Geopolítica del desorden mundial. Entrevista a Valérie Bugault, por Louis Alexandre (parte 2)

 

Las criptomonedas como el bitcoin, ¿son alternativas al sistema financiero?

Al inicio, la moneda no era una reserva de valor en el sentido en el que no tenía valor en sí misma; era un simple instrumento de medida del valor de los bienes y servicios. Poco a poco, la  moneda se fue encarnando en oro o en plata, dejando al emisor la posibilidad de modificar el peso y el contenido preciso del metal utilizado para fabricar las piezas. Para ser útil, el concepto de moneda debe ser aceptado por todos sus usuarios; se convierte entonces en una institución pública de naturaleza política.

Así, el concepto monetario terminó por ser asimilado al vector material utilizado para su circulación (oro o plata). Al mismo tiempo, en la Edad Media, los orfebres consiguieron el monopolio sobre el comercio de los metales preciosos y, comerciando con ellos, se convirtieron en facilitadores de créditos, es decir, en banqueros en el sentido moderno del término. Lejos del concepto político inicial, la moneda se convirtió en un bien material acaparado por una casta de comerciantes. Pero, de esta forma, la moneda no puede cumplir su papel de facilitar los intercambios; solo da un servicio a quien la controla, es decir, a los banqueros-comerciantes que deciden desde entonces cómo será la afectación de los recursos monetarios y quiénes, y en qué condiciones, podrán beneficiarse de ellos. 

Después de esta explicación, respondo a su pregunta. Primero, desde su origen, se conciben las criptomonedas como unas reservas de valor. Este primer problema induce el hecho –sin llegar a hablar de la realidad más o menos probada del valor de la criptomoneda en cuestión– que esta moneda podrá ser objeto de especulación. Pero este fenómeno permite la apropiación de la moneda lo cual es, por definición, un impedimento en el papel de facilitación de los intercambios que corresponde a una moneda. 

Segundo, algunas de ellas (como el bitcoin), sin mencionar todos los pirateos a las que se pueden ver expuestas en el momento de la circulación de los datos, requieren grandes recursos energéticos. Aquellos que controlan la energía necesaria para la circulación de bitcoins podrán, de una manera u otra, controlar esta moneda. De nuevo nos topamos con la cuestión de la independencia política problemática de semejantes monedas. 

Tercero, hemos visto que la moneda, por definición, es una institución política ya que necesita la aceptación de todos los usuarios, condición esencial para permitir los intercambios económicos. Tratándose de criptomonedas, en principio, nada impone a los individuos aceptar una de ellas en lugar de otra. Los usuarios se encontrarán con una multitud de ofertas disponibles, generando una complejidad que se opone al papel de facilitador de intercambios de una moneda sana. Solo las criptomonedas generadas por los Estados podrían cumplir el rol político de una moneda, con la condición de que no esté bajo el dominio de intereses particulares y que esté efectivamente sometida a un verdadero control político. 

Después de este análisis se concluye que las criptomonedas no responden a ninguna de las condiciones para la existencia de una moneda sana. 

La descomposición del sector bancario mundial, ¿es el síntoma de una próxima crisis financiera de importancia?

Esa descomposición es el signo evidente de una futura y amplia espliación de los particulares y las pequeñas empresas. No significa la desaparición del sistema financiero sino, al contrario, un reforzamiento del control de este sector por algunos organismos del ramo. El sector financiero va a concentrarse al mismo tiempo que el dinero disponible para los particulares y las pequeñas empresas va a escasear. Concretamente, solo los agentes financieros más importantes sobrevivirán a la crisis que tenemos. Dichos agentes, que se habrán ocupado de rematerializar la moneda respaldándola con bienes materiales tangibles acaparados (oro, petróleo), aprovecharán la crisis para imponer una desmaterialización total de la circulación monetaria, aumentando el control sobre la vida de los particulares y las empresas. La crisis servirá para reducir todavía más los contrapoderes políticos ante la dominación de los banqueros-comerciantes…

¿Cuál es su definición del “Estado profundo” que está detrás del fenómeno de la globalización?

Aquello que algunos geopolitólogos como Peter Scott Dale llaman “Estado profundo” es, en última instancia, la casta de banqueros que ha tomado el control político en Occidente con ocasión de las Revoluciones del siglo XVIII. Han utilizado diferentes armas para ello: el control de las monedas, el librecambio (que consiste en la ley del más fuerte económicamente), el anonimato… y, por supuesto, un sistema de instituciones políticas a su medida. Su enemigo más importante es el Estado; por ello persiguen la desaparición de los estados políticos para imponer unos estados fantasma destinados a desaparecer en el medio plazo. Sus herramientas son de naturaleza económica, jurídica (derecho anglosajón), militar (ejércitos oficiales y pactos militares como la OTAN) y paramilitar (yihadistas y otros terroristas). 

En su libro, usted explica la competencia en el seno de la oligarquía mundialista. La oposición entre la City y el imperialismo americano, ¿es un hito histórico?

La reciente oposición entre la City y los intereses imperialistas americanos representa una etapa más en la toma de control por la casta de banqueros. Asistimos a la creación de un problema y a su resolución en el sentido de sus intereses específicos. Es decir, no hay que olvidar que los grandes banqueros internacionales están en el origen del desarrollo de los imperialismos británico y norteamericano. Están también, más recientemente, en el desarrollo de China con el mismo modelo imperialista. También fueron el origen del Imperio napoleónico y de su desaparición, como de todos los imperios geocentrados que habían creado. 

Desde un punto de vista metodológico, encontramos el mismo esquema en el tema regulatorio. Mientras que la OMC impone el librecambio mundial trabajando por la desaparición de las barreras regulatorias, es decir, de las leyes estatales protectoras de los consumidores, los banqueros financian a la vez a organizaciones no gubernamentales que militan por la elaboración de una reglamentación mundial que proteja el clima de los desajustes impuestos por la OMC. Este método eficaz, que consiste en dominar los dos vectores de la dialéctica, permite a los banqueros generar artificialmente una petición mundial de regulación internacional: petición que no podrá ser correctamente respondida más que por la creación de un gobierno mundial, puesto que los estados habrán sido, entre tanto, neutralizados por las reglas de la OMC. 

Si el imperialismo geocentrado –como el imperialismo americano– es en sí mismo un problema, el imperialismo financiero nómada será un problema todavía más importante al que deberá hacer frente la humanidad entera. 

¿Cuál es el rol de la Unión europea en esta guerra interna en el Sistema?

Formalizadas bajo control norteamericano, las instituciones de la UE encuentran ya su origen en la primera mitad del siglo XX con la dominación mundial de las grandes instituciones bancarias. No hay que confundir, pues, la dominación norteamericana en Europa, que ha permitido el desarrollo del proyecto de las instituciones europeas, y el imperialismo norteamericano, aunque ambos estén relacionados cuando se firma el Tratado de Roma de 1957. El actual divorcio entre los bancos de la City y el imperio norteamericano hace necesaria esta precisión. 

En efecto, el Brexit, que no termina nunca, fue iniciado por algunos grandes agentes financieros de la City de Londres con el objetivo del cambio de moneda mundial y de la reducción del estatus internacional del dólar US y del imperio US en sí mismo.  

El reto político del Brexit era el siguiente: las instituciones financieras de la City debían liberarse del corsé reglamentario europeo para pilotar libremente el paso a los DEG como futura moneda mundial. Lo ideal, para los banqueros de la City, habría sido sin duda que el gobierno británico se hubiera quedado incluido en las instituciones europeas mientras los financieros se liberaban. Ahora bien, la compenetración histórica entre financieros y gobierno británico no permitía la realización de semejante escenario.

Para los banqueros de la City, defensores del globalismo, lo esencial es que la extracción de Gran Bretaña del corsé europeo no sirva de pretexto ni modelo a otros Estados; las instituciones europeas deben continuar funcionando mientras que la moneda mundial, que integrará el euro y la libra como dos de sus cinco grandes componentes, será modificada. 

El Brexit deberá servir como detonador que permita reforzar la integración de los antiguos países europeos para encaminar a las instituciones europeas hacia un federalismo integral, el cual supone la desaparición de los estados unitarios como Francia. 

Usted ofrece un verdadero programa de renovación nacional en su libro. ¿Cómo volver a una sociedad más justa y armoniosa? 

La vuelta a una sociedad de ese tipo no es conceptualmente difícil; lo que es difícil es plantear claramente la problemática y generar un contrapoder político a la dominación exclusiva de la gran banca comercial. Una vez que la cuestión está en los buenos términos, la solución parece evidente: 

a) La vertiente institucional: ninguna vuelta a una sociedad armoniosa podrá hacerse sin haber dado un repaso a la organización política de la sociedad. 

b) La vertiente técnica que consiste en la desaparición de los pilares de la dominación financiera, que son: 

- La captación del control monetario por organismos privados.     

- La organización jurídica del anonimato de los verdaderos decisores políticos.

- La supremacía del derecho comercial (convertido en verdadero orden político) sobre el derecho civil (que representa el orden político natural). 

Tenemos delante, pues, una solución más política que jurídica o económica. Históricamente, el derecho y la economía no han sido más que herramientas que han permitido la elaboración de una línea de conducta política. 

La política, que consiste en la regulación de las fuerzas sociales presentes en un territorio dado, debe retomar el dominio de las herramientas jurídicas y económicas. Si la fuerza social está en manos de intereses privados, como es el caso en la actualidad, el fenómeno político no existe… como tampoco existe la posibilidad de una civilización. Fenómeno político y civilización están íntimamente ligados; los dos están basados en la delimitación de un interés general común, bienes comunes y limitación de los apetitos individuales o procedentes de una casta particular, es decir, en la determinación política de tener contrapoderes. Fuente: Revue Rébellion