La campaña de Zemmour y el fin del lepenismo, por Jean Terrien

 

La sustitución de la dinastía Le Pen por el descendiente de la tribu Zemmour está en marcha. En realidad, fue Marine Le Pen quien “mató al padre”, la que abrió el camino a su propio asesinato y a la sustitución de la “extrema derecha” oficial que había hasta ahora. 

Zemmour, “el gran perturbador”

El periódico Libération, en su número del 10 de septiembre, dedicó la portada a Zemmour y a Le Pen, anunciando “el debilitamiento” de esta última, cuando el primero todavía no ha anunciado oficialmente su candidatura. Aparte de su incompetencia, su pesadez y su debate catastrófico en 2017 contra Macron, la causa principal de la caída de Marine Le Pen ha sido la “desdiabolización” de su partido (en adelante, RN por Reagrupación Nacional), cuyo efecto previsible ha sido su integración en el consenso partidista y la respetabilidad política. Un error estratégico importante que el periódico de izquierdas Libération subraya hoy en día, cuando ha sido uno de los que contribuyó durante décadas a “diabolizar” al fundador del partido RN.

En lenguaje más claro, los medios políticamente correctos hacen y harán como que se lamentan de la presencia de la “extrema derecha” en la campaña presidencial a través de Zemmour, pero aseguran a la vez una gran exposición mediática al polemista, calificado como “gran perturbador” de las elecciones, único autorizado a mantener el discurso que le valía al padre Le Pen su “diabolización” y condena eternas.

La presión exterior de los grandes medios y de los verdaderos-falsos amigos de Marine Le Pen alimentan el escepticismo en las filas del partido. Algunos tienen dudas sobre el futuro de la presidenta. Ven que ya no tiene ganas de pelear: quiere seducir sin ser combativa. Resultado: no hay ninguna dinámica y poca implicación de los votantes. Desde el mes de junio, Marine Le Pen ha perdido ya seis puntos en las encuestas, de los que tres han sido recuperados por Zemmour. Una pérdida parecida también sucedió a lo largo de las campañas de 2012 y 2017, pero en esta ocasión ha empezado mucho antes.

Toda la operación “Zemmour, candidato a la presidencial” es, por el momento, virtual y mediática. El polemista no tiene estructura, partido ni logística proporcionales al ruido en los medios, de forma que pueda asegurar la realización de su campaña. Cierto es que ha conseguido congregar a su alrededor a antiguos mandos experimentados del partido RN. Por lo que se ve, las ratas abandonan el barco: en junio pasado, cincuenta miembros firmaron una tribuna de apoyo a Zemmour. Alguno confiesa que varios de ellos van a esta campaña esperando hacerle perder a Marine Le Pen. 

Pero otros empiezan a dudar del carisma de Zemmour. Cuando sale del plató de la televisión y sin tener una cámara que le ayude, Zemmour tiene una constitución física exigua. Y, en política, hace falta un mínimo de presencia para galvanizar a las tropas. No tiene el cuerpo de un gran jefe populista. 

Por otra parte, cuando su candidatura todavía no está anunciada, ya hay quien, entre los que se le han acercado, se cuestiona sobre el retraso en la organización: “Alrededor de Eric hay personas inteligentes, con estudios superiores y mentes racionales, pero no tienen ninguna experiencia política. No han hecho nunca una campaña electoral… y estamos hablando de la presidencial”. 

Otros comentan: “He visto a Jean-Marie y a Marine tener dificultades para conseguir las quinientas firmas de alcaldes, cuando tenían electorados asegurados. Con Zemmour es peor, no tiene ninguna red local. Sus allegados no se dan cuenta de la dificultad. Por el momento, tenemos la impresión de que todo se reduce a un pequeño grupo de ayudantes que se mueve desde París".¿Podría llegar desde el exterior un empujón que le ayude a conseguir las quinientas firmas? 

En todo caso, la “derecha” parlamentaria no tiene ningún interés en que Zemmour sea candidato, ya que el editorialista araña tantos votos, si no más, a la derecha liberal como a la soberanista, si se hace caso a las encuestas.  En cuanto a Marine Le Pen, no necesita a nadie que la ayude a hundirse. Ha conseguido enfadar a casi todos los antiguos dirigentes de su partido, incluyendo a su propia sobrina Marion Maréchal, cuyo entorno apoya a Zemmour. Esta última no le apoya abiertamente contra su tía, pero mantiene el contacto con antiguos mandos enfrentados con Marine, que le apoyan en su escuela de formación política ISSEP.

Un candidato mediático

Sin partido y sin verdadera organización sobre el terreno, pero con un equipo de tecnócratas, banqueros y publicistas. Sus consejeros están teniendo problemas para encontrar dirigentes para una campaña que no ha empezado y un candidato que no lo es todavía. “Es imposible firmar por una aventura que no se sabe si llegará a algún sitio” comentan algunas personas a las que se ha llamado.

Por su parte, Zemmour está en contacto con el publicista Frank Tapiro, inventor de los eslóganes para Sarkozy en 2007, que ha declarado: “Le doy consejos de amigo; le apoyaré haga lo que haga. Incluso si ayudé a Macron en su día y ahora me debato entre los candidatos de la derecha. Falta oferta política hoy en día: Zemmour puede ser un eletrochoque y, además, dispara contra Marine Le Pen”. Tapiro lo dice todo en pocas palabras. 

En cuanto a Marine Le Pen, no ha entendido todavía que solo podía mantenerse siendo un espantapájaros, como su padre. Desde el momento en que “desdiabolizó” el partido y se integró en el discurso dominante (hasta el punto de ofrecer una tibiez total), después de que la hubieran puesto mediáticamente delante durante mucho tiempo para neutralizar y destruir la derecha nacional histórica, ahora parece haber perdido toda utilidad para un Sistema que necesita algo parecido a una oposición y no un Macron-bis.

En el tema económico, la revista Marianne ha confirmado que, durante un encuentro con Zemmour, este dijo: “No se pueden abrir muchos temas de trabajo a la vez. Si llego al poder, será para tratar un asunto: el choque de civilizaciones. En cuanto a la economía, conmigo no será la revolución”. El entorno de Zemmour lo confirma: no atacará los intereses de los más ricos ni de la oligarquía europeísta. Lo que es seguro es que Zemmour está contra la salida de la UE y del euro. 

Un antiguo apoyo de Zemmour confiesa que se ha visto decepcionado por esta posición favorable del futuro candidato al euro y a la UE: “Eric se ha rodeado de europeístas de extrema derecha y euroliberales. Va a realizar una campaña hemipléjica: hablará solo de seguridad e inmigración, buscando a la vez atraer a una burguesía que solo vota con la cartera”. Otros comentan que Zemmour es un candidato mucho menos inquietante que Marine Le Pen para los poderosos. Pero ¿a quién, entre esos candidatos declarados o supuestos, le preocupa realmente Francia? Fuente: Rivarol