La democracia representativa en la UE en tiempos de pandemia, por Hervé Juvin


El Tratado de Lisboa, en su punto número 10, menciona el papel de los parlamentos nacionales en la construcción europea, en el sentido de aportar una innovación importante que se añade a la iniciativa de abrir un diálogo directo con dichos parlamentos basado en la aplicación de los principios de subsidiariedad y proporcionalidad. Pero todo lo sucedido desde 2009 ha alterado gravemente el sentido de los acuerdos firmados entre los países de la UE.

¿Qué ha sucedido con la pandemia?

Según un método formulado en su tiempo por Jean Monnet, la UE no dejará pasar nunca la ocasión de una buena crisis. La provocada por el coronavirus está siendo utilizada para avanzar en la vía de un super Estado keynesiano en Europa. La crisis actúa como un catalizador: no todos los europeos mueren, pero todos resultamos afectados. Menuda ocasión para administrarnos el mismo remedio: ¡más Europa! 

El método es simple y ya ha sido probado en otras ocasiones. Puesto que todas las economías de los países de la UE han resultado afectadas por la crisis, cuando la actividad disminuye y los déficits públicos se incrementan mientras las necesidades de financiación también, la UE se sitúa como recurso y la Comisión como un intermediario obligado. Ahí donde las políticas nacionales, o incluso las regionales y las locales, hubieran podido proporcionar respuestas adecuadas a unas situaciones muy diferentes de una región a otra, de un sector a otro, de un país a otro, la UE realiza una sobreactuación institucional y financiera para no dejar a los Estados el monopolio de la acción sanitaria y parecer que actúa frente a la crisis (incluso si la acción sanitaria es todavía competencia de las naciones). 

Esta sobreactuación se ha concentrado rápidamente en dos puntos:

1.- La Comisión se ha adjudicado el monopolio de la búsqueda de una vacuna contra el virus chino, en unas condiciones, como mínimo, acrobáticas: opacidad de las negociaciones con los laboratorios; documentos no traducidos del inglés y no disponibles en el dominio público; garantía para los laboratorios de no tener ninguna responsabilidad en caso de efectos secundarios indeseados, etc. (para más detalle, ver mi blog en el mes de julio 2020, www.hervejuvin.com)

2.- La gestión de la crisis económica y el liderazgo del plan de ayuda que supuestamente ayudará a salir de la crisis pertenecen a la Comisión europea, que está en una carrera de pedidos y anuncios de comunicación por encima de las disposiciones acordadas por los Estados miembros. Como ya lo dijo Karl Marx, estamos en un punto en el que un cambio cuantitativo revela un cambio cualitativo: ahí donde la UE hacía lo que los Estados miembros le indicaban, ahora cree que debe impresionar mediante la enormidad de sus compromisos (los cuales corresponden, en última instancia, a los contribuyentes europeos). 

Lo que se pretende, sobre todo, es reforzar considerablemente su control sobre las políticas económicas y sociales de los Estados miembros. Esto responde a los deseos de la Canciller Merkel, así como a la voluntad del Presidente Macron. El ejemplo está en los 260 miles de millones previstos en el presupuesto plurianual para la agricultura, que invocan "el cambio estructural de las zonas rurales" para justificar un nuevo desmantelamiento de los territorios: reagrupamiento forzado de municipios, supresión de servicios públicos, instalación de inmigrantes, etc. La "solidaridad europea" será invocada y puesta en escena para poner en marcha una política exactamente contraria, de destrucción de las solidaridades nacionales, consideradas como un obstáculo a la uniformización mercantil de la Unión. Esta política podrá aplicarse cuando los Estados acudirán a la Comisión a presentar sus planes de recuperación nacionales para beneficiarse de las subvenciones o créditos europeos, y será duradera, puesto que está inscrita en el "semestre europeo". Así, la tutela alemana sobre la UE se encontrará singularmente reforzada.

El pretexto de la pandemia es evidente cuando se ve que solo la tercera parte del Plan de reactivación está directamente dedicado a reparar sus consecuencias. Por otro lado, la imprecisión del acuerdo es tal que las estimaciones de las cantidades a disposición de los Estados varían significativamente mientras la clave del reparto es tan compleja como para impedir las comparaciones directas. De todas formas, no parece tener en cuenta el criterio de las pérdidas de PIB señaladas, que sería lo más legítimo. Todo indica que, en realidad, el "Plan de reactivación" es la ocasión para dar un empujón al proyecto de reequilibrio macroeconómico de la UE, destinar a esos fines importantes sumas desviadas de la reactivación, poner en marcha políticas de austeridad exigidas por Alemania y los países nórdicos, y reforzar la tutela sobre los países del Sur. 

La monopolización y generalización de las evaluaciones externas de las políticas públicas es significativa. Su objetivo es tomar el poder, no una reactivación que pruebe las buenas intenciones sobre las que la UE quiere ser valorada. Señalemos también que todas las medidas de ajuste o de convergencia no han conseguido más que agravar las diferencias entre los países del Sur y los del Norte; la prueba está en los balances Target que hablan de unos enormes excedentes acumulados por parte de Alemania. 

El golpe se viste de engaño. En ausencia de cualquier recurso propio creíble que pudiera reembolsar la deuda que se quiere emitir (¿quién se cree que las GAFAM van a pagar la tasa Google o que la tasa CO2 pondrá a disposición los miles de millones anunciados para los próximos años?), la UE no hace más que redistribuir entre los Estados miembros el dinero de sus contribuciones actuales o las que enviarán; el golpe maestro está en que deben someterse al control d ela UE para poder recuperar lo que se les ha prometido. La necesidad, incluso la urgencia de apoyo a la actividad económica no ofrece ninguna duda. Sin embargo, la iniciativa de la acción, las modalidades de ese apoyo y la elección de los actores que podrían tomar las decisiones deberían debatirse.

Frente a una crisis que afecta sobre todo a las PYMEs, víctimas de un efecto de eliminación frente a Amazon, las cadenas de comida rápida y otras multinacionales, frente a una crisis de efectos asimétricos según los territorios su apertura internacional y su dependencia exterior, ¿estamos seguros de que la UE y la Comisión son los interlocutores mejor situados? Los anuncios de la Comisión, sobre todo en lo relativo a los recursos propios, que supuestamente ayudarán al reembolso de los 390 miles de millones de euros pedidos prestados por la UE a los mercados, y ofrecidos a los Estados miembros, también son objeto de debate. 

Los ingresos de la tasa CO2, los de la tasa sobre los gigantes de internet, etc. son bastante aleatorios, tanto en su existencia como en su importe y su percepción. Esto es tanto como decir que la Comisión nos vende unos compromisos ciertos con unos ingresos volátiles. También es importante señalar que la devolución de la deuda se hará después de... 2027, cuando ni Merkel ni Macron estarán ya en el poder.  Fuente: Fondation Identité et Démocratie