¿Hacia la fusión de nuestra identidad física, digital y biológica? por Iris Bridier

 

Por haber denunciado "un nuevo orden mundial, completamente digital, con vigilancia generalizada de las personas... que va hasta los chips subcutáneos", el ensayista francés Philippe de Villiers acaba de ser calificado de "blanqueador de teorías conspiracionistas". Esta reductio ad absurdum termina con cualquier debate posible o cualquier razonamiento desapasionado. 

Sin embargo, en 2016, Klaus Schwab, el fundador del Foro de Davos, ya imaginaba seriamente, en la cadena suiza RTS, la implantación neuronal de chips con una comunicación directa entre nuestro cerebro y el mundo digital. En enero de 2017, publicó La Cuarta Revolución industrial. Una reflexión sobre nuestro mundo hiperconectado en el cual el ser humano debe reinventar su forma de vivir, trabajar y consumir. Esta digitalización de nuestra vida cotidiana, que pasa por la inteligencia artificial, la robótica, internet de las cosas, vehículos autónomos, impresión en 3D, nanotecnologías, biotecnologías, almacenamiento de energía, iba a anunciar un profundo cambio de nuestra sociedad. Así es como el profesor Schwab ofrecía su visión de la humanidad y "cómo la tecnología podía coexistir con la sociedad". 

En uno de los capítulos dedicado a las tecnologías implantables, explica así que los marcapasos e implantes auditivos no son más que una primera etapa ya que nuevos implantes "serán capaces de evaluar los parámetros de las enfermedades, permitirán a cada uno de tomar las medidas necesarias, enviarán los datos a los centros de tratamiento, o administrarán automáticamente los medicamentos". Un gran paso hacia adelante para la salud de la humanidad y, de paso, para la trazabilidad. Continúa diciendo: "Los tatuajes inteligentes y los chips electrónicos podrían ayudar a identificar y localizar a las personas. Los aparatos implantados permitirán también sin duda comunicar los pensamientos expresados normalmente de viva voz a través de un teléfono "integrado" y, quizás, los pensamientos o las emociones no expresadas leyendo las ondas cerebrales u otras señales". 

He ahí cómo, con el silencio ensordecedor de los medios y la ignorancia de la población, podría instaurarse sibilinamente la idea de poder controlar nuestros pensamientos, ponernos un chip y tatuarnos como a los animales y, según los términos heladores del autor del Gran Reinicio, permitir la "fusión de nuestra identidad física, digital y biológica". Como con el implante neuronal propuesto por Elon Musk, Schwab describe "una píldora inteligente, preparada por Proteus Biomedical, que lleva un aparato electrónico biodegradable que transmite al teléfono los datos sobre la interacción entre el organismo y el medicamento". En otro capítulo sobre "los seres humanos a medida", habla de "la facilidad añadida que ofrecen las nuevas tecnologías de secuenciación y modificación, lo que aumenta en gran medida el número de investigadores que pueden llevar a cabo estos experimentos".

Ahora bien, recordar estos temas le relega a uno automáticamente en el apartado de los iluminados conspiracionistas. Pero el transhumanismo ¿no está ya convirtiéndose en realidad con los proyectos de ley bioéticas de las que solo se cita la procreación asistida, pero que permitirán también la creación de embriones quiméricos y transgénicos? Se está manipulando el patrimonio genético de la humanidad en la indiferencia generalizada. La sociedad del control ¿no está ya instaurada con el pasaporte sanitario, la vigilancia digital y las cámaras de reconocimiento facial? Las poblaciones se someten sin rechistar, más preocupadas de conservar paradójicamente sus libertades que por miedo real por su salud. Lo que ayer era ciencia-ficción, hoy es considerado conspiracionismo. ¿Y mañana? Fuente: Boulevard Voltaire