Generación identitaria, el «Greenpace de la derecha». Entrevista a Clément Martin


Los Identitarios han renovado las formas de intervención en el espacio público, con actos simbólicos y sus intervenciones en las redes sociales. Entrevista con Clément Martin, director de comunicación de «Generación Identitaria».

«Generación Identitaria» ha logrado que el Estado francés sea condenado por prohibir una manifestación antiislamista, pero su organización también ha sido objeto de penas muy severas, entre ellas la condena a prisión para tres de sus miembros. ¿Cuál es la situación en el frente judicial?  

«Generación Identitaria» fue condenada por bloquear el acceso al alto de la Échelle. La enormidad de las penas demuestra que se trata de una decisión eminentemente política. Además, debemos hacer frente a otros tres procesos por la ocupación de la mezquita de Poitiers, la sede de SOS-Mediterráneo y el CAF de Bobigny. Pero hemos decidido contraatacar en una auténtica guerra de guerrillas jurídica y judicial. Hemos desafiado a Facebook tras el cierre de nuestras páginas e impugnamos sistemáticamente las decisiones que restringen nuestra libertad. Las órdenes que prohibieron nuestro homenaje en Lyon a la Virgen María y nuestra manifestación antiislamista de 2017 han sido anuladas por los tribunales administrativos, siendo el Estado, en cada caso, a pagar una indemnización. También impugnamos un cierto número de subvenciones, como las de la LICRA (Liga antirracista), que acosa al gobierno para conseguir nuestra disolución. En fin, hemos logrado la condena de varios activistas antifascistas por injurias y difamación hacia nuestro movimiento.

¿Cómo sobreviven al cierre de todas sus páginas, en Facebook, Instagram y Twitter? ¿Sigue siendo internet la panacea?

Hay que reconocer que el ambiente no es tan acogedor como al principio. Originalmente, internet aportaba un gran soplo de aire al discurso identitario y patriota, durante mucho tiempo condenado al ostracismo. Desgraciadamente, cada vez se parece más a un auténtico Gulag del pensamiento. Las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) han tomado el control sobre las redes y despliegan una censura a todos los niveles de los discursos alternativos. Al mismo tiempo, se observa una masiva difusión del progresismo más mórbido a través de nuevos medios de comunicación. Pienso que los gigantes digitales, en su desmesura, va a ir más lejos y más rápido en sus veleidades de dominio digital. Como respuesta, esta opresión hará nacer un irreprimible deseo de libertad y asistiremos a la creación de nuevos espacios. Hay que comprometerse con el desarrollo de un polo anti-GAFAM con redes sociales que se apoyen en la tecnología blockchain y que habilitan una verdadera libertad de expresión.

Los Identitarios han reeditado Por una crítica positiva, texto no firmado por Dominique Venner. ¿Es una fuente de inspiración para vosotros?

Esta pequeña obra nos ha marcado profundamente. La consideramos como un libro estratégico, que indica el camino a seguir y los errores a evitar. Lo hemos reeditado para darlo a conocer más allá de los círculos militantes. Dominique Venner siempre fue una figura inspiradora. Su profundidad de análisis de la identidad europea y su altura de visión histórica han hecho de él un autor indispensable para el pensamiento identitario.

¿Vuestro activismo no ha adoptado también las formas de intervención en el espacio público de la izquierda radical?

A menudo hemos reivindicado que somos el “Greenpace de la derecha”. Esta definición todavía es de actualidad. Recientemente, en Libération, un funcionario del ministerio del interior admitía amargamente que la disolución de Generación Identitaria era difícilmente factible, porque plantearía un paralelismo con otras ONG que recurren a procedimientos similares, como… ¡Greenpace!

Vuestro teatro de operaciones, ¿no son, a fin de cuentas, los “medios”?

Los “medios” son una forma de hacernos conocer al gran público. Pero nuestro primer teatro de operaciones es la calle, lo más cerca posible de nuestro pueblo. Siempre ponemos el acento sobre la necesidad de ocupar físicamente el espacio, a cara descubierta, tanto en nuestras actividades militantes como en la implantación de nuestras casas identitarias (en París, Niza, Lyon, Rouen, etc.). La calle es nuestra presencia y nuestra permanencia, deber ser recuperada, a la vez, de la chusma y de la extrema izquierda. 

¿Cómo definen la identidad?

La identidad es la suma de las características que crea la homogeneidad de un pueblo (etnia, cultura, religión, lengua, etc.) y que lo hace único y singular. Es también un “estar-en-el-mundo” único (una relación con la vida, la muerte, las mujeres, el tiempo y el arte), basado en tradiciones y en la historia, una sustancia cuya permanencia se encuentra a través de las épocas y en ciertos grandes personajes. Cada pueblo es diferente y tiene una identidad derivada de su propio genio. Los pueblos no son semejantes y los hombres no son intercambiables como quisieran las ideologías posmodernas de la indiferenciación y de la mismidad. Algunos intentan reducir la identidad a la cultura, sin preguntarse sobre los orígenes de esta última. Yo creo que la identidad étnica es el fundamento sobre el cual se desarrolla la cultura de un pueblo, como el follaje de un árbol que solo puede florecer en un tronco con raíces profundas. Ya vemos el fracaso de la asimilación. Si la identidad se apoya en un fundamento biológico (aunque sin reducirse exclusivamente a ello), entonces dejar que entren millones de individuos diferentes de nosotros y portadores de otra identidad, nunca podrá desembocar en una exitosa integración. Ninguna política voluntarista podrá cambiar esta realidad. De ahí, las vertiginosas elecciones que se nos imponen frente a la invasión migratoria: la remigración o nuestra desaparición.

¿La identidad sólo se convierte realmente en un problema cuando su futuro está en juego?

Los europeos, y los franceses en particular, siempre se han preguntado sobre su identidad. Esta capacidad de introspección y esta facultad para manejar los conceptos es una de nuestras características específicas, que no encontramos en otras civilizaciones. Sin embargo, es evidente que, para muchos europeos, el redescubrimiento de su identidad procede del sentimiento de desposesión y de confrontación con el Otro. El hombre europeo se ha considerado “universal” durante muchos siglos y comienza a percibir dolorosamente que ello se trataba de un mito. Mundialización salvaje, racismo antiblanco, islam hostil y conquistador, tantos fenómenos que recuerdan a los europeos, día tras día, que tienen una identidad específica.

¿Cómo explicáis que el combate identitario atraiga mayoritariamente a los jóvenes? 

Nuestro modo de acción y de comunicación explica en parte el interés que los jóvenes tienen en nosotros. Estamos en un momento histórico: nuestras reivindicaciones están en línea con los actuales desafíos y las problemáticas a las que se enfrentan los jóvenes. Además, proponemos una auténtica aventura en una sociedad normativizada y aseptizada. La juventud busca sensaciones fuertes. Unirse a nosotros implica una experiencia de defensa de las ideas y del pueblo. Se trata de reunir a una comunidad que desarrolla el orgullo de sí misma y exalta la valentía.

Hace unos meses, el semanario Le Point dedicaba su portada al “polvorín identitario”, amalgamando, en una mezcla de géneros sintomática, a islamistas, indigenistas, evangélicos, “chalecos amarillos”… e identitarios. ¿Dónde os situáis en este galimatías de identidades?

Esta voluntad de amalgamarnos a corrientes tan diferentes refleja, sobre todo, los deseos de algunos medios de dar cuerpo al discurso macronista: “Burgueses, desconfiad de la alianza de los extremos”… Sin embargo, es evidente que nada nos une a los islamistas o a los indigenistas, por ejemplo. Este análisis no es serio. La verdadera división, hoy en día, se sitúa, ante todo, entre los defensores de la identidad y los que quieren destruirla. © Éléments pour la civilisation européenne