Es la obra maestra del capital: hacer que la izquierda haga lo que la derecha hacía antes, por Diego Fusaro


El mecanismo es siempre el mismo. La patología se utiliza para desacreditar el órgano sano. Uno identifica - para mantenerse en el mismo tema - la neumonía con el pulmón y, por lo tanto, para combatir la neumonía uno ataca el pulmón como tal. En el caso concreto, se toma la patología de algún aventurero absurdo para deslegitimar el sano cuerpo de la crítica.

¿Cómo? Toma a cuatro tontos, quizás con una chaqueta naranja, que dicen que "el virus no existe" y los usa como coartada para deslegitimar en bloque a cualquiera que critique lo que realmente está sucediendo y que no me cansaré de denunciar: el virus está ahí y al mismo tiempo es usado como base de una nueva racionalidad política de tipo autoritario y ultraliberal, que pasa por alto a los parlamentos, fortalece al ejecutivo, produce grupos de trabajo no electos, acelera la digitalización de la sociedad y la masacre de las clases medias y los trabajadores.

Se está llevando a cabo una decisiva remodelación del modo de producción capitalista, en clave autoritaria y de arriba hacia abajo. Las democracias parlamentarias eran paréntesis y ahora el capital está trabajando para archivarlas para siempre. Quien no ha entendido esto, no ha entendido el a-b-c de las cosas y es completamente inútil discutir con él. Quienes no han comprendido que no habrá vuelta atrás en esta situación, porque responde a la nueva racionalidad política del modo de producción, se encuentran todavía en la fase ptolemaica de la cuestión.

Del mismo modo, digamos algo de los tontos que piensan que todo es cuestión de vacunas, como si la vacuna fuera el santo grial del capital. La cuestión es mucho más compleja y concierne -repito hasta la saciedad- a la reestructuración vertical del capitalismo a escala planetaria. Gramsci nos enseñó: cuando la clase dirigente tiene el dominio, pero comienza a perder el consenso (en este caso, leyes surgidas del populismo, soberanía, etc.), debe recurrir al autoritarismo y, si es necesario, a la violencia: distanciamiento social, prohibición de reunión, confinamiento.

En Italia, no podía ser que fuera la derecha la que manejara esto, porque de lo contrario el juego habría sido inmediatamente evidente: y ahora todo el mundo gritaría "¡fascistas! Al hacer que los izquierdistas jueguen el papel del autoritarismo represivo (con la misma lógica con la que el capital les ha confiado, desde los años noventa, la tarea de masacrar sanguinariamente a los trabajadores con leyes de empleo y reformas liberales), el resultado es que ahora están gritando "¡fascista!" a los que se oponen al autoritarismo represivo del capitalismo terapéutico.

Es la obra maestra del capital: hacer que la izquierda haga lo que solía hacer la derecha. Y dejar a la derecha el raquítico e increíble liderazgo de la oposición. Hace reír (más que llorar) escuchar a los nostálgicos del Ventennio [periodo en el poder de los fascistas italianos] gritando contra el autoritarismo actual. Terminan fortaleciendo el orden dominante. ▪ Fuente: ilfattoquotidiano.it