El GRECE y Mayo del 68: el nacimiento de la Nueva Derecha, por Jean-Yves Camus


El Grupo de Investigación y Estudios para la civilización europea (GRECE) y las asociaciones que están (o estaban) ligadas al mismo, forman lo que los historiadores de ideas denominan ahora, por convención, la “Nueva Derecha” (ND). Es este movimiento el que vamos a intentar reconstituir por relación con lo que llamamos “el movimiento de Mayo del 68” y, de manera más amplia, con las ideologías que, a la izquierda del espectro político, forman la columna vertebral de este acontecimiento. Para ello, es importante no dejarse llevar por las apariencias: si bien el GRECE nace oficialmente en 1968, un poco antes del desencadenamiento de los acontecimientos que habrían de sacudir Francia, su creación no es, de ninguna manera, consecuencia de dichos eventos, y el desarrollo, elecciones ideológicas y evolución posterior de la ND, poco deben a los mismos.

Claramente, la ND es una tentativa de modificación radical del paisaje intelectual de las derechas francesas, cuya creación y, por un tiempo, relativo éxito, tienen por una parte su origen en el fracaso de la estrategia activista y grupuscular de la derecha radical en las décadas de los años 1950 y 1960, y por otra parte, en la incapacidad de la “intelligentsia” liberal de derecha para contrarrestar eficazmente la hegemonía marxista que entonces era manifiesta en los círculos intelectuales franceses, universitarios en particular.

Así, en un primer momento, nos esforzaremos en definir las circunstancias exactas del nacimiento del GRECE y en establecer la genealogía por relación a la derecha nacionalista. Después rastrearemos el itinerario organizativo de la ND en la primera década de su actividad, intentando prioritariamente establecer si se trata o no de un contramovimiento de «Mayo 68». Expondremos, en un segundo tiempo, las especificidades ideológicas de la ND durante su primer período, que va desde su fundación a la hostil campaña de prensa que, durante el verano de 1979, aseguró su notoriedad aun obligándola a cambiar su táctica y su contenido. En este marco, veremos hasta qué punto el “68” es, en el discurso y la práctica de la ND, una especie de “antifigura” ideológica. Se trata especialmente de determinar si es la oposición a las ideas del “68” lo que sirve a la ND de base ideológica y si ésta ha perpetuado una cierta imagen de los acontecimientos de «Mayo 68» para legitimar su existencia y su propia agenda intelectual. En fin, veremos también si fueron las estrategias del movimiento de «Mayo 68» las que sirvieron de modelo para la ND, en particular, por lo que concierne a la primacía de la acción cultural sobre el compromiso político y el retorno del gramscismo. Leyendo entre líneas este estudio aparece una cuestión central, sobre la cual las respuestas divergen ampliamente según los autores que han estudiado la ND: si es una tentativa intelectual de elaboración de un nuevo y autónomo pensamiento por relación a las derechas radicales, como el izquierdismo realizó la superación del compromiso comunista, o bien la Nueva Derecha no es más que una operación cosmética de limpieza, mediante una intelectualización de fachada, de la derecha radical francesa de siempre. 

El nacimiento del GRECE y su genealogía por relación con las derechas radicales

Diversas explicaciones se han dado de la fundación del GRECE por sus propios protagonistas. En una recopilación de lectura indispensable para comprender la génesis de la ND y cuyo título se sitúa en conjunto como contemporáneo de los acontecimientos de “Mayo 68”, Alain de Benoist afirma: «La ND no es un evento derivado de “Mayo 68”». El primer número de Nouvelle École, datado en febrero-marzo de 1968, es, en efecto, anterior en algunas semanas a estos acontecimientos”. Y después añade: “Sin embargo, que la Nueva Derecha (que no verá asignada esta etiqueta hasta 1979) naciera en Francia más o menos al mismo tiempo que la Nueva Izquierda, no puede ser una casualidad”. Él atribuye esta concomitancia a “un efecto de generación”. Él, que era, y sigue siendo, el principal teórico de la ND francesa al mismo tiempo que el principal pensador del GRECE, aunque nunca haya asumido la presidencia, describe a continuación, con bastante precisión, las circunstancias que le impulsaron, con un pequeño grupo de amigos, a fundar esta organización. De 1961 a 1966, el joven periodista (nacido en 1943) había sido uno de los colaboradores más regulares de la revista “Les Cahiers universitaires”, ligada a la Fédération des Etudiants Nationalistes (FEN).

Esta fue una tentativa conducida por jóvenes militantes proce-dentes del movimiento Jeune Nation, para superar el estrecho marco del nacionalismo hexagonal y su culto por el pasado, sustituyéndolo por un nacionalismo europeo teñido de un supremacismo de la “raza blanca” basado en un darwinismo bastante primario; por un nietzscheanismo bastante sumario y ya argumentado por el recurso omnipresente a las ciencias "duras", en particular a las ciencias de la vida, así como por un antijudeocristianismo virulento que quizás ocultaba ciertos restos de antisemitismo. La revista Europe-Action fue la primera en dar cierta visibilidad a estas tesis. Bastante implicado en la vida de diversos grupúsculos que ensayaban en esa época la acción política nacionalista, Alain de Benoist vivió también su particular fracaso: el Rassemblement Européen de la Liberté (REL) y el Mouvement Nationaliste de Progrès (MNP), en 1966-67, fueron dos tentativas abortadas de aggiornamento ideológico en el seno de una derecha radical francesa todavía replegada sobre el culto de las reliquias (Maurras, Pétain y la Revolución nacional) y los odios ocultos (contra el abandono de Argelia y el general de Gaulle) y que, además, todavía no se había recuperado de la quiebra del activismo que había representado la OAS (Organisation de l'Armée Secrète, grupo francés paramilitar en la Argelia francesa).

Equipados, desde principios de los años 60, de dos textos-insignia, el “Manifiesto de la clase 60” publicado por los Cahiers universitaires y el libro de Dominique Venner, “Por una crítica positiva” (1962), un grupo de militantes acomete la empresa, a partir de 1962-63, de dirigir la constatación de la muerte de la extrema-derecha activista y de pensar entonces en una estrategia de legitimación de la ideología nacionalista revolucionaria y europeísta, elaborando un discurso que resultase aceptable fuera del “gueto ideológico” nacionalista. El proyecto era entonces, por tomar prestada la expresión de Pierre-André Taguieff, “la desaparición progresiva de las referencial al nacional-socialismo, la elusión sistemática de afirmaciones de lealtad a los autores demasiado marcados como racistas, antisemitas o fascistas, y en la eufemización generalizada de sus propósitos”. Faltaba definir el marco de tal estrategia de transmutación. Alain de Benoist afirma que él comienza por “evitar definitivamente cualquier rasgo de acción política” y lanzar una revista en el otoño de 1967. Afirma a continuación haber reunido, durante el invierno de 1967-68, a una docena de amigos procedentes del movimiento FEN/Europe-Action, que se encontraban en su misma disposición. Si nos atenemos a esta versión de la historia, el resultado sería la conver-gencia de esta iniciativa con otra, llevada a cabo después en Niza por Jacques Bruyas, antiguo militante de la FEN, que había instalado un secretariado provisional del GRECE el 15 de enero de 1968 y publicado un embrión de revista convertida poco después en Nouvelle École, cuya tirada inicial no superaba los 500 ejemplares. Pierre-André Taguieff afirma que, a continuación, la primera reunión central del grupo fundador se desarrolla en Lyon los días 4 y 5 de mayo de 1968. Lo que se sabe con certeza es que el acto jurídico fundador del GRECE es posterior, en algunos meses, a los sucesos de «Mayo 68», puesto que el GRECE deposita sus estatutos el 17 de enero de 1969 en la prefectura de los Alpes-Marítimos. Existen otros testimonios de protagonistas de la época que dan una versión diferente de los hechos. Por ejemplo, el de Maurice Rollet, futuro canciller del GRECE y antiguo activista encarcelado en razón de su apoyo a la OAS que, después de datar con precisión la decisión de varios antiguos partidarios de la FEN de “cambiar de rumbo radicalmente”, en noviembre de 1967, hace remontar a una fiesta organizada con ocasión de su aniversario el 29 de enero de 1968 en Marsella, la fundación real del GRECE por doce personas que él no designa sino por sus iniciales pero cuya inmensa mayoría es identificable: Alain de Benoist, que entonces firma como Fabrice Laroche, Théo Balalas, Pierre Marcenet, Jean-Claude Valla, Jean-Marcel Zagamé, Dominique Gajas, Jacques Bruyas y él mismo.  Esta lista no es, por otra parte, establecida de manera indiscutible, puesto que tanto la universitaria Anne-Marie Duranton-Crabol, como el activista de extrema-derecha Henry Coston, dan otra versión. Lo que no cambia para nada son tres certezas. De una parte, la creación de la Nouvelle Droite se produce después de –y a causa de– la ruptura ocasionada en el seno de la derecha radical francesa por la derrota de la OAS, la de Tixier-Vignancour en la elección presidencial de 1967 y la ausencia total de perspectivas de la corriente nacionalista. De otra parte, la ND no está, en la época de su fundación, desvinculada de la derecha radical, de la que ella no sería más que una corriente, ciertamente turbulenta y atípica, pero que asume su filiación. En fin, la funda-ción del GRECE no es, por simples razones de cronología, una reacción a los acontecimientos de «Mayo 68» y al izquierdismo. Hay que recordar, a este respecto, que la revuelta estudiantil y la huelga general que siguió, tomaron entonces totalmente por sorpresa tanto a la clase política como a los comentaristas.

Si la Nouvelle Droite no nació de «Mayo 68», ni contra él, ¿qué encarna? Es, ante todo, un fenómeno de reacción generacional, como el izquierdismo hizo en relación al marxismo ortodoxo entonces encarnado por el Partido comunista. La generación de militantes nacionalistas que se comprometió en política a principios de los años 60 es la primera cuyos miembros no habían conocido la Segunda guerra mundial. Michel Marmin y Pierre Vial nacieron en 1944; Jean-Claude Valla en 1945; Alain Lefebvre en 1947; Maurice Rollet (1933) y Dominique Venner (1935) eran las figuras más antiguas pero no tenían la edad para militar bajo la ocupación nazi y sólo Jean Mabire (1927-2006) parece haberse adherido hacia el final de la guerra a los “Jóvenes de la nueva Europa” que, en torno a Marc Augier, defendían un “socialismo europeo” bastante próximo al nacionalsocialismo.  Algunos eran de familias comprometidas con la Colaboración, otros no. Pero todos sentían la necesidad de hacer una especie de “tabla rasa” con relación a los fundamentos de una derecha nacionalista bastante estrecha y reaccionaria, perdida en las divisiones de personalidades y grupúsculos, y que, sobre todo, había visto cómo una parte de su electorado potencial era captado por la derecha alineada con el gaullismo. Esta generación de militantes no podía ya reconocerse en el maurrasismo doctrinario y estrecho de lo que quedaba de la Action Française. Esta no era sino parte integrante del movimiento católico integrista y contrarre-volucionario al cual pertenecía un buen número de intelectuales de derecha eminentes que se expresaban en revistas como Itinéraires, Permanences o La Pensée catholique. Los miembros de la FEN y de Europe-Action, que habían crecido en una sociedad francesa donde la práctica religiosa se encontraba a la baja de forma continua, se oponían a veces con virulencia al catolicismo que acusaban de haber reprimido el viejo fondo identitario y pagano de Europa, en beneficio de un judeocristianismo universalista, igualitarista y contrario al espíritu de la “raza europea”.

Ellos reconocían, en el fondo, una familiaridad próxima con la revista Défense de l´Occident, dirigida por Maurice Bardèche, y que era, desde 1952, a la vez, un cruce de caminos y un laboratorio de ideas para una extrema-derecha nacionalista comprometida con Europa, más que con el marco hexagonal, resueltamente paganizante o al menos indiferente a la religión, francamente neofascista y “antisionista”. Para comprender bien la filiación de extrema-derecha de la ND naciente, hace falta también tener cuenta que, como explica Grégory Pons, “la disidencia y el no-alineamiento son consustanciales a esta derecha”.  En el clima de la época, ello significaba que la ND y el GRECE se desmarcan totalmente de esa extrema-derecha representada, en primer lugar, por el partido de Jean-Louis Tixier-Vignancour (Alliance Républicaine pour les Libertés et le Progrès), después por el movimiento Occident y su sucesor Ordre Nouveau. La razón es simple: estos movimientos son, ante todo, anticomunistas y favorables a un orden económico y social conservador, de forma que, asustados por el contenido y la amplitud del movimiento de «Mayo 68», se alinearon con el poder precisamente por temor a la toma del poder por la izquierda y por el miedo a la “subversión” izquierdista. 

Mientras el poder gaullista movilizaba el 30 de mayo de 1968 a sus fieles en los Campos Elíseos, vemos a un buen número de esos militantes todavía radicalizados por sus actos y sus publicaciones, acudir al rescate de la UDR (el partido en el poder), aun cuando la manifestación del día 30 es conducida por Michel Debré, el padre de la Constitución de la denostada Vª República y por André Malraux, antiguo combatiente de la guerra de España y de la Resistencia. Este fenómeno de alineamiento con el poder se acelera en el año siguiente, en 1969, después de la salida del general de Gaulle: una vez desaparecido de la escena política, sus acciones de 1940-44 y durante el conflicto argelino, hicieron de él una persona insoportable para los extremistas de derecha, los cuales emprendieron naturalmente un proceso que condujo a muchos de ellos a integrase en los partidos de la derecha parlamentaria y a hacer carrera política. En las universidades, ellos aportaron las tropas necesarias para el establecimiento del Groupe Union Défense (GUD) creado con el apoyo del gobierno para contrarrestar los movimientos izquierdistas y que, en 1974, sustentaron una parte importante de la campaña presidencial de Valéry Giscard d´Estaing. La ND, por su parte, era todo lo contrario de este partido de los defensores del orden: numerosos de sus animadores mantenían, también en la actualidad, una cierta empatía con los situacionistas, los anarquistas libertarios y los maoístas, así como con la empresa de subversión que estos conducían entonces. Los recuerdos de Pierre Bérard o de Jean Jouven especialmente, en este libro, “Le mai 68 de la Nouvelle Droite”, muestran perfectamente una forma de fascinación por el adversario ideológico (con la excepción de los trotskistas, siempre odiados, a causa de “su visión policial del mundo”, según Alain de Benoist); los futuros animadores del GRECE, con Benoist a la cabeza, detestaban mucho más a la burguesía y sus valores que al izquierdismo, y ellos deseaban, en el seno de su propia familia política, llegar a romper con las certezas burguesas de una derecha que, en este período de fuerte crecimiento económico, únicamente se afirmaban por su liberalismo, su productivismo y su estrecha imbricación con los círculos empresariales.

En suma, la ND no pudo haber detestado el «Mayo 68» en tanto que revuelta contra el espíritu burgués y el primado de la economía, porque ella se identificaba, ante todo, con la corriente ideológica de la Revolución Conservadora alemana, de la que sabemos que la burguesía era su principal enemigo. La siguiente apreciación de Alain de Benoist sobre la Revolución Conservadora resulta perfecta para describir la razón de ser de la Nouvelle Droite desde su fundación: “combatir la modernidad con sus propias armas y afirmar que una verdadera revolución es necesaria para conservar lo que todavía merece la pena”. 

El GRECE (1968-1978): ideología y combate metapolítico

Desde sus inicios, el proyecto del GRECE reposa sobre bases teóricas sólidas que se declinan, después de 1968, con variantes y evoluciones considerables (en particular, el abandono del racismo jerarquizante, de la obsesión biológica y de los restos antisemitas), pero ordenados en torno a ciertas constantes: el rechazo del igualitarismo nivelador y reductor de la diversidad de los pueblos y de las culturas; la impugnación del modelo económico basado en el crecimiento y la primacía del productivismo; la oposición a la moral judeocristiana en tanto que alienante de la libertad individual; la común oposición al marxismo, al socialismo comunista y al liberalismo, así como a cualquier otra representación del campo político expresada en términos binarios.

Es por otra parte indispensable recordar que en 1968 la Nouvelle Droite no se denominaba así y que, durante bastante tiempo, sus animadores preferían autodesignarse con la expresión “Nueva Cultura”: “nueva derecha” es una fórmula inventada por la prensa francesa en el momento de la gran controversia en torno a las ideas del GRECE que se inició con la publicación de un artículo de Thierry Pfister en Le Monde el 22 de junio de 1979 y que el GRECE enseguida adoptó por conveniencia, así como también como un desafío, con el convencimiento de que ella constituía una fuerte identificación, aun sin reconocerse en ella totalmente. La expresión no era, pues, sino el opuesto, o el doble, de la de “Nouvelle Gauche” (“nueva izquierda” o, también, “segunda izquierda”) que designaba a esa parte de la izquierda francesa que había jugado un rol importante en el movimiento de «Mayo 68», ya sea en política (Pierre Mendès-France; el PSU), sea en el combate sindical (la CFDT), o sea en los círculos intelectuales (Alain Touraine), y que hizo emerger la socialdemocracia francesa, sobre un fondo de reciclaje de los hombres y las ideas de 1968.

La Nueva Derecha, en particular, inscribe su proyecto en una óptica metapolítica, es decir, que ella piensa, con Gramsci, que la conquista del poder político pasa forzosamente por la de la hegemonía intelectual, lo que impone, a la vez, combatir las ideas tanto de la izquierda como de la extrema-izquierda, pero también cambiar la lógica ideológica de la derecha. Al principio, parece que la fundación del GRECE habría sido una fase de un proyecto por etapas, que habría tenido por finalidad la participación de aquellos grecistas que preferían la lucha cultural a la acción propiamente política. Ello cobra sentido con la fundación en 1974 del Club de l´Horloge, en cuyos orígenes encontramos a numerosos miembros en común con el GRECE, y su propósito era hacer avanzar sus ideas en los medios de los tecnócratas y de la alta función pública, entre los Todo ello persiguiendo también, entre la década de los años 1970 hasta alrededor de 1983, una exitosa estrategia de conquista de posiciones y responsabilidades en el mundo de los medios de comunicación conservadores (Le Figaro Magazine a partir de 1977, Valeurs Actuelles) o en la fundación de otros (Magazine Hebdo; el grupo de publicaciones dirigido por Alain Lefebvre), a través de los que la ND impulsa sus ideas, especial-mente las relativas a su antiigualitarismo, en el seno de los dos partidos dominantes de la derecha parlamentaria, el Rassemblement pour la République, fundado en 1976 por Jacques Chirac y los Républicains Indépendants (convertidos en 1978 en la Union pour la Démocratie Française), así como, en una menor medida, en el seno del Centre National des Indépendants et Paysans (CNIP). Diversas personalidades de estas formaciones, entre ellos Michel Poniatowski, Jacques Médecin y Philippe Malaud, que fueron ministros, llevaron más lejos que otros su acercamiento ideológico al GRECE.

Sin embargo, y se trata de una diferencia considerable con la que afectó a los hombres y las ideas de «Mayo 68» del lado de la izquierda, esta estrategia metapolítica se saldó con un fracaso. Las razones son numerosas. La principal parece ser que el Partido socialista llegó al poder en 1981 en el momento en que la evolución personal de muchos antiguos izquierdistas hacia el social-liberalismo permitía su suave integración en la socialdemocracia, en primer lugar, y en la ecología política a continuación, mientras que los militantes de la ND mantenían unas ideas que acabaron por causar temor en la derecha parlamentaria, la cual rápidamente perdió, en torno a 1983-84, la influencia que había detentado en el campo político. Esta pérdida de confianza afectó igualmente, aunque un poco más tarde, al Club de l´Horloge, cuya ideología social-darwinista acabó por resultar contraproductiva para una derecha que tenía por perspectiva gobernar Francia desde el centro. 

La segunda razón, que esta vez inscribe a la ND como un “do-ble” del izquierdismo, es que muchos de sus animadores se habían desprendido totalmente del juego político y deseaban continuar siendo intelectuales separados de los partidos. Este es, en particular, el caso de Alain de Benoist, que se define, ante todo, como un historiador de las ideas, que ha elaborado una enorme y abundante obra y que parece continuar proporcionando textos y entrevistas a las publicaciones clasificables en la derecha radical, siempre en función de las prohibiciones que le afectan y que le confinan a un espacio mediático reducido de las derechas no-parlamentarias. Pero Jean-Claude Valla, periodista e historiador, o Michel Marmin, cineasta, también continuaron separados de la política activa por elección, de tal suerte que el núcleo fundador de la Nouvelle Droite compartió, sin duda, con la generación izquierdista de «Mayo 68» este punto en común, el de aquellos que optaron por el dominio de las ideas, como Christian Jeambet, Guy Lardreau y Benny Lévy, desde el otro lado. Aquellos neoderechistas que prefirieron el compromiso político en un partido, terminaron por desaparecer: la inestabilidad del Front National hizo retornar a la marginalidad a un Pierre Vial y su asociación Terre et Peuple, o a un Yvan Blot retornado a la UMP y a su administración de origen, o bien a un Guillaume Faye, convertido en el ideólogo fetiche de los radicales que advierten sobre el surgimiento en Europa de una guerra racial y vituperan contra la islamización del continente.

Privados de objetivos y oportunidades políticas, contenidos en el dominio de la metapolítica, sin jamás llegar a establecer una relación de fuerzas a su favor, la ND experimentó una primera década de actividad que parecía, en su debut, la primera fila en el campo de los adversarios más determinantes de los cambios encarnados por «Mayo 68». El GRECE, desde ese momento, por así decirlo, “cayó en el campo de la derecha”, en el campo de los conservadores: es por ello que cobra todo el sentido la participación de sus animado-res en el Institut d´Etudes Occidentales fundado por Thierry Maulnier (1970) y del papel clave que jugarían los grecistas en la celebración de los “Coloquios de los Intelectuales por la Libertad”, cuyo primer objetivo era “desmarxistizar la universidad”, según el título de un libro de Jules Monnerot (1970). Se puede ver, eviden-temente, una contradicción con la forma, en cualquier caso ambivalente, en la que algunos habían acogido el movimiento de «Mayo 68». Pero este posicionamiento no duraría mucho: la Nueva Derecha, sin duda por el hecho de su marginalización por la derecha, enseguida llegó a pensar que “Mayo 68” quizás había sido una “revolución reaccionaria” a la que ella podría aportar algunas de sus ideas, mientras que los izquierdistas las habían traicionado. 

Para comprender esta evolución hay que referirse a un texto de Alain de Benoist, que cincuenta años después, aporta una visión desengañada, aunque no totalmente negativa de «Mayo 68». Benoist juzga que «en su origen un movimiento de revuelta contra el autoritarismo político, Mayo del 68 fue, en primer lugar, e indudablemente, una protesta contra la política-espectáculo y el reino de la mercancía, un retorno al espíritu de la Comuna, una puesta en acusación radical de los valores burgueses. Este aspecto no es antipático, incluso si en él se mezclaban muchas referencias obsoletas y de una ingenuidad juvenil». La Nouvelle Droite, que había leído y apreciado a Guy Debord, con la que Guy Hocquenghem hizo un trecho de su camino, y que también continuaba interesada tanto en Proudhon y Blanqui como en Louis Rossel y su “patriotismo comunero”, pensaba, sin embargo, que los valores de “Mayo 68” habían sido descarriados. ¿Por qué? Ante todo, por la transformación del antiautoritarismo en hedonismo y en individualismo, que habrían conducido a los líderes izquierdistas de 1968, no sólo a integrarse en el sistema, sino incluso a convertirse en actores y propagandistas clave del mismo.

Alain de Benoist continúa su razonamiento: «El mayor error fue creer que atacando los valores tradicionales se podía luchar mejor contra la lógica del capital. Era no ver que esos valores, incluso los que todavía quedan de las estructuras sociales orgánicas, constituían el último obstáculo a la expansión planetaria de esa lógica. El sociólogo Jacques Julliard hizo, a este respecto, una observación bastante justa cuando escribía que los militantes de «Mayo 68», cuando denunciaban los valores tradicionales, no advirtieron que esos valores (honor, solidaridad, heroísmo) eran, sin etiquetas, los mismos que los del socialismo, y que, suprimiéndolos, ellos abrían la vía al triunfo de los valores burgueses: individualismo, cálculo racional, eficacia». Critica duramente, a continuación, a aquellos que estima responsables de lo que la Nueva Derecha detesta por encima de todo: la mundialización liberal; la mercantilización del mundo y de los individuos-consumidores en el marco de un universo que masifica las identidades: «Instalados hoy en los estados-mayores políticos, las grandes empresas, los grandes grupos editoriales y mediáticos, ellos han renegado prácticamente de todo, no guardando de su compromiso de juventud sino un sectarismo inalterable. Aquellos que querían iniciar una “larga marcha a través de las instituciones” han terminado por instalarse en ellas conforta-blemente. Alineados con la ideología de los derechos humanos y con la sociedad de mercado, ellos son esos renegados que se declaran hoy “antirracistas” para mejor hacer olvidar que ellos no tienen nada que decir en contra del capitalismo. Es también gracias a ellos que el espíritu “bobo” (burgués-bohemio, es decir, liberal-libertario) triunfa ahora por todas partes, mientras que el pensamien-to crítico es cada vez más marginalizado. En este sentido, no es exagerado decir que ha sido la derecha liberal la que ha banalizado el espíritu “hedonista” y “antiautoritario” de «Mayo 68». Por su estilo de vida, Nicolas Sarkozy, por ejemplo, aparece como el primer y perfecto sesentayochista».

El juicio de Alain de Benoist no carece de pertinencia. Y eso que lo que la ND ha retenido de «Mayo 68» se mide también por lo que ha rechazado, por ejemplo, incorporando a su lógica ideológica ciertos temas de «Mayo 68». ¿Cuáles son? En primer lugar, la crítica del imperialismo americano, que se manifiesta en la ND actual en la idea según la cual todas las luchas nacionales que se dirigen al establecimiento de un mundo multipolar y al derroca-miento de la dominación de los Estados Unidos merecen, si no un apoyo, al menos cierto interés. En este sentido, la ND tiene una visión, del orden internacional, diametralmente opuesta a la de los antiguos sesentayochistas, devenidos en maestros cantores del “choque de civilizaciones” y de la “guerra justa”. A continuación, la promoción de la noción de comunidad (étnica, cultural, religiosa) contra el modelo francés de Estado jacobino: el regionalismo, por ejemplo, que era una reivindicación de los izquierdistas occitanos o bretones de la época de «Mayo 68», es también difundido por el GRECE. Esta misma valorización de la comunidad ha conducido a los neoderechistas a adoptar, frente a la creciente afirmación del islam en la esfera pública francesa, una posición totalmente opuesta al laicismo antiislamista de una parte de la izquierda marcada por la herencia de «Mayo 68», de la cual Charlie Hebdo es el símbolo. También merece la pena recordar la crítica del productivismo y de la sociedad de consumo, que ha llevado a Benoist a sostener la noción de decrecimiento y a interesarse por la ecología en general, como lo demuestra uno de sus libros.  Y si una noción puede resumir todo este itinerario, habría que retener, ante todo, su aversión hacia el espíritu burgués y su consecuencia, el conformis-mo, que caracterizan perfectamente el pensamiento neoderechista actual.

¿Cómo explicar tal evolución? Sin duda hay que tener en cuenta el hecho de que, contrariamente a la extrema-izquierda, la Nueva Derecha no está manchada, en su itinerario, por la hipoteca de la violencia y la lucha armada. Ha sido el rechazo de la tentación terrorista el que, desde 1973-75, ha marcado el debut del retorno intelectual de numerosos protagonistas del izquierdismo francés, hasta verlos incluso alinearse con el liberalismo. La derecha radical no ha tenido que gestionar este pasado. Una última observación que tiene su importancia: en el seno de la ND francesa, no hay renegados ni tránsfugas de la extrema-izquierda. Entre los fundadores del GRECE, algunos se alejaron, por ejemplo, por el hecho de su retorno a la fe católica (Patrice de Plunkett), pero ninguno renegó verdaderamente. Contrariamente a la ND alemana, el círculo nedoderechista no ha atraído a ningún izquierdista renegado de su compromiso: no existe un Günter Maschke francés, sin duda porque las cuestiones del Estado y de la Nación, centrales en el nacional-conservadurismo de revistas como Sezession, Etappe y Junge Freiheit, que están específicamente ligadas al contexto de la Alemania posterior a 1945 y que han sido capaces de movilizar el pensamiento de revolucionarios dotados de un interés por la cuestión nacional, no se plantean tan apenas en el contexto neoderechista francés.