La interseccionalidad sustituye a la lucha de clases, por Étienne Girard y Hadrien Mathoux


Las señales son numerosas y muestran que un nuevo activismo antirracista cercano al racismo se propaga en las sociedades occidentales. Universidades, sindicatos, medios, cultura, partidos políticos de izquierda,... Esta corriente de pensamiento, situada a la izquierda y nacida en Estados Unidos, "coloniza" todos los debates.

¿En qué consisten esas nuevas corrientes?
  • Los interseccionales. La interseccionalidad es un concepto universitario que consiste en analizar la forma en la que diferentes discriminaciones (género, raza, clase social) pueden combinarse. Las feministas interseccionales, rompiendo con el universalismo, reivindican no limitarse solo a la lucha contra el sexismo y se concentran en las mujeres situadas "en el cruce" de diferentes discriminaciones.
  • Los decoloniales. Derivados en poscoloniales, estos universitarios se interesan por las consecuencias de la colonización en la vida en sociedad; los decoloniales estiman que los países occidentales son, en realidad, racistas. Defienden sobre todo la organización de actos no-mixtos en el plano racial, es decir, prohibidos a los blancos.
  • Los indigenistas. Son un grupo radical derivado del movimiento decolonial, que sustituye la cuestión de la raza por la de la clase social. Los indigenistas luchan contra el modelo republicano francés, por ejemplo, percibido como instrumento de dominación de los blancos.
Los "racializados" (es decir, personas que no son de raza blanca) sufren de "invisibilidad", lo que debería empujar a preguntarse sobre los "privilegios blancos" y el "racismo de Estado" en países como Francia. Si la lectura de esa frase varias veces no le dice nada, es que usted no conoce todavía el movimiento "decolonial". Probablemente, tampoco esté en contacto con organizaciones de izquierda. Desde hace varios años, en un movimiento que se acelera, una ideología nueva acapara los debates en los entornos activistas, ya sean universitarios, sindicales, asociativos, políticos o artísticos. Sin que el gran público sea consciente, estos activistas conquistan poco a poco nuevas organizaciones y la juventud se presenta especialmente receptiva. 

El racismo es un sistema que opone los dominantes a los dominados. Los dominantes son las personas de raza blanca y, los dominados, quienes no lo son. En esta reflexión, no se tienen en cuenta las desigualdades económicas y sociales que, en la tradición marxista, estructuraban las relaciones de dominación. Este nuevo prisma trastoca todos los fundamentos del igualitarismo izquierdista desde hace dos siglos. El pacto social buscaba la igualdad entre todos, sin importar las diferencias de color de piel, religión o sexo. Ahora, los "decoloniales" proponen centrar la lucha contra las discriminaciones... alrededor de la exaltación de las identidades. 

Cualquier argumento se examina desde la comunidad de pertenencia de quien lo emite. Por ejemplo, ¿una diputada magrebí defiende los principios de la sociedad occidental? Se la trata de "esclava" o de "colaboracionista". ¿Una feminista se opone al velo musulmán? Se le dice que "deje el asunto a las verdaderas implicadas". La capacidad para razonar se ha terminado.

La sacralización de la identidad justifica la organización de eventos prohibidos a los "dominantes" (hombres, heterosexuales, blancos) que no pueden compartir la "experiencia minoritaria". Esto puede derivar en un silencio ensordecedor cuando se atribuyen los comportamientos problemáticos a los "dominados". Cuando se dieron las agresiones sexuales del 31 de diciembre de 2015 en Colonia, pocas asociaciones feministas reaccionaron. Cuando el feminismo sugiere que las agresiones sexistas en el norte de París podrían resolverse con la "ampliación" de las aceras, la cuestión se vuelve grotesca.

Esta corriente de pensamiento que "coloniza" los debates viene de Estados Unidos. Las universidades norteamericanas han inundado algunos países europeos con su soft power multiculturalista. Los obsesionados por la raza y el género encuentran allí los argumentos, sobre todo en la interseccionalidad. Este oscuro concepto universitario, elaborado por la jurista Kimberlé Crenshaw en 1989, tenía como objetivo analizar la forma en la que diferentes formas de discriminación se suman y crean problemáticas específicas. El problema es que este principio se ha desviado hoy en día de su objetivo inicial y se usa con otros fines de tipo político. Fuente: Adaptación de un artículo de Marianne.