El movimiento identitario en Francia, por Mathilde Forestier


Mediante la “Manif pour tous” (colectivo de asociaciones que organiza las mayores manifestaciones en oposición al matrimonio homosexual en Francia, habitualmente denominado “mariage pour tous”) o a través de acciones sobre el terreno, el movimiento identitario cada vez se hace más visible en el paisaje mediático. Mientras los “medias” le dedican artículos y reportajes, la sociedad francesa no parece prestar demasiada atención al fenómeno. Aún peor, los trabajos universitarios, concentrados sobre el Front National (FN), pasan sobre el tema como si no existiera. El movimiento identitario, ¿se considera simplemente como un grupúsculo más? ¿Funciona como todos los demás y reivindica lo mismo que la derecha radical tradicional? ¿Se trata solamente de unos cuantos jóvenes que necesitan algo de acción?

Aunque en la sociedad francesa el movimiento identitario puede parecer algo marginal, tiene no obstante réplicas por toda Europa. Si bien puede ser minoritario en Francia, su influencia es susceptible de establecerse más allá de las fronteras francesas.

«Los Identitarios han desarrollado estrechos vínculos con movimientos populares y arraigados (en Europa), pero también con grupos identitarios en expansión, desde Portugal hasta Rusia. Algunos de estos movimientos se inspiran directamente del trabajo realizado en Francia». 

El Front National ha rechazado aliarse con el entonces denominado Bloc Identitaire (BI) en Francia. Esto demuestra que las dos organizaciones ni siquiera comparten las mismas ideas, ni los mismos métodos de acción. En este artículo nosotros observaremos al BI de forma autónoma, a fin de comprender mejor sus acciones.

¿Qué significa ser identitario? ¿Qué visión del mundo quieren transmitir? ¿Cómo están organizados? Estas son las cuestiones que intentaremos responder aquí. Se utilizará para ello un retrato del movimiento. Y será cuestión de explorar, de una parte, el terreno ideológico sobre el que se fundamenta el movimiento. De la otra, nos interesaremos por las formas de acción de este movimiento y por su organización interna y estratégica. Para terminar, nos interesaremos por la repercusión del movimiento identitario en Europa y más precisamente en Alemania, donde el radicalismo de derecha también se ha renovado.

1. Terreno ideológico y líneas políticas

1.1 Autorrepresentación, sistema de pensamiento y concepción del mundo – El miedo a la uniformización

Tras la disolución en 2002 del grupo de la derecha radical Unité Radicale por el gobierno francés con motivo del intento de asesinato contra Jacques Chirac, Fabrice Robert, portavoz del grupo, funda el partido político Bloc Identitaire y se convierte en presidente hasta la actualidad. A través del BI, Fabrice Robert quería crear una nueva estructura legal. Según sus propias estimaciones, el movimiento identitario reuniría actualmente a unas 3.000 personas –miembros políticos activos– sin contar con los miembros o simpatizantes de otras organizaciones vinculadas o colaboradoras de carácter social, cultural o incluso caritativo. El periódico Rue89 estima que más de la mitad de los militantes tienen menos de 30 años. Varios activistas del movimiento, especialmente de Génération Identitaire, estarían fichados por los servicios de policía por activismo de extrema derecha. El movimiento identitario agrupa al partido político Bloc Identitaire, al movimiento de juventud Génération Identitaire (GI) y a la asociación Les Identitaires, encargada de la formación y de la animación intelectuales, que es hoy la denominación oficial del movimiento. El movimiento identitarios se apoya también con fuerza en las iniciativas locales, tales como Nissa Rebela o Alsace d´abord

A éstas se añaden satélites tales como la agencia de prensa en línea “novopress.info”. Las publicaciones identitarias son reconocibles por las siglas “ID” –ediciones “IDées”, el boletín trimestral IDentitaires, la revista ID magazine, publicación de doctrina, análisis, así como entrevistas y de formación. 

Génération Identitaire, pequeño movimiento en la familia identitaria, fue lanzada en 2012 con la acción de ocupación de la mezquita de Poitiers. Representa el movimiento de juventud del movimiento identitario y se prodiga en internet. Utilizando los métodos de comunicación viral y buscando la atención de los “medias”, GI se apoya mayormente en representaciones simbólicas, haciendo más sencillo comprender a qué se refieren los jóvenes identitarios cuando hablan de identidad, de Francia y de la historia.

Los militantes de GI se visten de colores amarillo y negro y han tomado como símbolo la letra griega “lambda” (^), que es también una referencia a los espartanos (spartiatas), especialmente a la película “300” realizada por Zack Snyder. El film 300, que es la adaptación del cómic de Frank Miller del mismo nombre, no es sólo una película popular que relata las guerras médicas entre griegos y persas. Este film está cargado de simbolismo para los militantes identitarios: los espartanos (representantes de la civilización europea) repelen la invasión de los persas (civilización no europea, originaria de Oriente Medio, hoy tierra musulmana). La analogía con los objetivos de los Identitarios es total: los europeos rechazan la invasión musulmana. Pero la representación simbólica va todavía más lejos: los espartanos son representados como filósofos y defensores de la democracia frente a los persas, representados como hordas de bárbaros. Esta es la razón por la que el film suscitó vivas críticas en la esfera intelectual. La película omite graciosamente la realidad de la sociedad persa en esa época: es, en efecto, bajo el reino de la dinastía de los aqueménidas cuando fue escrito el “Cilindro de Ciro”, reconocido a finales del siglo XX como la primera carta de derechos humanos.  Así, los Identitarios habrían elegido apoyarse sobre una película que revisita libremente la historia, incluso deformando la antigüedad. Esta referencia les permite, a la vez, consolidar su ideología y también dotar de un aspecto guerrero a su movimiento como continuidad de una cierta tradición europea. El hecho de que los espartanos combatieran la invasión de los persas les dotaría de una mayor legitimidad: como el recurso a la fuerza y a la violencia sólo estaría hoy moralmente legitimado para repeler una agresión, los identitarios se situarían en la escena como víctimas de una invasión islámica –facilitada por la complaciente clase política– frente a la cual ellos deberían defender a su pueblo. Los jóvenes militantes identitarios parecen identificarse mayoritariamente con una visión hollywoodiense de la historia, más que con reales figuras históricas. Los militantes de GI forman parte plenamente de la llamada “generación 2.0”, lo cual es bastante apreciado por los dirigentes más adultos, porque la generación 2.0 controla las herramientas de internet, el marketing viral y el trabajo en redes. 

Ya se trate de jóvenes militantes de GI o de sus mayores del BI, la idea de base está clara: “alzar el estandarte de la identidad frente a la uniformidad”. Atacan tanto la “americanización” como la “islamización” de Francia, aunque sus acciones están dirigidas principalmente contra la comunidad musulmana. La uniformidad (impuesta por el exterior) pondría, según ellos, la identidad francesa en peligro. Esta noción de identidad reagrupa “las tradiciones populares y orales (el lenguaje), las costumbres y la moral, la aceptación de un pasado común (la historia) y la voluntad de vivir juntos en el futuro”.

La identidad jugaría en tres niveles: la identidad “carnal” que es una identidad regional, la identidad “histórica”, es decir, la identidad francesa, y la identidad “civilizacional”, es decir, la identidad europea. Esta definición de la identidad plantea varios problemas: ¿a qué llaman civilización?, ¿a qué parte de la historia se refieren?, ¿cómo se adquiere esa identidad?

Mientras podríamos imaginar que la aceptación de un pasado común y la voluntad de vivir juntos en el futuro podrían llegar a representar el cimiento de una sociedad multicultural y la superación de las rivalidades étnicas o religiosas, ello parece ser diferente para los Identitarios. La comprensión de la historia por los Identitarios puede resumirse a través de su eslogan, “una tierra, un pueblo”. Esta visión territorial de la identidad, sin embargo, refleja poco la realidad. En la concepción identitaria existen pueblos bien definidos, separados los unos de los otros, de tal forma que no deberían entrar en interacción. ¿Qué pasaría con los mestizajes, sean internos en el territorio francés o sean llegados del exterior?

Mientras que el politólogo François Gemenne afirma que “(la política migratoria francesa) es la negación de la revolución francesa”, él apela también a que la identidad nacional francesa ha sido construida, después de la revolución francesa, sobre la idea de la abolición de los privilegios por razón del nacimiento. Sin embargo, los Identitarios reniegan de un Estado jacobino y unitario que viola las identidades locales tanto como los valores de la revolución francesa. En su comprensión de la identidad, los Identitarios se refieren a personajes prerrevolucionarios tales como los espartanos o incluso Charles Martel. Sus referencias hacen abstracción de los últimos siglos de historia de Francia para no recordar sino las referencias guerreras o romantizadas y edulcoradas de los campesinos trabajando la tierra (como puede comprobarse en los motivos medievales y caballerescos de sus carteles de propaganda).

Sin embargo, es reseñable ver que este imaginario, anclado en un período pre-Revolución francesa y pre-Ilustración, se sirve de imágenes y códigos visuales propios del lenguaje televisivo y publicitario, igual que sucede con el cine hollywoodiense.

La noción de identidad a la que se refieren los militantes identitarios es tan problemática como esencialista: según los Identitarios, la identidad se adquiere y se transmite a través de la filiación. Así, nuestra identidad nos sería dada por el nacimiento y no podría cambiar en el curso de una vida. Sería casi parte de nuestra genética. Sin embargo, en las ciencias sociales, la identidad es frecuentemente definida como un proceso que se construye a lo largo del desarrollo individual. No puede ser, entonces, remitida al nacimiento.

Para “defender la identidad” los Identitarios no se reivindican ideológicamente de ninguna teoría en particular. No creen en teorías que son cortinas de humo, ni en soluciones milagrosas, ni en doctrinas hechas a medida. Ellos se inspiran tanto en la derecha como en la izquierda, ya sea a través del estudio de los pensadores de la Nouvelle Droite, tales como Alain de Benoist, o sea en los escritos de la filósofa Simone Weil sobre la identidad y el arraigo. Sitúan su inspiración en el socialismo francés según Proudhon o en el federalismo europeo de Fouéré, o incluso en el pensamiento ecológico de Serge Latouche. De esta forma, el espectro teórico en el que se inspira el movimiento identitario es muy amplio, pero hay que discernir algunas nociones claves.

Etnopluralismo

Con el eslogan “100% identidad, 0% racismo”, el movimiento identitario intenta distanciarse de la imagen racista de la extrema derecha. El racismo reposa, por una parte, en la creencia de que la humanidad puede ser categorizada según las razas, y por otra parte, sobre la creencia de que esas razas no son todas iguales, que existe una jerarquía entre ellas.  Dado que el movimiento identitario no habla nunca de razas sino de culturas e identidades y que no explicita claramente una jerarquía entre esas culturas, no se puede, desde nuestra definición del racismo, calificar de racista. Sin embargo, como se verá, hay alguna manifestación de xenofobia.

Aunque no sea cuestión de hablar propiamente de “razas” en relación con los Identitarios, su definición de identidad y de cultura no es, por ello, menos biológica. En efecto, según los Identitarios la identidad cultural es inmutable y transmitida por filiación. Lo que impide a toda persona, por ejemplo, no nacida francés, adquirir esa identidad, incluso si ella se siente próxima o identificada. Esta visión de los pueblos deriva del concepto de “etnopluralismo” reivindicado por la Nueva Derecha. De acuerdo con los etnopluralistas y con los racistas clásicos, todos los grupos humanos poseen características inalterables y fundamentales que hacen que ellos se diferencien de los otros grupos humanos. Mientras que los racistas clásicos reivindican la pureza de la raza, los etnopluralistas reivindican la pureza cultural: la homogeneidad de los pueblos es un elemento muy importante para los etnopluralistas. A semejanza de los etnopluralistas, los Identitarios estiman que una de las amenazas a combatir es el “jacobinismo mestizante”.  Abogan, por tanto, por “una tierra, un pueblo”. Lo que convierte a los identitarios en un movimiento relativamente “xenófobo” porque se trata de una “hostilidad sistemática hacia los extranjeros y de todos aquellos que vienen del extranjero”.  

Hegemonía cultural

Uno de los grandes temores de los identitarios se llama “uniformización”. «Nosotros diríamos que el enemigo principal es la ideología de lo Mismo, según la cual la igualdad y la uniformidad son las claves del paraíso en la tierra».  En este esquema, cualquier movimiento o idea con ambición universal se convierte en una amenaza para los Identitarios. Ellos distinguen cinco grandes amenazas: 1. El jacobinismo y el centralismo, que ha unificado Francia e intenta unificar Europa. 2. El complejo “antirracista” y “etnomasoquista”, que engendra la uniformización por la promoción del mestizaje. 3. El capitalismo ultraliberal, que conduce a la uniformización mundial mediante la promoción del modelo ciudadano-consumidor. 4. La política expansionista de los Estados Unidos, que intenta imponer el “american way of life” por todo el planeta. 5. El Islam que, con una vocación universal, es una “religión conquistadora” que quiere uniformar el mundo “sometiendo a los no-musulmanes a la Sharia”.

De esta forma, los Identitarios abogan por la homogeneidad de los pueblos y la heterogeneidad entre los pueblos. Son adversarios de una uniformización por el exterior, imponiendo en una sociedad multicultural la uniformización por el interior. Rechazan todo lo que puede venir del exterior, sea en la lengua, la alimentación (“ni MacDonald, ni Kebab”), los gustos musicales y todo lo que atraviesa la vida cotidiana. La lucha de los Identitarios contra la “hegemonía islámica” y contra la “islamización de la sociedad francesa” justifica para ellos cualquier ataque islamófobo. Más adelante, abordaremos los medios de “resistencia” que emplean los Identitarios para responder a la “invasión” exterior, sea americana o islámica.

1.2 La cuestión identitaria implementada en la práctica política

Leyendo el programa político del BI se comprende mejor por qué el movimiento identitario no se reivindica de ninguna teoría en particular, sino más bien como una “encrucijada” de corrientes de pensamiento. El programa del BI tiene una tendencia regionalista, bastante anclada en lo local y en la lucha contra la globalización. Cuatro líneas políticas deben discernirse: 1. Reforzamiento de las identidades locales mediante el paso de un Estado central a un Estado federal. 2. Una construcción social más fuerte, que se dirigiría a los franceses “de origen” (de pura cepa). 3. Reflexiones sobre la protección del medioambiente. 4. Europa: “Una Francia de las regiones en una Europa de las naciones”. Interesa aquí especialmente la cuestión migratoria, porque la mayoría de las acciones llevadas a cabo y la mayoría de los artículos publicados por el movimiento identitario afectan a este tema y porque se encuentra en el núcleo de la representación que los identitarios se hacen de la sociedad. A la vez característica del movimiento identitario, el tratamiento de la cuestión migratoria por los Identitarios está, según sus críticos, lleno de contradicciones.

Un importante motivo o hilo conductor del BI es la idea de “vivir y trabajar en el país”. Frente a una economía globalizada donde reina la movilidad y la flexibilidad, los Identitarios defienden el arraigo. En la lógica de “una tierra, un pueblo”, cada cual debería poder trabajar en su propio país, en su propia región. Así, los Identitarios abordan la cuestión en dos planos: las migraciones internas campo/ciudad y las migraciones exterior/interior.

Es importante para los Identitarios que el Estado ejecute una política activa en materia de descentralización a fin de “permitir a sus agentes trabajar en su región de origen en lugar de obligarlos a una movilidad que es sinónimo de desarraigo”. Por ejemplo, los profesores deberían poder trabajar en su región de origen. Pero, si bien es importante que las condiciones de trabajo en la región de origen de una persona sean garantizadas por el Estado, para precisamente no forzar un cierto “desarraigo”, podría sin embargo resultar liberticida no poder trabajar más que en su propia región. Los Identitarios presentan sistemáticamente la movilidad como una obligación restrictiva impuesta por la sociedad y el mercado actuales. Sin embargo, parecen olvidar que esta movilidad puede resultar deseable para una parte de la población que sueña con descubrir nuevos horizontes.

En términos de inmigración, los identitarios estiman que “la integración no funciona”. La integración habría fracasado y “una buena parte de las poblaciones de origen inmigrante jamás podría integrarse en Francia”. Esta es la razón por la que los Identitarios desearían ver a los inmigrantes retornar a sus países de origen. La primera cuestión que se plantea es la siguiente: ¿cuáles son las poblaciones de origen inmigrante? ¿Un inmigrante es aquel que no tiene la nacionalidad francesa? ¿Se incluyen a los hijos procedentes de la inmigración, que han nacido franceses y siempre han vivido en Francia?

Contra la lógica integracionista, los Identitarios proponen una política de expulsión en dos tiempos. A corto plazo, los identitarios desean simplemente expulsar a los clandestinos y a los delincuentes. A medio plazo quieren firmar acuerdos de colaboración con los países de origen para facilitar el retorno de los extranjeros a su país en un plazo de quince años. Según los identitarios resulta insuficiente impedir la instalación de inmigrantes en Francia, habría que lograr también que los inmigrantes que ya viven en Francia regresen a sus países de origen. Desearían que los inmigrantes recobren un “estatuto de extranjero”, es decir, que ellos vendrían a Francia para formarse y trabajar, retornando posteriormente a su país de origen para hacer fructificar la experiencia adquirida (en Francia)”.

Más allá de los problemas éticos planteados por estas propuestas, la política migratoria de los identitarios plantea varios problemas prácticos. Así con la cuestión de cuáles serían los “inmigrantes” que deberían regresar a sus países de origen. No habría problema, en principio, con aquellos que están de paso o con los clandestinos o ilegales. Pero sí habría muchos problemas con los que hayan adquirido la nacionalidad francesa, con los hijos de franceses de origen extranjero que hayan nacido en Francia, etc. El problema se complica cuando se trata de parejas mixtas. ¿A qué país de origen pertenecen los hijos de estas parejas? Distintos, pero iguales o más complejos, son los casos de los solicitantes de asilo y los apátridas (si, como su propio nombre indica, no tienen patria, ¿a qué país de origen enviarlo?).

La idea de “trabajar y viven en su país” es loable cuando se trata de una oferta, pero liberticida si se trata de una orden.

1.3 Oposiciones ideológicas entre el FN y el BI

Mientras que el BI expresaba, en el curso de su reunión por los diez años del movimiento identitario, la esperanza de una alianza con el Front National para las municipales de 2014, Marine Le Pen excluyó cualquier alianza electoral entre las dos formaciones políticas. Los dos partidos pertenecen a la derecha radical, pero a fin de cuentas ¿son tan semejantes como podría pensarse?

Jim Jarrassé, periodista político para Le Figaro, evoca tres diferencias fundamentales entre los dos partidos políticos: la primera oposición es semántica y se refiere a la definición de identidad. La segunda oposición afecta a los medios de acción. La tercera y última oposición está en la respuesta a la “islamización de Francia”. Las oposiciones señaladas por Jarrasé fueron reportadas por el BI en sus FAQ.

Oposición semántica y unidad de medida: ¿en qué identidad piensan?

Mientras que el BI defiende una visión federal del Estado, que podría tener mejor en cuenta las especificidades locales, el FN defiende una visión jacobina del Estado y de la sociedad francesa. Mientras que los identitarios piensan la identidad en tres niveles con un fuerte basamento en la identidad regional, la identidad nacional es el principal caballo de batalla de los frontistas. Esta diferencia determina el prisma a través del cual los dos partidos contemplan a la sociedad francesa y europea. Mientras que el FN defiende una representación soberanista de Francia y se opone a la idea de construcción europea, el BI defiende la identidad europea como uno de los tres niveles de identidad constitutivos de su discurso identitario. Así, los identitarios defienden una “Europa de los pueblos” y la construcción europea está en el núcleo de su pensamiento político. El movimiento identitario está así presente en varios países europeos. 

Esta diferencia semántica es también el fundamento de la noción de racismo para cada partido. Los Identitarios “consideran como racistas a todos aquellos que buscan borrar las diferencias”.  El FN estima que un francés es un francés, poco importa su origen, y que hablar de diferencias es la puerta abierta al comunitarismo y al racismo.  Estas son dos concepciones distintas que se oponen: los diferencialistas (BI) contra los universalistas (FN). Sobre la base de esta diferencia, cada partido reenvía el reproche de racismo al otro bando.

Diferentes medios de acción

El FN y el BI también difieren en los medios de acción. El FN conoce un ascenso electoral vertiginoso desde principios de los años 2000. Su estrategia es esencialmente electoral, queriendo alcanzar el poder por las urnas y de forma republicana. El FN es un partido político y utiliza principalmente la vía institucional. Fuera del terreno estrictamente político, el FN está ausente. El BI, por su parte, es también un partido político, pero no se considera sino como un brazo del movimiento identitario. El movimiento identitario considera que “el poder no se toma sólo por las urnas”. Las elecciones sólo son uno de los múltiples medios que el movimiento identitario contempla para acceder al poder. De esta forma, el BI actúa de forma idéntica al partido comunista hasta la década de los años 70 en lo que se llamaban los “suburbios rojos”. Ellos quieren estar presentes sobre el terreno, invadiendo el tejido asociativo y el campo social. Multiplican los “golpes mediáticos” y trabajan en las redes. No se limitan solamente al terreno político sino también al campo social y mediático. Intentan estar presentes por todas partes. Organizan la famosa “sopa de cerdo” y las “operaciones de seguridad en los transportes públicos”, intentando anclar el movimiento en lo cotidiano de las gentes y formar parte del paisaje social multiplicando las acciones contra los inmigrantes. Organizados según los mismos principios que la izquierda revolucionaria, los identitarios buscan principalmente reconquistar el espacio y el diálogo públicos. Las elecciones no son para ellos un fin en sí mismo.

“Islamización de Francia”, una misma constatación, pero no las mismas soluciones. Asimilación contra expulsión

Frente al islam, el BI y el FN parecen llevar el mismo combate: están contra el velo islámico y cualquier otro símbolo musulmán, y hablan de racismo antiblanco. Sin embargo, frente al “problema de la islamización de Francia” los dos partidos proponen soluciones diferentes: el FN desearía detener la inmigración a fin de poder integrar a los extranjeros ya presentes en Francia. El FN habla de asimilación, es decir, que los extranjeros deberían renunciar a sus “particularismos” y apropiarse de la cultura y de los valores franceses. Hablando de asimilación, el FN exige entonces a los inmigrantes el abandono de toda identidad original a fin de adquirir la identidad francesa. A través de la aculturación y la pérdida de identidad aparecen en el discurso del FN vestigios del pensamiento colonialista.

Por el contrario, el BI considera que “la identidad constituye un importante factor de equilibrio personal tanto como social. Las sociedades, como los individuos, se realizan plenamente cuando sus identidades son fuertes y respetadas”. Como se ha dicho antes, los Identitarios rechazan la integración de los extranjeros. A la denominación “inmigrantes” ellos oponen la denominación “extranjero” a fin de indicar que, en su concepción del mundo, los extranjeros deberían siempre estar de paso, de corta duración en Francia (durante el tiempo de sus estudios, por ejemplo) y no deberían instalarse por un largo período de tiempo. Siempre desde el eslogan “una tierra, un pueblo”, los extranjeros deberían ser reenviados a sus países de origen. 

Al lado de estas oposiciones ideológicas, que Marine Le Pen califica de “insuperables”, puede sorprender que el BI haya expresado el deseo de alianza con el FN en las elecciones municipales de 2014. Al observar más de cerca la política del FN, sin embargo, estas oposiciones políticas “insuperables”, se desvanecen poco a poco. La práctica política del FN parece aproximarse a las proposiciones hechas por el BI. En principio, es interesante observar el caso del alcalde electo de Hayangue, Fabien Engelmann. Elegido bajo la etiqueta del FN, él participa en las acciones del movimiento identitario tales como las meriendas de “vino pinard y salchichas” como en las conferencias internacionales contra la islamización, organizadas por el BI y Riposte Laïque.  

Pero el caso de Fabien Engelmann no es un caso aislado. Es la figura de la proximidad ideológica del FN y el BI, aunque oficialmente el FN rechace la alianza con el BI. En las elecciones municipales de 2014 se pudo observar que el FN, como en 1995, trataba de aplicar el principio de “preferencia nacional” a escala comunal. La preferencia nacional sería la idea de ampliar los derechos reservados a los detentadores de la nacionalidad francesa o de la nacionalidad de alguno de los Estados miembros de la Unión Europea. Más allá del derecho de voto, esto se aplicaría, sobre todo, a las ayudas sociales para los titulares de alguna de estas nacionalidades. Por ejemplo, sólo los franceses y los niños franceses de padres europeos podrían disfrutar de las asignaciones familiares. Varios candidatos abogan por la “preferencia comunal” en la distribución de las viviendas sociales, en la ayuda para encontrar un empleo o en las ventajas de los mercados públicos. Estas reivindicaciones son bastante próximas de las del BI. No es sorprendente, por tanto, ver cómo el BI, que según sus portavoces tendría una concepción diametralmente opuesta a la del FN, hace llamamientos para votar por el FN. 

Si el FN y el BI tienen diferentes enfoques de la sociedad y difieren en sus medios de acción, parecen cuando menos querer aplicar la misma política. Estas diferencias ideológicas, que resultan “insalvables” para Marine Le Pen, están en la práctica superadas. 

2. Generación identitaria - ¿una generación en guerra?

2.1 Organización y estrategias

Como ya se ha dicho, los Identitarios consideran que el poder no se toma solamente por las urnas y que la vía electoral no es sino uno de los numerosos instrumentos de alcanzar el poder. 

Los Identitarios actúan según lo que ellos llaman un “gramscismo identitario”. La referencia al filósofo marxista y miembro fundador del partido comunista italiano, Antonio Gramsci, puede resultar sorprendente. Sin embargo, cuando comparamos a escala europea la organización y el comportamiento de los movimientos de la derecha radical, puede observarse que los nuevos movimientos de la derecha revolucionaria se organizan o se reorganizan según los principios gramscianos, como hizo la izquierda en las décadas pasadas. Los identitarios, igual que diversos movimientos de derecha radical europea, buscan ante todo crear una hegemonía cultural favorable a su movimiento, que sirva de base para la toma del poder. El combate que llevan los Identitarios no tiene lugar realmente sobre el terreno de la política tradicional e institucional, sino sobre el terreno de las ideas. Los Identitarios no quieren, en primer lugar, ganar sillones en los parlamentos, sino inmiscuirse e instalarse en la cabeza de cada ciudadano. La estrategia empleada por los Identitarios es mucho menos visible que la estrategia de los partidos políticos tradicionales. Es mucho más sutil y eficaz, en el sentido de que las ideas de los identitarios se instalan poco a poco en el discurso público y en los espíritus. Además, los Identitarios se jactan de haber ganado ya una batalla: una victoria semántica. “¿Quién, hace unos años, utilizaba el término “identitario”? Casi nadie. Hoy en día todo el mundo lo utiliza. La reconquista semántica debe ser prioritaria. Quien comienza a hablar como nosotros terminará pensando como nosotros”.

Esta “guerra de las mentes” se ve favorecida por los ardientes debates políticos y mediáticos sobre el islam, por la criminalización de los extranjeros así como por los prejuicios existentes en la sociedad. La tolerancia frente a las propuestas xenófobas y los prejuicios en el seno de la sociedad no hacen más que reforzar a los movimientos de la derecha radical como los Identitarios. La normalización de las propuestas xenófobas y de los prejuicios en los “medias” así como en el debate público, permite la normalización de estos partidos ante la opinión pública.  Esto es lo que están buscando estos partidos y la sociedad francesa se lo está poniendo en bandeja. Los prejuicios legitiman las acciones de los Identitarios: los identitarios tienen la impresión de decir en alto lo que todo el mundo piensa en silencio. La guerra de las ideas podría parecer insignificante, lejos de la realidad, pero es esta idea la que desencadena la acción.

Vamos a detallar en cinco puntos los métodos identitarios: (a) la acción en la red, (b) el combate electoral, (c) la conquista del tejido asociativo, (d) la presencia mediática, (e) la acción metapolítica.

Siguiendo las enseñanzas de Gramsci, los Identitarios abogan ante todo por el trabajo en las redes (a). El trabajo en red es, según los identitarios, “más flexible, más interactivo e igualmente más respetuoso de las diferentes sensibilidades”. Los Identitarios están así presentes localmente en una docena de ciudades, tales como Lyon, París, Rouen, Cannes, Niza, Dijon, etc.

Gracias al trabajo en red, los militantes identitarios pueden tomar la iniciativa y, si las ideas gustan, pueden ser probadas e implementadas en otras ciudades. Por ejemplo, los militantes de Génération Identitaire de Lille lanzaron una operación de “seguridad en el metro” en el marco de la campaña nacional “Generación antiescoria” (o antichusma). Esta acción fue retomada por la GI de Lyon. Este modo de organización permite al movimiento identitario cubrir todo el territorio a fin de propagar mejor su ideología.

Aunque los Identitarios esperan poco de las elecciones y utilizan el combate electoral (b) como un medio entre otros posibles, ellos están presente, sobre todo, en las elecciones locales (sean municipales, cantonales o legislativas).

A la manera del partido comunista francés, que había creado los “suburbios rojos”, los identitarios se involucran mucho en lo social y en el terreno asociativo (c). Abren así los “cafés asociativos” en Niza y Lyon. Tocan también todos los dominios de la vida pública: vida social para las personas sin hogar, la cuestión del medioambiente, de la cultura, de las tradiciones, de la solidaridad. Están así “en contacto directo con los franceses”. Con la politización de todos los dominios de la vida pública, buscan la adhesión de más personas a su causa, hacerse conocer y normalizarse. Esta estrategia, que jugó a favor del partido comunista en las décadas de los años 70 y 80, podría revelarse igual de benéfica para los identitarios de hoy.

Los Identitarios se consideran como una “central de agitación” e intentan imponer su presencia en los “medias” (d). Esto pasa por la multiplicación de los “golpes mediáticos”, como por ejemplo la ocupación de la mezquita de Poitiers en octubre de 2012, la organización de las comidas de “salchichas y vino pinard” o el despertar de los habitantes de Montluçon con la llamada del muecín.  Con las operaciones de “puñetazo en la mesa”, los militantes del movimiento identitario pueden exponer sus reivindicaciones en los medios.  

Finalmente, la acción metapolítica (e) es el caballo de batalla de los Identitarios. En su tentativa por “conquistas las mentes”, es importante desarrollar todos los medios de expresión posibles, gracias a los cuales podrían “crear corrientes de opinión favorables al combate llevado por los movimientos políticos arraigados”. Esto pasa por el desarrollo de la música, de la literatura, de la pintura, de blogs, etc., siempre con contenido identitario. La campaña “Génération Anti-racailles”, llevada a cabo por la GI es un típico ejemplo de esta “guerra de los espíritus”: en un video de algunos minutos, los militantes identitarios exponen las cifras de criminalidad en Francia, acompañando sus propuestas de imágenes de jóvenes procedentes de la inmigración agrediendo a “franceses blancos”. A través de esta relación de estadísticas criminales y de inmigración, la “Generación antiescoria” intenta atribuir todos los delitos cometidos en Francia a la “escoria” (inmigrante o asimilados). Es exactamente el mismo enfoque el que motiva a los jóvenes militantes identitarios a hacer “rondas de seguridad en el metro” vistiendo sudaderas amarillas con capucha, sobre las que está inscrita la leyenda “Génération Anti-racailles”. A través de su activismo, intentan insertar la amalgama “extranjero = criminal” en la cabeza de un gran número de personas.

Los militantes del movimiento identitario han desarrollado una serie de estrategias con el objetivo de poder cubrir todas las esferas de la vida y de hacer llegar su ideología al mayor número de personas posible. Su objetivo es adherir progresivamente a cada vez más gente a su causa y así poder imponer su visión de la sociedad.

¿Feministas e identitarios?

El movimiento identitario cuenta con pocas mujeres en su seno.  A la cabeza de diferentes organizaciones (Génération Identitaire, Bloc Identitaire, Nissa Rebella…) sólo aparecen hombres.  Desde 2012 y el debate sobre el “matrimonio para todos”, el compromiso político de las mujeres en las organizaciones nacionalistas y tradicionalistas, sin embargo, ha aumentado. Las Antígonas, próximas al movimiento identitario, defienden una visión muy tradicional de la mujer. Ellas se presentan vestidas de blanco y están contra la igualdad hombres-mujeres y por la complementariedad entre el hombre y la mujer. Ellas consideran a la mujer como “pendiente” del hombre, en tanto que “amante, esposa, madre y militante de su causa”. La mujer es así enmarcada a los hechos de su rol sexual, sea madre, hija o esposa, no militando sino sobre los temas que afectan a su “causa”, es decir, los que se refieren a la sexualidad o a la familia.

Sin embargo, en el discurso identitario, la mujer no está totalmente relegada a un segundo plano ni totalmente subordinada al hombre: los Identitarios ponen fin a las luchas feministas de la década de los años 70. Ellos encuadran el estatuto actual de la mujer en Francia en una larga tradición europea. Así, según los Identitarios, las mujeres han sido en la tradición europea de todos los tiempos” diosas, santas, heroínas, combatientes y soberanas”. Los Identitarios intentan reescribir la historia con dos objetivos: por una parte, el de conquistar a un electorado femenino, y por la otra, el de declarar al islam como incompatible con la tradición europea, con motivo del estatuto de sumisión que el Corán confiere a la mujer.

2.2 La guerra civil en el discurso identitario – guerra contra el Estado, guerra contra la sociedad.

Referencias al imaginario guerrero en el discurso identitario

En la forma en que ellos perciben el mundo, los Identitarios están en guerra contra el Estado y en contra de la sociedad multicultural. Por ello los militantes de GI se han dotado de un “video-manifiesto”, que ellos llaman “declaración de guerra”. En este video ellos la emprenden, de la misma forma, contra los inmigrantes que contra los hijos de los inmigrantes de generaciones precedentes. A través de este video ellos se presentan como un movimiento de juventud, el movimiento de una juventud en crisis. “Nosotros sufrimos un 25% de desempleo, la deuda social, la explosión de una sociedad multicultural, el racismo antiblanco, las familias rotas, y jóvenes soldados que mueren en guerras ajenas”. Y dicen con determinación: “Nosotros no daremos marcha atrás (…), no renunciaremos. Cansados de tanta cobardía, nosotros no rehusaremos ninguna batalla, ningún desafío”.

El discurso identitario toma prestadas nociones relativas a la guerra y a la revolución. La ocupación de la futura mezquita de Poitiers en 2012 era una referencia directa a la batalla de Poitiers del año 732, en la que Charles Martel detuvo el avance de las tropas musulmanas. Los militantes desplegaron una bandera sobre la cual se podía leer: “732, Génération Identitaire” o “Recordemos a Charles Martel”. A través de esta acción altamente simbólica los Identitarios exigían un referéndum sobre la inmigración y la construcción de mezquitas. Simbolismo del pasado y de los ancestros, los identitarios hacían un llamamiento a la memoria, al coraje y al combate. Consecuencia de esta acción, varios militantes fueron arrestados por incitación pública a la discriminación y al odio y por daños en los bienes.

¿Juventud en busca de aventura y de solidaridad? Quizás. Pero sería un error creer que sólo son palabras y no una provocación. Al lado de una puesta en escena bien elaborada y ruidosa, los Identitarios se conjuran y se organizan con vistas a luchar por la fuerza contra la “islamización de la sociedad” y contra todas las personas asimiladas (sean extranjeros o los “rojos amigos de los extranjeros”). Para ello utilizan diversos medios: cursos de autodefensa en el espacio público, los campus o universidades de verano de los identitarios, así como los entrenamientos en los gimnasios y salas de boxeo o las reuniones en los cafés identitarios.

La preparación física

Siempre en el marco de la campaña “Generación antiescoria”, los militantes identitarios organizan cursos públicos de autodefensa en diferentes ciudades. Hacen publicidad de sus cursos con eslóganes tales como “mujer pero no víctima” y con fotos de mujeres boxeando. Con esta campaña, los militantes de GI parecer querer atraer a un público femenino. O incluso dar una imagen más suave y menos sulfurosa al movimiento. El movimiento está compuesto, en su gran mayoría, por hombres jóvenes y es en razón de un rasgo patriarcal que los militantes de GI esperan enseñar a las mujeres (francesas) a defenderse.

En otro registro, los Identitarios organizan “campus identitarios”. Son campus de verano donde los jóvenes identitarios reciben cursos, cultura general, tácticas, y aprenden a batirse y a practicar deporte.  Los identitarios consideran que son campus para la “formación política, militante y cultural”. A través de magistrales conferencias, los jóvenes identitarios aprenden sobre la revuelta identitaria de los “Chouans” frente al jacobinismo de la Revolución francesa, pero también sobre las libertades locales del Antiguo Régimen, la incompatibilidad del islam con la tradición europea y las causas de la crisis económica actual, al mismo tiempo que se entrenan en los deportes y en el combate, en los cursos de táctica política, así como cursos de historia y de grandes batallas.

Los deportes de lucha o combate son practicados también en los locales de los diferentes cafés asociativos identitarios. Así, por ejemplo, la asociación Lugdunum Torgnole fue creada para impartir cursos de boxeo en los locales. Los organizadores explican que “frente a la multiplicación de las agresiones en la vía pública, el aumento de los fenómenos de banda organizada, la explosión del acoso hacia las mujeres, al ascenso del racismo antifrancés, y conscientes de que ni la justicia ni la policía van a poner los medios para poner término a estos nuevos fenómenos, [ellos] han decidido actuar. Después de haber denunciado esta violencia cotidiana a través de su campaña “Zona antiescoria”, ellos han optado por proponer a los ciudadanos franceses que reaccionen y, si es necesario, se defiendan (o defiendan a alguien)”. 

Los Identitarios se preparan así verdaderamente para el combate y están prestos para emplear la violencia para imponer sus ideas si fuera necesario.

Más allá del deporte, los militantes identitarios proponen de esta forma un cierto culto del cuerpo y una cierta higiene de vida. A la promoción del deporte (sobre todo, la lucha) se añade la severidad con la que se tratan a sí mismos y la lucha antidroga. En sus FAQ, el BI explica que el primer enemigo de los militantes identitarios está en ellos mismos: “es su propio abandono al confort hedonista, a la resignación y a la autosatisfacción”, lo que quieren combatir. Frente a una población aburguesada y al individualismo de la sociedad, los Identitarios erigen la figura del militante como héroe y mártir”. 

3. Los identitarios en Europa

En 2012 comenzó a aparecer una versión alemana del movimiento identitario. Mucho menos desarrollada que su equivalente francés, el movimiento identitario alemán se concentra, en la actualidad, esencialmente en la metapolítica, y más precisamente en el ciberactivismo. Muy presente en el mundo virtual y puntualmente presente en el mundo real, los identitarios actúan con eslóganes y acciones procedentes de la cultura de los adolescentes y los jóvenes, conociendo una fuerte expansión en internet (como por ejemplo los “flahs mobs”). A través de estas acciones que adoptan los códigos de la cultura juvenil y de los eslóganes que miran hacia el futuro (“vosotros sois el ayer, nosotros el mañana”), el movimiento identitario alemán no tiene una estructura que reagrupe a las personas de generaciones mayores como, por ejemplo, sí tiene el movimiento identitario francés con el Bloc Identitaire. En varias ciudades alemanas han comenzado a florecer diferentes grupos locales alineados con el movimiento identitario. Los identitarios alemanes son, en sentido estricto, un movimiento, en el que se puede participar formando parte de la red, y ello porque los identitarios alemanes no tienen una estructura fija. Se puede participar integrándose en la corriente de las acciones llevadas a cabo a través de las redes sociales o asistiendo a las reuniones semanales de un determinado grupo local. Es así imposible estimar el número de simpatizantes de este movimiento y, por tanto, medir su amplitud. No se conocen sus portavoces y resulta difícil disponer de informaciones suficientes sobre los militantes. Esta estructura en red es importante para los militantes, a fin de evitar cualquier problema con la justicia.

Lo primero que salta a la vista es el interés sobre el material de marketing de los identitarios alemanes, el que no solamente hayan tomado el nombre de sus predecesores franceses, sino también sus herramientas de propaganda. Así, el video “Declaración de guerra” ha sido traducido palabra por palabra. Si encontramos a los identitarios franceses a la cabeza de las diferentes “Manif pour Tous”, lo mismo sucede con sus homólogos alemanes en las “demo für alle”. La simbología es idéntica, los mensajes también. Por ejemplo, el eslogan “100% identidad, 0% racismo” se ha convertido en “100% Identität, 0% Rassismus”. El lema “Defiende lo tuyo, aquí está tu tierra” se ha convertido en “Wehr dich, es ist dein Land”.

Sin embargo, las acciones del movimiento identitario alemán adoptan la forma sobre todo de “Spaßguerilla” (falsa guerrilla) en la organización de los “flash mobs”, en los que se baila la música Dubstep agitando consignas tales como la “Multikulti wegbassen” (deshacer lo multicultural a golpe de bajos). Contrariamente a los identitarios franceses que actúan al descubierto, los identitarios alemanes aparecen sistemáticamente ocultos o son irreconocibles en sus videos.

En internet ellos actúan como ciberactivistas utilizando las técnicas del marketing viral: deforman las imágenes, comentan los artículos y están bien presentes en las redes sociales.

Las perspectivas de éxito para los identitarios alemanes son bastante menores que las de los identitarios franceses: el partido de derecha radical alemana (NPD) continúa siendo bastante marginal (habrá que ver cómo evoluciona AfD), mientras que el FN en Francia obtiene cada año más votos y es aceptado en el paisaje político francés. El terreno para las ideas de derecha radical parece actualmente menos fértil en Alemania que en Francia. Además, un acercamiento entre los identitarios alemanes y la escena de la extrema derecha alemana podría desacreditar al movimiento identitario ante su auditorio. A partir del momento en que el movimiento identitario fuera asimilado a la extrema derecha, perdería toda legitimidad a ojos de sus potenciales interesados, porque la categorización de “nazi” es la mejor forma de abortar un movimiento o de convertir a un grupo en indeseable ante la sociedad alemana.

Los fundadores de la Nueva Derecha alemana –que después de haber sufrido varios fracasos se han refugiado en una torre de marfil, desde la que publican revistas en línea, siempre dirigidas al mismo público– han prestado mucha atención al recién nacido movimiento identitario. Este podría, en efecto, por su filiación ideológica, reconquistar el terreno que esa Neue Rechte había perdido. Görz Kubitschek, uno de los representantes de esta Nueva Derecha alemana, se muestra bastante crítico frente a la organización del movimiento y de sus posibilidades de supervivencia. Este movimiento recién nacido podría fracasar a causa de un cierto número de debilidades. Por una parte, el hecho de que los “medias” hayan calificado directamente al movimiento con el adjetivo de “extrema derecha”, lo que le hace menos atractivo e infrecuentable. Por otra parte, dado que los militantes identitarios alemanes no tienen propuestas reales, carecen de una sólida base teórica y son incapaces de explicar qué es la identidad que defienden, concurre el riesgo de dejarles en un estado de farsa y pantomima. Finalmente, la ausencia de líderes y portavoces podría impedir al movimiento mantenerse en el tiempo. 

¿Qué podemos retener de los Identitarios?

En primer lugar, es importante señalar que el movimiento identitario reúne a una mayoría de jóvenes de menos de treinta años. Este elemento sociológico no es despreciable porque puede representar una señal de alarma para las políticas societales implementadas en las últimas décadas. El movimiento identitario parte de la constatación del fracaso de las políticas para vivir en común. Sin embargo, en lugar de ser creativos e imaginar nuevas formas de vida en común, los Identitarios impugnan en bloque la idea de una sociedad multicultural. No obstante, las respuestas identitarias son extremas, portadoras de contradicciones y fundadas sobre frágiles bases. En principio, la definición de la identidad por los Identitarios no es bastante clara. Los Identitarios se focalizan sobre las identidades locales, haciendo referencia, en buena parte, al período prerrevolucionario de la historia francesa y haciendo una elipse sobre los últimos siglos de desarrollo cultural e histórico. El imaginario identitario se apoya, en buena medida, sobre la mitología europea, pero también sobre el período medieval. Los jóvenes militantes se identifican con los héroes míticos y las aventuras caballerescas. Este imaginario guerrero alimenta el fantasma identitario contra la sociedad multicultural, de guerra contra la uniformización y defensa de su territorio y de sus tradiciones contra las grandes fuerzas en presencia que intentan mestizar las sociedades y desarraigar los pueblos. Para legitimar su acción, los Identitarios se apoyan sobre las tesis etnopluralistas desarrolladas por la Nouvelle Droite en las décadas de los años 70 y 80. Esta visión etnopluralista del mundo, resumida en “una tierra, un pueblo”, desintonizada con el mundo actual, puede legitimar formas de xenofobia. Si los militantes identitarios recusan la apelación de “racistas”, ciertamente resulta difícil demostrar el carácter xenófobo de este movimiento, es decir, la hostilidad sistemática de sus militantes hacia todo lo que viene del extranjero (porque, por ejemplo, no se rechaza a los ciudadanos de otros países europeos, siempre que no sean de origen extraeuropeo). Para alcanzar sus fines, es decir, para crear una sociedad homogénea étnicamente, los Identitarios utilizan las teorías de Gramsci. Al igual que la izquierda revolucionaria del siglo pasado, los Identitarios se organizan en redes y llevan a cabo una especie de guerra de conquista de las mentes y los espíritus por la hegemonía cultural. 

Además, están presentes también en el terreno electoral, pero esto les plantea un problema de debilidad. Después de haber declarado al Bloc Identitaire como su rival ideológico y haber rechazado cualquier alianza con él, el Front National busca hacer implosionar el movimiento desde su base, es decir, a nivel local, fichando, por ejemplo, a Philippe Vardon, representante de Nissa Rebela (la lista encabezada por Marion Maréchal-Le Pen en las elecciones regionales de 2015 incluyó a Philippe Vardon, jefe de los identitarios de Niza).

Si la apuesta hecha sobre los métodos de Gramsci y el reforzamiento de las identidades locales se presentaban como una ventaja en los debuts del movimiento, es posible que los vientos estén cambiando y que el movimiento acabe implosionando si los representantes de los diferentes grupos locales no llegan a ponerse de acuerdo. © Fuente: Journal Exit