La información está en una trampa y en peligro la libertad de pensamiento. Entrevista a Marco Tarchi, por Federico Giuliani

 

En esta ocasión, reproducimos una entrevista realizada al profesor y politólogo Marco Tarchi, publicada en el periódico Il Giornale. En una época en la que las redes sociales han cambiado definitivamente nuestras vidas, Marco Tarchi se ha mantenido siempre alejado de plataformas como Facebook o Twitter. Aquí nos explica sus razones. 

Profesor, después de los acontecimientos del Capitolio, Twitter censuró la cuenta del Presidente Trump, perfil que contaba con decenas de millones de seguidores. La opinión pública se dividió en dos: algunos estimaron que esta censura era correcta; otros la vieron como un ataque contra la libertad y la democracia. ¿Cómo valora usted la decisión de la red social de hacer callar al que era presidente en ese momento?

Es una señal del peligro que acecha a la libertad de pensamiento, del oligopolio informativo que se ha formado en torno a las multinacionales de internet. No hace tanto tiempo, para hacerse escuchar ante el público, teníamos una pluralidad de canales de influencia: televisión, radios, webs, pero también periódicos, revistas, libros. Ninguno de estos ha desaparecido, pero su capacidad para irradiar ha disminuido paulatinamente en beneficio de las redes sociales. Quien frecuenta estas últimas ya no presta atención, en la práctica, al resto de fuentes. Si una voz se suprime de Facebook, Twitter, Youtube o las demás, es como si ya no existiera. Pocas personas irían a buscarla y escucharla en otros medios. Estamos bajo la capa de plomo de la censura, como lo ha escrito un intelectual sutil, y censurado: Alain de Benoist [cuyo libro traducido al español, La capa de plomo, será publicado próximamente por Editorial EAS]. 

Desde un punto de vista "técnico", ¿hay riesgo de que las redes sociales puedan tener influencia en la democracia y el debate democrático? Si es así, ¿en qué medida?

Por supuesto que sí. La observación del gran escritor y disidente ruso Solzhenitsyn (uno de los grandes intelectuales no conformistas cuyo nombre ha sido hoy olvidado por los grandes medios) se ha confirmado. Realizó en su momento un célebre discurso, ante la universidad de Harvard tras su llegada a los EEUU, después de haber pasado largo tiempo detenido en campos de concentración soviéticos. En la URSS, nos decía, no era posible expresar una voz crítica. En Occidente, esto era posible en teoría, pero bastaba con que alguien cortara el micro a los ponentes incómodos y el resultado era el mismo: la reducción al silencio de aquel que no esté en la línea de la voluntad del poder.

El hacha de Twitter también ha caído sobre el periódico Libero (de tendencia conservadora), que ha recibido solo una "advertencia". ¿Qué riesgo corren los medios y, en general, el mundo de la información "fiándose" demasiado de las redes sociales?

El oligopolio que he mencionado encierra la información en una trampa: si se renuncia a las plataformas telemáticas, se reduce la audiencia pero, quien se expone, corre el riesgo de la censura. El haber renunciado a la batalla contra el superpoder de la red internet, incluso aunque fuera difícil, fue un grave error de la prensa en papel. Por otra parte, esta también censuraba a menudo a las voces incómodas. 

Si tuviéramos que realizar un balance del impacto de las redes sociales en el mundo de la comunicación, ¿sería positivo o negativo? 

Los dos aspectos están presentes. Por un lado, internet ofrece la posibilidad teórica de expresar libremente los puntos de vista más diversos y hacer circular informaciones que serían difíciles d eobtener por otros medios. Pero, por otra parte, no solo internet no anula la posibilidad de censura sino que amplifica sus efectos (está el caso de Trump, pero también de artistas que ya habían sido excluidos de los circuitos de teatro en vivo y que ahora ven cómo Youtube censura también sus retransmisiones digitales). 

¿Cómo se ha transformado, para mejor o peor, la comunicación política en la era de las redes?

Para mejor: ahora es más inmediata, directa y, posiblemente, interactiva. Para peor: ha acentuado la personalización en sus aspectos más lamentables con la marginalización de temas verdaderamente políticos en beneficio de los cotilleos sobre la vida privada de los integrantes de los partidos o los titulares de cargos institucionales. Instagram es el peor vehículo en este sentido, por no hablar de la circulación de falsedades desprovistas de cualquier fundamento, utilizadas para desacreditar al "enemigo". 

¿En qué medida redes como Twitter y Facebook han empeorado las relaciones personales y, en general, la existencia humana?

De una forma muy amplia. Han acentuado hasta el paroxismo las tendencias narcisistas que, de manera más o menos visible, constituyen el fondo del alma humana. Para aparecer, para dejarse ver, para tener su famoso cuarto de hora de notoriedad, algunos están dispuestos a dar lo peor de sí mismos o dejarse llevar por las extravagancias y los excesos más variados. Las páginas (entonces calificadas como "apocalípticas") que habían sido dedicadas en 1997 por el politólogo Giovani Sartori a las consecuencias nefastas de la dependencia del vídeo en su libro Homo Videns, se han vuelto a poner de actualidad en el contexto de las redes: debilitamiento del saber, triunfo de la vulgaridad, éxito público de los hallazgos más estúpidos o extravagantes. 

Estamos también ante una mutación antropológica: el homo digitalis, caído en la trampa de las redes, cultiva una ambición suprema y única como es sentirse un líder de opinión. Numerosos individuos que, antes, seguían ideologías, programas y proyectos expresados por los partidos, movimientos y asociaciones, se contentaban con un rol de colaboradores en esas entidades colectivas. Hoy en día, pretenden constituir su propio círculo de fieles, los míticos "amigos Facebook", destinados a no ser nunca conocidos en persona, y a dar lecciones urbi et orbi, emitiendo excomunicaciones o destilando insinuaciones venenosas e insultantes sobre cualquier tema que no sea de su gusto.

La delación y la difamación, así, se han multiplicado a la vez que la credulidad y la falta de espíritu crítico. A ello se añade que las horas dedicadas en una jornada a la consulta de mensajes en las redes se hace a costa de otras actividades más productivas. Se lee menos que antes, se dedica menos tiempo a las relaciones familiares y al encuentro con amigos, también se realiza menos actividad física y deportiva. En los estudiantes de cualquier nivel, todo esto tiene un efecto particularmente pernicioso, constatado a diario por cualquiera que se dedique a la enseñanza. Si alguien no se da cuenta es porque pasa todo su tiempo libre en las redes...

Usted ha estado siempre apartado del mundo de las redes sociales. ¿Todavía está convencido de su decisión?

Más que nunca, y todo lo que he dicho debería ser suficiente para explicarlo. Prefiero dedicar mi tiempo de manera diferente y no me interesa nada compartir ningún aspecto de mi vida privada con quien no conozco. Pero, como nadie es perfecto, yo también tengo una debilidad que confesar: cuando estoy de vacaciones o tengo tiempo libre, me divierte escribir sobre los lugares, restaurantes o museos que he visitado en mis viajes. Viajar es una de mis pasiones, y siempre he interpretado esta vocación como algo más importante e interesante que simples excursiones turísticas. Así, en siete años he acumulado más de mil trescientas reseñas en TripAdvisor. Las publico de forma anónima, pero mis amigos saben cómo encontrarlas. Espero que sean útiles para otros apasionados del viaje y me gusta cuando alguien expresa algo favorable sobre lo que he escrito o manifiesta querer profundizarlo. 

Como ve, yo también dejo algo de espacio al narcisismo, no solo cuando hablo en un recinto universitario o en una sala de conferencias. De la misma forma, olvidaba decir que me gusta escribir críticas de películas en webs especializadas. Cuando todavía era posible acudir a los cines (lo cual ofrece una satisfacción diferente que ver una película en streaming en una tableta) veía unas doscientas al año, por lo menos. Comentarlas con otras personas se convertía en algo espontáneo. Fuente: Metainfos.com