenil Jo Swinson, nueva lideresa del LibDem se comprometía, si su partido se convertía en mayoritario en el Parlamento, a revocar el artículo 50. Swinson no paró ni un momento durante la campaña. Se le vio plantar árboles para seducir a los ecologistas; decir que el Brexit era un asunto tramado por “seis hombres blancos encerrados en el pasado y ocupados en destruir el futuro”; prometer facilitar el cambio de sexo a las personas transgénero. A la pregunta: “¿Cuántos géneros hay?”, un poco molesta pero nada desarmada, respondió que “el sexo biológico no es tan binario como se cree”, “no es una cuestión científica, es una cuestión de formas de vida”. Sin embargo, esta apertura de espíritu no le sirvió de nada. La lideresa del LibDem consiguió solo once escaños para su partido… y perdió el suyo. Desautorizada en su circunscripción, la que se veía Primera Ministra no es ni siquiera parlamentaria.

En cuanto a los electrones libres que abandonaron sus partidos para agruparse entre gentes partidarias de un segundo referéndum, una vez más, como fue en el caso de las europeas, perdieron su apuesta. Todos, tories o laboristas, todos los que dieron un portazo a sus partidos para federarse y salvar Europa, todos sin excepción, han perdido su escaño. 

Pero el hecho más importante de estas legislativas ha sido la derrota histórica de los laboristas. Las acusaciones de antisemitismo (ligado al clientelismo islamista como a la personalidad de Corbyn), envenenaron la campaña del Labour.  Apuntemos al respecto que el Brexit Party (que se mostró fair-play y retiró sus candidatos de 317 circunscripciones donde los conservadores tenían las de ganar, para no perjudicar a la causa del Brexit) no se privó de presentar, en la circunscripción de Jeremy Corbyn (Islington-Norte) a un candidato de su partido. Yosef Hayeem David, trabajador social portador de kippa, se opuso con coraje al peso pesado laborista. Sin éxito. Pero si Corbyn guarda su escaño de diputado, el partido solo tiene ya 203 parlamentarios en Westminster.
  
Corbyn se ha quejado de haber sido maltratado por los medios, lo que viene a ser una broma. El Partido Laborista ha pagado al contado sus evasivas en cuanto a la salida de la UE. El partido se mantuvo esquivo durante toda la campaña; Corbyn no se posicionó en ningún momento y se limitó a evocar un montaje complicado si obtenía una mayoría; prometió un nuevo referéndum, no se sabía bien en qué términos, imaginando nuevas negociaciones con Bruselas para sustituir la apuesta de Boris Johnson. El castigo ha sido severo. En los territorios laboristas, el Norte, las Midlands, las antiguas regiones mineras (el País Negro, the Black Country, se ha convertido en azul) e incluso en el País de Gales, donde se votaba laborista de generación en generación, el “muro rojo” se ha desmoronado. Los conservadores se llevaron 54 escaños laboristas, en su mayoría en las circunscripciones que habían votado mayoritariamente la salida de la UE en 2016.

En suma, el Brexit ha convertido a los tories en el partido de las clases populares. Los comentadores no salían de su asombro desgranando los nombres de las circunscripciones laboristas caídas en manos de los conservadores. Wakefield, laborista desde 1931; Rother Valley, llamada “la república socialista de Yorkshire”; Sedgefield, el feudo de Tony Blair; Blyth Valley, antigua ciudad minera, laborista desde 1950. En los micrófonos de los periodistas, electores que habían votado a la izquierda toda su vida, y de generación en generación, confesaban que habían votado conservador esta vez. Se escuchaban comentarios del tipo: “Si mi padre se enterara de lo que he votado, se revolvería en su tumba”. Un verdadero terremoto. El Partido Laborista, en una huida hacia adelante en el terreno de las políticas de diversidad, multiculturales y pregonando un igualitarismo utópico, se había olvidado de las clases populares. 

En las regiones que se sintieron abandonadas por sus diputados y traicionadas en el tema del Brexit, se ha expresado un deseo de renovación de la clase política. Así, Dehenna Davison, una conservadora de 26 años, ganó en Bishop Auckland, ¡bastión laborista desde 1935! Esta estudiante en Ciencias Políticas, vendedora a tiempo parcial para pagar sus estudios, nativa de la ciudad postindustrial de Sheffield, conoce bien el terreno y encarna ese nuevo conservadurismo en mono de trabajo azul. Ahora está en Westminster, perfecta representante del conservadurismo social de BoJo. 

Boris Johnson lo ha dicho y repetido, una vez consumado el Brexit, desea poner en marcha un programa político articulado de esta forma: la salud (muchos fondos para el sistema nacional de salud, tesoro nacional en baja forma); la seguridad (más fuerzas del orden para acabar con los crímenes cometidos a cuchillo); las infraestructuras (grandes obras para mejorar la red ferroviaria y unir el Norte con el Sur); la educación. Al día siguiente de su victoria, agradeció a los laboristas que le habían dado su confianza y celebró el “conservadurismo de una sola nación”. Gran Bretaña se ha desgarrado con el Brexit. Pero aquel que la prensa describe como loco e irrazonable, promete curar las heridas.  Traducción: Esther Herrera Alzu. Fuente: L´Incorrect.