La Nueva Derecha alemana, por Michael Wiesberg

 

En algún momento pudo pensarse que 1989 marcaría para Alemania el final de la posguerra. Y sin embargo... Unificada en lo geográfico, pero no en lo histórico, Alemania aún no ha arreglada sus cuentas con el pasado y sigue retrasando su salida de la modernidad. Pero los acontecimientos de 1989 también han provocado el nacimiento de nuevas corrientes de pensamiento en cuyos propósitos está precisamente el acabar con la "neurosis alemana". En el contexto del debate sobre el nuevo lugar de Alemania en el mundo, los medios de comunicación han detectado la presencia de una Neue Rechte (Nueva Derecha) cuyas corrientes y principales animadores presentamos aquí.

El escritor Bodo Kirchhoff reprochó a su colega Botho Strauss, en el semanario Die Zeit, el "no facilitar en absoluto la comprensión de sus textos". Esta declaración hacía referencia al ensayo Ansch-wellender Bockgesang (El canto trágico asciende), que apareció publicado en el semanario Der Spiegel del 8 de febrero de 1993 y que provocó una polémica considerable. Kirchhoff tenía razón al poner de manifiesto las dificultades de comprensión que experimentaron los lectores de Straull. Porque los malentendidos fueron numerosos.

La buena sociedad de la izquierda moderada, que hasta entonces había mimado a Straull por las excelencias de su producción literaria, se sintió desagradablemente ofendida por la presunta "metamorfosis" del dramaturgo. El origen de dicho desconcierto hay que buscarlo precisamente en la ambigüedad del discurso de Strauss respecto al "pensamiento de derecha”: "Ser de derechas, no por una convicción barata, por vulgares intenciones, sino de una manera completa, con todo su ser, es ceder al poder superior de un recuerdo, un recuerdo que se adueña del ser humano, y no tanto del ciudadano; un recuerdo que le aísla y le quiebra en medio de las relaciones modernas e ilustradas donde lleva su existencia habitual. Esta penetración no tiene necesidad de la mascarada abominable y ridícula de una imitación servil, ni de escarbar entre los trastos viejos de los infortunios de la historia". Y Strauss precisa: "Se trata de un acto de sublevación distinto: sublevación contra el dominio totalitario de un presente que pretende secuestrar al individuo y extirpar de su circunstancia toda presencia de un pasado inexplicado, de un devenir histórico, de un tiempo mítico. A diferencia de la imaginación de izquierda, que parodia la historia de la Salvación, la imaginación de derecha no se inventa un reino por venir, no tiene necesidad de una utopía, sino que busca atarse a lo permanente, a lo que nada altera; su esencia es recuerdo de cuanto actúa en nuestro fondo, y en esta medida se convierte en iniciación religiosa o protopolítica".

La izquierda a la defensiva

Con gran agresividad se retorcieron quienes, desde "los nidos de la más sombría Ilustración" (Strauss), se consideran autorizados para criticar cualquier movimiento intelectual. Y a algunos de ellos se les dio la palabra, aunque sólo fuera para mostrar la crónica carencia de oxígeno que padecen los debates en Alemania. Incapaces de comprender el sentido de las ideas de Botho Strauss, a la mayor parte de estos "pilares de la moral oficial" (Martin Walser) no les queda sino el argumentum ad haininem, la difamación y la descalificación personal.

Desde esa perspectiva Turnan Spengler, en el diario Die Woché, ha visto en Strauss el "nuevo pregonero" de las "derechas mudas", que reivindican el espíritu de los "antiguos valores" y el "contrarracionalismo". Las reflexiones de Strauss se convertirían así en repugnantes, sin que pueda destilar "ningún sentido" de ese discurso que ha dejado en la cuneta el Holocausto. El autor del Bockgesang queda calificado de "sembrador de nuevas inmundicias".

Andreas Kilb, por su parte, ve en todo ello una magnífica ocasión para desacreditar por fin toda la obra de Strauss. El "discurso vacío" de los personajes teatrales del dramaturgo, "sus balbuceos y sus jactancias" reflejarían las "reflexiones ociosas" de su autor. Kilb, que parece conocer mejor a Strauss que él mismo, afirma: "Strauss no piensa en absoluto lo que dice (...) No está allí donde se sitúa". De ahí que "se comporte agitadamente como enemigo de tabúes (...) aunque en realidad no lo sea".

Por supuesto, tampoco la acusación de "fascismo" dejó de estar presente. Fue sugerida de manera indirecta por Joachim Vogel en Der Spiegel. Según Vogel, el espíritu del Bockgesang constituye a la vez "un brote y una raíz histórico-cultural del fascismo". La discusión alcanzó su cénit, sin embargo, cuando el presidente del Consejo Central de los judíos alemanes, Ignatz Bubis, declaró considerar a Strauss como "un fenómeno del intelectualismo intelectual (sic) de la derecha", al tiempo que acusaba al autor del Bockgesang de corresponsable del "cambio de estado de espíritu del país": sus trabajos y los de sus amigos conectarían "bajo una forma alterada con los pirómanos de Sollingen"'. El caso es que un año antes, tal y como recogía Eckhard Fuchs en FAZ, Bubis había hecho un llamamiento a la "guerra civil intelectual" e incluso al "overkill político-moral", y no sólo para luchar "contra el olvido", como luego veremos. La ambigüedad de la que después hizo gala en las páginas del Spiegel no cambia en nada la cuestión. He aquí una demostración de la flexibilidad con la que Bubis sabe reaccionar: Strauss y Enzensberger, escribe, no se corresponderían con lo que el propio Bubis "pensaba en 1968". Es significativa la constatación de que Bubis no explica nunca lo que en realidad piensa Strauss: todo es confuso e impreciso, síntoma inequívoco del clima de sospecha y difamación que está haciendo estragos en la República federal. No nos equivocaremos si afirmamos que Bubis, en realidad, no ha comprendido nada de las ideas de Strauss y de Enzensberger. Poco después de estos ataques, Bubis declaraba de repente que lo que se había producido era un "cambio general de clima".

De la exasperación a la histeria

El análisis del "clima" en Alemania parece así haberse convertido en un nuevo campo de actividad para los cancerberos del pensamiento... hasta el punto de que cabría pensar seriamente en elevar la meteorología al rango de ciencia hermana de la politología. Strauss ha dado la única respuesta apropiada a esta carta meteorológico-intelectual al reprochar a estos detractores, dedicados a establecer nexos entre sus escritos y las innobles actividades de los neonazis y el antisemitismo, de incapacidad para soportar "diferencia de opinión" alguna. Se trata de "idiotas", "bárbaros" o "sicofantes'''.

La agresividad polémica de la discusión en torno a Botho Strauss muestra un grado considerable de exasperación, que ha virado hacia la histeria con la aparición de la compilación Die selbs tbewuflte Nation (La nación consciente de sí misma), donde los conservadores de todas las tendencias analizan las propuestas de Botho Strauss. La opinión liberal de izquierda, que ha dominado Alemania durante decenios, se ha encontrado repentinamente enfrentada a un movimiento de oposición; una suerte de "pirata" informático que penetra en su red para hacer añicos sus códigos. Aunque dicho movimiento es sumamente heterogéneo, se le ha encontrado con rapidez una etiqueta: "Nueva Derecha".

Tilman Spengler no se equivocaba cuando hacía alusión a aquella "derecha muda". Hasta la aparición del Bockgesang, los debates habían sido dominados casi en exclusiva por la izquierda. Incluso el concepto de "intelectual" parecía estarles reservado. Ahora bien, esta hegemonía se ha invertido. La aparición del Bockgesang ha sido el "desencadenante decisivo de los debates en torno a la 'nueva derecha' intelectual", tal y como ha señalado Karlheinz WeiBruann, uno de sus portavoces.).

Según el historiador Dan Diner, el criterio común de la izquierda alemana es, desde hace muchos años, "una concepción limitada y ‘contrafóbica' de lo político, en la que la representación generalizada y disolvente del fascismo suprime toda diferencia; esta izquierda se identifica de forma igualmente global con lo contrario, con el antifascismo". Según. Klaus Hartung, redactor de Die Zeit, esta izquierda propaga "una mezcla paralizante de incertidumbre y repliegues sobre sí misma, de introspección epidémica y de guerra confesional". Klaus Hárpecht llega incluso a advertir una suerte de "autismo alemán". Ahora bien, lo cierto es que, tras la aparición del Bockgesang, las críticas contra la hegemonía liberal de izquierda no cesan de multiplicarse. La lista de publicaciones "políticamente incorrectas" se alarga día a día.

La vía alemana

En 1993 apareció la obra colectiva Westbindung. Chancen uno Risiken für Deutschland (El anclaje al Oeste. Posibilidades y riesgos para Alemania), dirigida por Rainer Zitelmann, Karlheinz Weiss-mann y Michael Grolffielm. El citado libro está dedicado a un tema recurrente en los debates alemanes, que ha acabado por convertirse en un tópico: la "específica vía alemana". Hasta ese momento, la historia de la República federal había sido interpretada como el exitoso resultado de un alejamiento radical de toda visión antioccidental. Como escriben sus autores, "era necesario que la historia de Alemania apareciera como un impasse, singular y funesto", pero ahora se señala la falsedad de algunas de estas interpretaciones, y sus autores reivindican el derecho de discutir objetivamente las ventajas y los defectos de este anclaje en el Oeste.

En un artículo fundamental aparecido en FAZ (en el contexto del debate What's right?), Karlheinz Weissmann tomó posición sobre la cuestión nacional y de la Nueva Derecha. Para este autor, se ha tratado de fijar una suerte de culpabilidad de la Nueva Derecha inventando conexiones con los atentados de carácter xenófobo. Ello llevaría a descartar de antemano la necesidad de leer o tratar de comprender a los autores "de derecha", desde Hans-Magnus Enzensberger a Botho Strauss, pasando por Arnulf Baring, Ernst Nolte, Rainer Zitelmann, Armin Mohler o el equipo de redacción de Junge Freiheit. De tal forma que la eliminación de sus nombres sería suficiente para reestablecer el consenso entre las buenas conciencias. Por otra parte, según Weissmann, no hay unidad en esta Nueva Derecha: se trataría, antes que nada, de una reacción frente al fin del orden de Yalta y al descrédito de las ideas del 68. La Nueva Derecha está "a la derecha" en la medida en que se sabe vinculada al "país real" y considera que la razón de ser de la República federal ha concluido, tanto como el "inventario de su fundamento antifascista". El final de la división de Europa recoloca a Alemania en su situación geopolítica inicial, y ello obliga a una reflexión general sobre su política exterior que tome en consideración factores que no existían en la época de la guerra fría.

La nación en el centro del debate

Políticamente, la Nueva Derecha carece de ubicación partidista en la medida en que la CDU/CSU se limita a aceptar la "herencia de Adenauer". El ala modernista de la CDU (Süssmuth, Geissler, Pflüger) ha logrado cortar los vínculos entre los intelectuales y el partido, levantando el fantasma de una "gran secta conservadora" cuya acción podría impedir que su programa goce de la bendición de los espíritus progresistas de este siglo.

Weissmann no ve alternativa alguna a la idea de nación. Sólo ella responde al "imperativo de homogeneidad" (Ernst Gellner), sin el cual la democracia no puede existir. Esta reflexión sobre el concepto de nación se apoya en una orientación antropológica muy concreta del pensamiento político, según la cual el hombre, en tanto que "ser de riesgo que se pone a sí mismo en peligro", tiene necesidad de un cascarón protector, y no de un "Estado experimental".

Esta idea de nación, piedra de toque de cualesquiera apasiona-das discusiones, escandaliza a los campeones de la izquierda liberal. Así, en el Frankfurter Rundschau, Reinhold Schmücker y Rainer Hering estiman que el "patriotismo nacional" es "incompatible con la orientación universalista del bien individual, que puede denominarse bien moral en el sentido estricto del término". La preservación "particularista" del bien nacional estaría así en contradicción con los fundamentos de la moral universal. Al leer esta declaración uno comprende por qué los intelectuales de izquierda, desde Heiner Geii3ler (CDU) a Joschka Fischer (Verdes), se han abandonado a una auténtica puja por ver quién es más universalista. Estos intelectuales se consideran a sí mismos como abogados de un bien común a todos los hombres, y la nación sería un obstáculo para el ejercicio de su misión. Tan lejos llegan que incluso algunos intelectuales de izquierda, como Richard Wagner, critican esta ceguera frente al hecho nacional.

El muro cae, los tabúes se deshacen

En 1994, los veintisiete coautores de la obra Die selbstbewufite Nation acometieron la empresa de redefinir una identidad alemana decretada en 1945 por una decisión extrajera. El filósofo Reinhart Mauer subraya: "El punto de vista de los vencedores de 1945 no es suficiente (...) La diferencia-capital en nuestra percepción de la historia es el examen imparcial de las soluciones propuestas por el fascismo y el socialismo a los problemas que debieron afrontar en un contexto particular y que no han sido invalidados por su doble derrota. Una sociedad fundada sobre la comunicación debe aceptar abrirse a los hechos si no quiere contentarse con obedecer una línea 'políticamente correcta' incapaz de resolver los problemas actuales".

En la recensión dedicada a esta obra, Wolfgang Fenske pone de manifiesto que el propósito de Mauer equivale a "un ataque en toda regla contra los fundamentos, sostenidos durante cuarenta años, de la idea que la República de Bonn hizo de sí misma". Análisis que confirma Heimo Schwilic, uno de los coeditores de la compilación El año 1989: "1989 fue el momento crucial de una época en que las grandes ideas de la izquierda han sido destrozadas". La historia ha confirmado las advertencias de los conservadores. Los del 89 (Wir '89) ‒concepto que vendría a relevar a los del 68‒ reagrupan así a aquellos alemanes que han sabido extraer las conclusiones de la reunificación, es decir, según Schwilk, los intelectuales de derecha y los no-conformistas de cualesquiera tendencias políticas.

El llamamiento "Gegen das Vergessen" ("Contra el olvido"), publicado el 7 de abril de 1995 en FAZ, fue uno de los grandes éxitos mediáticos de la Nueva Derecha. Los promotores de este llamamiento ‒Orla Schacht, Heimo Schwilk y Rainer Zitelmann‒ aludían a la interpretación parcial del 8 de mayo de 1945 como "día de la liberación": "En el fondo, este 8 de mayo permanece para cada uno de nosotros como un trágico absurdo (...) Fuimos tan salvados como aniquilados". Esta fecha marca también "el principio del terror de las expulsiones, de una nueva opresión en el Este, la división de Alemania". Y concluyen: "Una visión de la historia que silencia estas verdades no puede ser el asidero a partir del cual una nación consciente sí misma llegue a comprenderse". Ignatz Bubis acusó a los trescientos firmantes de este llamamiento de no ser más que "eternos retrógrados, que preferirían continuar todo aquello que se produjo entre 1933 y 1945, quizá bajo una forma más mesurada, sin librarse de entrada a un genocidio". Este juicio ‒y su ecuación sumaria: "Nueva Derecha = nazis + genocidio diferido"‒ señala bien a las claras cómo los representantes de la ideología dominante, cortejados siempre por los grandes medios de comunicación, no vacilan en emplear los peores métodos para desacreditar al adversario. La observación formulada por Karlheinz Weissmann en su contribución a la encuesta de FAZ sigue siendo válida: "El verdadero escándalo está en la total ausencia de un debate serio sobre el fondo de la cuestión".

La democracia como modelo cibernético

Volvamos al ensayo Bockgesang. Su principal cualidad fue afirmar de forma abierta lo en las obras de Strauss aparecía de forma hermética, alegórica o simbólica. En ese sentido, dicho ensayo constituyó toda una desilusión: Strauss, el renegado, se apartaba del carnaval intelectual de la izquierda alemana. Y su crítica a los herederos del 68 no tenía vuelta de hoja: "Una juventud agotada en su substancia, progenie última de la posguerra, cuya historia, desde el punto de vista de la tradición del estado espiritual, es una historia de negación y odio al padre (...) fruto repulsivo, nacido de la comunión psicopatológica de un antifascismo prescrito y un antifascismo libertario".

Botho Strauss levanta acta de una nueva época: "Surgen conflictos cuya motivación no es únicamente económica". En el momento en que las ricas democracias occidentales se transforman en "un modelo cibernético, un discurso científico, una asociación de autovigilancia político-técnica", se constata una evidencia: "Las viejas cuestiones no ha cerrado su ciclo, no han muerto; el ser humano, en tanto que individuo y en tanto que miembro de un pueblo, no es algo que date de hoy". Es precisamente en este contexto donde debemos situar los análisis de Strauss sobre el resurgimiento de los nacionalismos en la Europa de Este: "Parece mentira que no comprendamos que alguien en Tayikistán se asigne como tarea política la conservación de su lengua, corno nosotros podamos hacerlo respecto a la protección de las aguas. Que no comprendamos que un pueblo quiera afirmar su código de vida frente a otros y que, si ello fuera preciso, esté dispuesto a verter su sangre por ello. Desde nuestros referentes liberal-libertarios, estamos considerando esa actitud como falsa y absolutamente rechazable".

Este alegato de Strau6 conecta con análogas intuiciones del pensamiento conservador. Así, Karl-Heinz Bohrer defiende la idea de nación como "aptitud para la memoria histórico-culturar. Martin Walser no deja de advertir que el incremento de grupos de extrema derecha constituye una respuesta a la "negación" o a la "negligencia" hacia el hecho nacional. Klaus Hartung, por su parte, hace votos para que pueda valorarse la reunificación como "nueva constitución de un Estado nacional" y considera los "tabúes" opuestos a esta construcción como "una actitud de defensa hacia cambios que se perciben como amenazas para la realidad alemana”.

Pero el pasaje más controvertido de Bockgesang fue, sin lugar a dudas, la interpretación de los crímenes racistas como "pasiones relativas al culto, hoy vacías de contenido pero que, en su origen, tenían un sentido sagrado, creador de orden". Strauss se refería aquí a los trabajos del antropólogo francés René Girard. El socialdemócrata Peter Glotz vio ahí una justificación de la violencia de extrema derecha, mientras que Eckhard Nordhofen lo interpretó como una clarificación de los mecanismos generadores de violencia.

El contexto de este controvertido pasaje de Strauss es el siguiente: el extranjero es arrestado y lapidado "cuando la ciudad se subleva". El sacrificio del chivo expiatorio extranjero, que hace las veces de recipiente que se llena con el odio de todos, libera a la comunidad de aquello que de sí misma detesta. Trasladado, este teorema significa que la xenofobia surge cuando una sociedad experimenta su recién adquirido poder como una debilidad y, por esta razón, se revuelve contra sí misma. Superar una situación así y volver a la estabilidad supone, pues, que la delimitación respecto a lo exterior no sea fruto de mercadeo alguno. Es evidente que, al escribir estas líneas, Strauss pensaba en la nueva posición de Alemania tras la reunificación. En una versión más extensa de Bockgesang, el dramaturgo precisa que es "condenable sin restricción alguna el atentar contra la vida de los extranjeros", del mismo modo que es "condenable dejar entrar inconscientemente hordas de individuos sin alojamiento". El resto del texto, por otro lado, fija lo que separa a Strauss de las "nuevas derechas": el fundamento de sus posiciones no es la preocupación por Alemania, sino la hipótesis de que "los alemanes están dispuestos, como en el pasado, a cometer crímenes". Cuarenta años de "vida civilizada" no habrían cambiado en absoluto el "alma del pueblo".

Se equivocan, pues, quienes pretenden, siguiendo a Richard Herzinger, aproximar a Strauss con el "etnopluralismo" tal y como lo entiende, por ejemplo, Alain de Benoist. Del mismo modo, Herzinger va demasiado deprisa cuando asimila a Gerd Bergfleth, Hans-Jürgen Syberberg y Botho Srauss como representantes del pensamiento de derecha y herederos de la Revolución Conservado-ra, en la misma medida que publicaciones como Junge Freiheit, Etappe, Criticón, Wir selbst, Nation und Europa y, lo que aún es más asombroso, Der Ffahl. Una ojeada a la línea editorial de estas publicaciones nos permitirá comprender mejor las convergencias y divergencias de las nuevas derechas alemanas.

Las Nuevas Derechas a través de sus publicaciones

Desde su fundación, Junge Freiheit se sitúa en posiciones revolucionario-conservadoras ‒la propia cabecera del periódico, Joven libertad, remite a una fórmula de Moeller van den Bruck. Para los redactores de este semanario, no se trata, empero, de transmitir a las nuevas generaciones el espíritu de la Revolución Conservadora de los años veinte, sino, sobre todo, de actualizarlo y redefinirlo en función de condiciones sociales completamente nuevas.

"Der neue Kultumationalismus", en Die Zeit, 27-08-1993. Esta redefinición de lo "revolucionario-conservador" resulta controvertida incluso en el seno de la propia Redacción, hasta el punto de que la publicación, bajo la pluma de su redactor jefe, Dieter Stein, ha tomado ciertas distancias respecto a su posición inicial. Stein, que ha declarado "hacer bien poco caso de los partidos y menos aún de las tendencias ideológicas", prefiere definir su tribuna como el "periódico del cambio", que expresa "la voluntad de una joven generación conservadora de participar en los debates públicos". 

La utilización inicial de la etiqueta "Revolución Conservadora" corresponde, desde su punto de vista, a una "provocación" que habría tratado de arrancar del olvido un concepto que merecía su reintroducción en la discusión intelectual. Por otro lado, Dieter Stein se queja igualmente de verse agredido por los "cerebros de cemento" derechistas, incapaces de admitir que Junge Freiheit se convierta en un foro abierto a sensibilidades diferentes.

La vehemencia con la que los guardianes de la ortodoxia de izquierda o de extrema izquierda combaten a Junge Freiheit, muestra hasta qué punto se percibe a esta revista corno una "provocación" dentro del panorama editorial alemán. Esta irritación pasó al terreno de los hechos cuando los talleres que la imprimen fueron pasto de las llamas a consecuencia de un atentado (los daños ascendieron a un millón de marcos). Poco tiempo después de esta agresión, la Oficina de protección de la Constitución del Land de Renania del Norte-Westfalia, representada por su ministro del Interior, Herbert Schnoor, comenzó a interesarse por Junge Freiheit, con el objetivo de cerrarla, por supuesto. Las diligencias abiertas, motivadas por confusas sospechas, no prosperaron, lo que no impidió a Schnoor invocar finalmente el célebre "clima" de amenaza que pesaría sobre Alemania por la presencia de los intelectuales de derecha. Pero esta grosera tentativa de restricción de la libertad de opinión también levantó numerosas protestas, incluidos algunos partidarios del "consenso democrático": Heinz Eggert, miembro del CDU y ministro de Interior del Land de Sajonia, advirtió contra "la instrumentalización política de la Oficina de protección de la Constitución en el marco de la polémica con la nueva derecha".

Los periódicos Etappe y Criticón son órganos teóricos donde se expresan sin restricción alguna los intelectuales de la nueva derecha. La principal singularidad de Etappe es su orientación claramente schmittiana" y, en consecuencia, la temática de la Teoría del Estado ocupa un lugar muy importante en sus columnas. Criticón desarrolla cuestiones parecidas, pero insiste más en la crítica al conformismo de izquierda". Estas dos revistas se sitúan en la tradición hegeliana según la cual el Estado es creador de valores y ordenador de la sociedad en la medida en que es encarnación del bien público. Esta línea de pensamiento nutre todavía lo esencial de la crítica al pluralismo que enarbolan los conservadores, donde las nociones de disciplina, deber y obediencia se anteponen a las de libertad, individualismo u oposición.

Der Pfahl difiere sensiblemente de otros órganos de la nueva derecha. Esta publicación ‒de hecho, una compilación de textos de periodicidad anual‒ cede sus columnas a todos aquellos que "están de vuelta de las ideologías, de sus policías y de sus figurantes, responsables de los prejuicios de nuestro mundo, y aspiran a una verdadera afirmación del ser, en un plano interior”. La principal orientación editorial de Der Pfahl es una crítica de esa razón instrumental que degrada todas las actitudes que le son inconmensurables al tacharlas como irracionales. El trauma alemán en torno al "irracionalismo", traído a colación bajo cualquier pretexto, constituye para los redactores de esta revista una amenaza para la originalidad de la vida intelectual, demasiado sumisa a los "perezosos maestros del espíritu y a los lisiados de la conciencia" que "reclutan a gente aborregada a través de los medios de comunicación de masas". No es extraño, pues, que veamos en los sumarios de Der Pfahl a los grandes críticos de la razón occidental: Georges Bataille, Antonia Artaud, Emil Cioran, Jürgen von der Wense, Valeriu Marcu, Pavel Floresnkij, Gerd Bergfleth y André Masson, entre otros.

Una comunidad de espíritu

Lo que Jürgen Hatzenbichler escribía hace ya unos años en Junge Freiheit sigue teniendo aún validez: "La nueva derecha auténtica no es un partido, sino una comunidad de espíritu que, a través de sus publicaciones y círculos, construye una ideología que se resiste a las ideas hoy predominantes, fundamentalmente al liberalismo (...) La nueva derecha quiere ser una nueva cultura, libre del corsé de los tópicos tanto de la vieja derecha como de la vieja izquierda". Necesitaríamos un espacio más amplio del que disponemos para aprehender cabalmente el fenómeno contemporáneo de la nueva derecha alemana. Un autor como Ernst Nolte, por ejemplo, podría muy bien ser incluido dentro de este movimiento: tras la "querella de los historiadores", su trabajo como disipador de tabúes presta oído a todo lo que se mueve y susurra en el bosque del pensamiento.

Para Christian Semler "la izquierda" sigue degustando "la miel de la alta estima que tiene de sí misma, basándose en la gravedad de los crímenes cometidos por los alemanes a lo largo de este siglo (...) Cuanto más monstruosas y singulares son las fechorías, más esplendorosa se ve a sí misma...". Esta intelligentsia de izquierda se ha convertido en la “guardia de corps” de los tabúes; vuelta siempre hacia el pasado, rechaza obstinadamente el hecho de que la situación de Alemania después de 1989 ha cambiado de una manera decisiva. La "vía particular" que amenaza hoy a Alemania es precisamente la de su "hipertrofia moral", cuyo resultado sería una total incapacidad para la acción. Contra esta parálisis intelectual de los representantes del "bloque moral" se moviliza la nueva derecha. Como dice Botho Strauss en el Bockgesang, "entre las fuerzas de la tradición y las del progreso permanente, de la ruptura, de la destrucción, habrá una guerra". O mucho nos equivocamos o esa guerra ha estallado ya. Esperemos que finalice con esa normalización que tanto necesita Alemania.