La Nueva Derecha entre primaveras y otoño (1968-1986), por Anne-Marie Duranton-Crabol


Sociedad de pensamiento, reunión de “hermandades o cofradías”, el GRECE es el corazón de la Nueva Derecha (ND). Su revolución cultural, antimarxista, antiamericana y muy condicionada por la diferencia biológica y étnica, seduce a los intelectuales y multiplica las páginas en papel sobre la prensa y la edición. “Polo cultural” y grupo de presión política, aquí exponemos el hilo de su historia en su primera etapa, de una primavera postsesentayochista a ‒quizás‒ su fosilización.

El nacimiento en Niza del GRECE (Grupo de investigación y estudios de la civilización europea) precede en algunas semanas al de la revista Nouvelle École (febrero-marzo 1968), y en algunos meses a los acontecimientos de Mayo del 68. Tras un difícil período, la emergencia del GRECE es testimoniada por la difusión pública de la revista Éléments (por la civilización europea), a partir de septiembre de 1973. El apogeo de su trayectoria se sitúa entre el año 1978, marcado por la creación de Figaro Magazine, y el verano de 1979, en el curso del cual el grupo, objeto de un gran debate mediático, recibe la denominación de Nouvelle Droite. Siete años más tarde, la celebración de la revista Éléments de las “18 primaveras” del GRECE, no podía ocultar su relativo retroceso, “el otoño” de esta escuela de pensamiento, aunque su reconocimiento se prolonga hasta nuestros días. Partidario de una concepción cíclica o esférica de la historia, por oposición a la concepción lineal de inspiración cristiana, el GRECE ¿estaría él mismo arrastrado en un ciclo histórico? En realidad, la evolución del GRECE no deriva de ninguna necesidad filosófica, sino sólo de la “contingencia” en el sentido dado por René Rémond. Es un resultado válido para toda asociación militante: es el ajuste más o menos exitoso entre un método y un contexto político que resultan de las vicisitudes de su historia.

Los métodos del GRECE, llenos de civilidad, calcados de los medios universitarios, aficionados a las de ideas, coloquios, artículos, debates contradictorios, no son extraños a su fuerza de atracción. Responden bien a la imagen que el GRECE quiere dar de sí mismo y a los gustos de los intelectuales que lo animan, como demuestran sus textos. En 1973, la ND se definía así: “el GRECE es una asociación comprometida. Estimamos que la cultura no deber ser el “coto privado” de los marxistas… Tenemos el objetivo de reunir a la élite de este país… aquella que no acepta el terrorismo de los seudovanguardistas revolucionarios”. Cuatro años más tarde, el antimarxismo retrocede: “Nosotros decimos que nos sirve de nada luchar sin más contra el marxismo si, al mismo tiempo, no tenemos la valentía y la lucidez de luchar contra la causa del marxismo… es decir, contra el pensamiento, la mentalidad y la antropología igualitarias”. En cuanto al GRECE, su secretario general, Jean-Claude Valla lo veía como una “sociedad de pensamiento”, “una especie de crisol intelectual”, un “centro de reflexión” de la derecha al mismo tiempo que una “auténtica comunidad” para sus adherentes. Pierre Vial, sucesor de Jean-Claude Valla, recordaba en 1983, que el verdadero anclaje del GRECE está en el orden de la “metapolítica”, lejos de “pertenencias partidarias”. Sus perspectivas ambiciosas (definir “una visión del mundo y el proyecto ideológico que se deriva de él”, “devolver a los pueblos de Europa la conciencia de su destino y voluntad en un gran futuro”), que resumía en una fórmula: “Esto se llama revolución cultural”.

Una conquista de los espíritus

Estos varios jalones del pensamiento permiten realizar un dibujo del edificio del GRECE tras veinte años de existencia. Como puede comprobarse, su posicionamiento ideológico ‒también llamado “cultural” o “metapolítico”‒ nunca ha sido desmentido. Se expresa en las elecciones estratégicas: convencido de que las ideas dirigen el mundo, el GRECE, valiéndose de Gramsci para lanzarse a la “conquista de los espíritus”, opta por ser un club de pensamiento más que un partido. Elitista, lo es en virtud de una posición de principio situada en el curso del antimarxismo: es el fruto de su completo rechazo del “igualitarismo”, del que denuncia sus malas acciones y también su origen extranjero al espíritu europeo, puesto que es de inspiración “judeocristiana”. La reflexión del GRECE acampa en el terreno de Europa, entidad de sutil definición: desde el Atlántico hasta los Urales, se prolonga, de hecho, hasta Sudáfrica y la isla de la Reunión. Precisando que hay que devolver su conciencia “a los pueblos de Europa”, Pierre Vial señala también que en la perspectiva de la ND sólo el arraigo aporta la solución contra el declive. Guillaume Faye decía lo mismo cuando redefinía la modernidad como redescubrimiento de un pasado diferente, el de las culturas holistas, anterior a la conciencia cristiana, y como “proyección de un cierto pasado en el futuro”. Cualquier otra referencia distinta a la comunidad orgánica es tachada de inconsistente: el hombre, entidad universal abstracta; el individuo, categoría propia del liberalismo (conviene hablar de “persona”); la clase, categoría marxista descalificada por sus presupuestos economicistas y su carácter englobante. Sólo cuentan los pueblos homogéneos y sus “diferencias”.

Frente a lo que, respecto a este cuerpo doctrinal, haya podido atribuirle la investigación universitaria en la herencia de la derecha contrarrevolucionaria, en la corriente neofascista o en el movimiento de una hipotética derecha revolucionaria francesa, hay que considerar significativamente la complejidad del GRECE. Él mismo se las ingenia para desconcertar a los observadores. Aun afirmándose revolucionaria, la ND no ha podido desembarazarse de su proximidad al bonapartismo, pero frecuentemente se ha declarado “en otro lugar”, en búsqueda de una “tercera vía”, cuando menos se ha proclamado heredera de la Revolución conservadora alemana. No hay problema para demostrar que cada una de las afirmaciones precedentes contiene una parte de verdad. También se podría decir que, pese a la multiplicidad de préstamos, el sustrato ideológico neoderechista sufre de una cierta pobreza, de una visión etnista del mundo acompañada de un aristocratismo nietzscheano que nunca dice claramente de qué proyecto de sociedad es portador. Sin embargo, hay que decirlo, ninguna de estas consideraciones empaña el éxito del GRECE, especialmente en los medios intelectuales de los que Alain de Benoist reivindica legítimamente su pertenencia. ¿De dónde viene este éxito? A pesar del sincronismo de los datos, la fundación del GRECE no debe nada a Mayo del 68. Se puede decir que los futuros grecistas sintieran, como los izquierdistas, la necesidad de “otra cosa”, de “otra forma de vivir que la propuesta por los lacayos de la sociedad mercantil”, como afirmaba Pierre Vial. Pero el GRECE sigue todavía a la búsqueda de esa “otra cosa”. En el origen del GRECE se encuentra la generación de la guerra de Argelia. Sus principales fundadores, nacidos entre 1940 y 1945, entran precozmente en la vida política, asimilando su adhesión con los defensores de la Argelia francesa al “sueño de una acción creadora y de rechazo de las normas de la burguesía francesa”. Muchos de ellos estuvieron inscritos en la FEN (Federación de estudiantes nacionalistas) que se distinguían, desde su fundación en 1960, por la publicación del “Manifiesto de la clase 60”, violentamente antidemocrática y etnista. Dolorosamente resentidos por el fracaso de la OAS y la pérdida de Argelia, será en el olvido del asunto argelino, en el repliegue sobre Europa y sus valores auténticos, que esta generación encontrará su nueva razón de vivir, sin adherirse al gaullismo. Europe Action (1963-1967) ofrece el ejemplo de este europeísmo cuyo radical etnismo constituye su marca distintiva, tanto como el anticristianismo de origen judeocristiano. Fundada por Dominique Venner, antiguo activista del movimiento Jeune Nation, comprometido voluntario en Argelia, la revista recibe también la adhesión del ultrarregionalista Jean Mabire, que había combatido sucesivamente en Indochina y en Argelia. Varios de los futuros cuadros de Nouvelle École colaboran en la misma, tales como François d´Orcival y Alain de Benoist, bajo el seudónimo de Frabrice Laroche. En ese momento, la ruptura no es todavía completa, ni con el campo político tradicional ‒Europe Action apoya la candidatura de Jean-Louis Tixier-Vignancour en las elecciones presidenciales de 1965‒ ni con los métodos violentos de los grupos de extrema-derecha. Pero el esfuerzo se concentra sobre la doctrina. El GRECE la retomará parcialmente, bajo una forma más elaborada, tanto mediante el recurso a los más grandes pensadores del siglo XX como por la sustitución del “racismo biológico” por una percepción del mundo centrada en la exaltación de las diferencias etno y bioculturales. Esto es obra, en gran parte, de Alain de Benoist, al cual le debe el GRECE, seguramente, ser la única formación duradera resultante de Europe Action y de atraer a ciertos representantes de la élite política e intelectual de derecha, incluso de izquierda.

Pero no debe atribuirse sin más al ilustre pensador, por la indudable calidad de sus publicaciones, un éxito que nada, en los primeros años del GRECE, permitía prever. Porque la coyuntura le fue finalmente favorable. Si Mayo del 68 no había suscitado la creación del grupo, la atmósfera del post-Mayo le permitió jugar un papel de reunificador. Intelectuales decidios a movilizarse contra “la efervescencia marxista”, universitarios “en estado de shock”, hicieron causa común con otros a los que la desaparición del general De Gaulle había llevado a expresar su fidelidad a los valores de Vichy. En estas dos corrientes, en efecto, se reclutan los miembros del Comité de patronazgo de la revista Nouvelle École, constituido a partir de 1970: así, junto a Jacques Bompaire y Jules Monnerot, representativos de la primera, se encuentran Roland Gaucher, Paul de Meritens y Achille Dauphin-Meunier, representativos de la segunda. La tercera aportación importante es la de los intelectuales extranjeros, en ocasiones militantes como Armin Mohler, con frecuencia universitarios cuya especialidad los aproxima a las perspectivas neoderechistas (biólogos, arqueólogos, filólogos, etc.). Se puede añadir el nombre de Louis Rougier, cuyo racionalismo anticristiano inspiró a los grecistas; el de Raymond Bourgine, cuyo interés por las raíces de la civilización europea lo aproximó al GRECE antes de que el anticristianismo neoderechista lo condujese a la ruptura; el nombre de Louis Pauwels, con la búsqueda de vínculos entre el pensamiento precristiano y el pensamiento científico moderno, encontró también una acogida favorable en los círculos grecistas.

Sensible a todo lo que alcanzaba a las preocupaciones de la época en la vida cotidiana, la cultura, las costumbres públicas y privadas, estos nuevos lugares del debate político, el GRECE aportó respuestas conformes con su posicionamiento ideológico. De forma sorprendente, por ejemplo, la revista Éléments se pronunció a favor del aborto y del feminismo de los años 70, así como por el Tercer mundo en los años 80. No sin clarividencia, Alain de Benoist y lo suyos percibieron las ventajas que podían extraer del vacío creado por el “efecto Solzhenitsyn”, esa brutal deslegitimación del marxismo. Dejando de entretenerse en la lucha contra el izquier-dismo y de encarnarlo como el enemigo sobre la tierra ‒es sobre los Estados Unidos, y no sobre el “paraíso soviético”, sobre el que concentran sus críticas a partir de 1975. Los valores mercantiles que sostienen la sociedad liberal son ahora combatidos con tanta fuerza como lo eran los prejuicios económicos del análisis marxista. Los Estados Unidos ¿no serían la tierra de elección del ideal igualitarista del “biblismo social”, como escribía Nouvelle École? Ciertamente, a contracorriente de la opinión pública, el antiamericanismo del GRECE pudo tocar el corazón de algunos intelectuales, no necesariamente de derecha, que luchaban contra el imperialismo cultural de los Estados Unidos. Doblado sobre la convicción de un reforzamiento necesario de Europa, el antiamericanismo neoderechista salía al reencuentro de las preocupaciones de los “gaullistas de izquierda”.

Con todo rigor, el polo antiamericano de la ND no llegaría a extraer la aguja atlantista de la brújula giscardiana. Por el contrario, desde el Club de l´Horloge en sus primeros años de existencia, es en el entorno inmediato del presidente Giscard d´Estaing que el GRECE logra su penetración política. Frecuentemente citado, el ejemplo de Michel Poniatowski muestra bien la seducción ejercida por el carácter innovador de las ideas neoderechistas, apoyadas sobre una palabra científica moderna, en un período en el que la derecha, bastante dividida, buscaba el medio de movilizar la opinión a su favor. 

Destiladas en pequeñas dosis, y bajo control, en las publicaciones del grupo de prensa que dirige Raymond Bourgine, Spectacle du monde, Valerus Actuelles, las certidumbres neoderechistas se instalan ampliamente en las del grupo Hersant, en las páginas de Figaro Dimanche desde 1977 y en las de Figaro Magazine lanzado en 1978 bajo la dirección de Louis Pauwels. He aquí una forma de “presencia en el mundo” ‒la expresión es de Michel Marmin‒ que entristece a ciertos grecistas, partidarios del purismo y del encierro en su torre de marfil. Pero Figaro Magazine, con más de 150.000 ejemplares en 1981, constituía un remarcable soporte para la difusión de la cultura neoderechista entre la opinión pública. Bajo la pluma de Alain de Benoist, con frecuencia bajo seudónimos, están también las de Patrice de Plunkett, Jean-Claude Valla, Michel Marmin, Yves Christen, Grégory Pons, Christian Durante, Alain Lefebvre, ocasionalmente también las de Guillaume Faye, Jean Varenne, Patrick Rizzi y otros muchos; es una fuerza constituida por intelectuales de derecha que se declaran, sin complejos, ariscráticos y biologizantes, seguidores de Nietzsche y de Konrad Lorenz, que anuncial con clama el retorno de los héroes y de los semidioses, y que invitan a los más lúcidos de sus adversarios de izquierda a reunirse con ellos en el combate cultural.

El debate de 1979

Coincidiendo con un momento en que se consolidan las estructuras militantes, con una implantación privilegiada en las villas universitarias, y después del éxito del libro Vu de droite, la obra de Benoist publicada en 1977 por las ediciones Copernic, la entrada en el grupo de prensa Hersant marca el apogeo en la historia del GRECE. Pero el debate del verano de 1979, suscitado por la empresa neoderechista en una parte de la opinión pública, implicará el declive relativo del grupo. Pero ¿hay que hablar de “campaña” o de “debate” en la prensa?

Para el GRECE, la causa está clara. Se trata de una campaña de prensa, lanzada sin ninguna reflexión desde una auténtica conspiración. Caracterizados por su “dogmatismo” y su “intolerancia”, sus adversarios, de creer a Pierre Vial, se aplican sólo en “descalificar”. “Se trata de deshonrar. Se trata de excitar el odio. Se trata, en fin, y sobre todo, de impedir la lectura de los textos”. Ciertamente, todos los intelectuales que se pronunciaban entonces sobre las tesis del GRECE estaban lejos de tener un conocimiento de primera mano, mientras que los periodistas se inspiraban frecuentemente en los escritos de otros colegas. Pero el origen del debate mediático y su imprevisible amplitud reposaban sobre fundamentos más complejos que la sola voluntad de perjudicar, tanto más en cuanto las opiniones vertidas estuvieron lejos de ser sistemáticamente desfavorables al GRECE.

La influencia de los grecistas no se limitaba a Figaro Magazine. Sin que siempre pueda distinguirse entre una simple convergencia de ideas y una influencia real, la impresión de que la cultura neoderechista se convirtió en dominante, resulta justificable para la segunda mitad de la década de los años 1970. Esta cultura impregnaba el pensamiento de los ministros hasta el punto de que sus libros eran preelaborados por los grecistas: es el caso, de la Revolución liberal de Philippe Malaud (1976) o El futuro no está escrito en ninguna parte (1978) de Michel Poniatowski. Se expresaban naturalmente, en las obras colectivas en las que participa Benoist, en la encuesta titulada “¿Quién no es de derecha? de Harris y Sedouy (1978), o incluso en el opúsculo Renacimiento de Occidente (1978), en el que una buena parte de los corredactores, reunidos a iniciativa de Olivier Giscard d´Estaing, pertenecían al movimiento del GRECE. Tal era también el caso de Louis Pauwels, autor de “¿Cómo convertirse en lo que no es?” (1978) y de Pierre Debray-Ritzen, autor de la Carta a los padres de los pequeños escolares (1978). La emergencia de una derecha desconcertante, a la vez por la solidez de su reflexión y por el presunto “progresismo” de algunos de sus temas, inspiraron a Guy Rossi-Landi en un libro sobre el carácter histórico de la evolución en curso, La cruzada (1978)

Es decir, que la decisión de los responsables de Le Monde de poner el foco, el 22 de junio de 1979, sobre la ND y sus redes no estaba exclusivamente motivada por su rivalidad con Le Figaro, incluso si este argumento tuvo su peso. La inquietud suscitada por el impulso de doctrinas que, manifiestamente hostiles a la democracia, eran, sin embargo, bien recibidas tanto por la opinión pública como por la clase política, aparentemente justificó un artículo cuya repercusión sorprendió a todo el mundo. Pero ¿hubo realmente “voluntad de deshonrar”? Pierre Vial estigmatizaba así las alusiones al eventual antisemitismo de tal miembro o tal aspecto de la doctrina del GRECE, incluso de ciertas afinidades con el nacionalsocialismo. Tales opiniones se encuentran, en efecto, en diversos artículos publicados en las revistas de organizaciones antirracistas. La cuestión fue abordada con prudencia en Le Monde y en Le Figaro, con menos precauciones en Le Nouvel Observateur y brutalmente en Le Canard o posteriormente en Le Monde. 

En primer lugar, la práctica discursiva del GRECE no era tan inocente como parecía. El número de la revista Éléments que apareció en el momento del debate mediático se abría con el siguiente titular: “El fanatismo sectario encuentra su origen en el monoteísmo de las “religiones del Libro”: los hijos de Abraham nunca podrán admitir que no son los únicos detentadores de la verdad única”, o, más tarde, que “bajo los nombres más diversos, los valores cristianos lo infectan todo… La barbarie con rostro divino no deja de asomar su villano hocico, “un pueblo, un imperio, un dios”. A continuación, la distinción, pretendidamente diáfana, entre partidarios y adversarios de la ND no correspondía a la realidad. Al entusiasmo de Louis Pauwels, que se multiplicaba en sus entrevistas, respondía la severidad de las reservas expresadas por Jean d´Ormesson, en las mismas páginas de Figaro Magazine, en cuanto a las erráticas ideas del neopaganismo y al rechazo del judeocristianismo por parte del GRECE. 

En revancha, no puede subestimarse ni la fuerte impresión, próxima a la seducción, producida por las tesis del GRECE sobre los intelectuales que hubieran debido contarse entre sus adversarios, ni las contradicciones interpretaciones a las que esas tesis dieron lugar. Guy Hocquenghem publicó en Libération el 5 y 6 de julio de 1979 un artículo cuyo título, inspirado en Sacha Guitry, expresaba su clara intención: “Nueva Derecha, contra todos, todos en contra”. Jacques Attali no se dejó seducir, pero tomaba, sin embargo, muy en serio las ideas neoderechistas, hasta el punto de apelar a la formación de una “Nueva Izquierda mensajera de la diversidad”, capaz de integrar en su entorno la genética en un sentido “no elitista”. En la revista L´Arche, mensual del judaísmo francés, Jean Daniel se preguntaba si “la explosión del derecho a la diferencia”, “un poco por todas partes, pero también entre los judíos”, no favorecía la emergencia del racismo y, mientras que Schmuel Trigano afirmaba que “la Nueva Derecha es antisemita”, Annie Kriegel, reservada en cuanto el antiliberalismo del GRECE, estimaba que “no hay nada en los textos a los que he podido tener acceso que permita decretar su antisemitismo”.

La tesis de la conspiración, sin embargo, no resistía a un examen serio. Si bien es cierto que los católicos de derecha, motivados por las posiciones de la ND en favor del aborto, combinaron sus esfuerzos con los monárquicos de la nueva Action Française para denunciar la sulfurosa visión del mundo del GRECE, los artículos que ello suscitó entre 1973 y 1974 (así como de parte del debate parlamentario sobre la interrumpción del embarazo) no hicieron demasiado ruido. Si los intercambios de ideas tuvieron tanta amplitud en 1979, hay que atribuir a los progresos de la influencia neoderechista también a la situación política creada por las elecciones legislativas de 1978. En un contexto tetrapolar, el Partido comunista francés trató con desprecio la querella sobre la ND, muy alejada, según el partido, de los verdaderos problemas, mientras que el Partido socialista aprovechaba la ocasión para denunciar la deriva derechista de la mayoría en el poder: lo hacía con fuerza pero sin triunfalismo, como si su cultura política sólo actuase en defecto de las tesis antiigualitaristas. A la derecha, la UDF remarcaba virtuosamente que ninguno de sus caciques era miembro del Club de l´Horloge, mientras que Michel Debré lavaba vigorosamente a los herederos del gaullismo de la sospecha de complaciencia hacia una derecha que, según él, despreciaba “la enseñanza cristiana… y abandonaba la idea francesa de nación”. La ND se equivocó al creer que estaban dirigidas contra ella todas las maniobras, cuando ella sólo era el pretexto.

Una nebulosa metapolítica

Finalmente, sin embargo, el debate de 1979 contribuyó al declive del GRECE. Su notoriedad la valió numerosas críticas, como si la atenta lectura de sus textos se volviese en su contra. Sin duda, algunos militantes y simpatizantes fueron perjudicados en sus trayectorias profesionales por la publicidad dada a sus simpatías neoderechistas. Pero la amplitud de estos abandonos no debió ser mayoritaria: en el Comité de patronazgo de Nouvelle École las dimisiones fueron parcialmente compensadas con la aparición de nuevos nombres. Es decir, que las razones del relativo declive no se limitaron a los efectos mediáticos de la campaña de la que el GRECE fue objeto.

Con la cercanía de las elecciones presidenciales de 1981, algunos militantes desean “retomar el gusto por la acción”, como declaraba Pierre Vial. Sus aspiraciones por diversas formaciones políticas, CNIP o FN principalmente, se acelera después de la victoria de la izquierda. Esto hace surgir la exacerbación de anteriores divergencias ideológicas que, siendo menores durante algún tiempo, existían sobre la correcta definición de la nación (región étnica, Estado-nación o supra-nación europea), así como sobre la forma y la dirección de la futura Europa (federación o imperio, unificación en torno a Francia o en torno a Alemania). Pero el punto de ruptura decisivo era la obstinación del GRECE que, no contento con proseguir imperturbablemente el combate metapolítico mientras los “social-comunistas” estaban en el gobierno, anunciaba su preferencia por el campo soviético más que por el campo del liberalismo angloamericano y de sus admiradores franceses. Pese a la coherencia de esta elección con la doctrina neoderechista, puesto que la URSS era designada, entre las dos grandes potencias, como “la menos favorable al universalismo, al igualitarismo y al cosmpolitismo”, el efecto resulta desastroso para la imagen del GRECE en la opinión de derechas. Provoca la brutal desavenencia de Raymond Bourgine y la progresiva ruptura con Louis Pauwels, seguida de una pérdida casi total de la zona de influencia mediática. Reagrupados en torno a Alain Lefebvre y Jean-Claude Valla, los grecistas menos inclinados al filocomunismo, el Magazine Hebdo (1983-1985) se salda con un fracaso.

A mitad de la década de los años 1980, si bien las condiciones de adhesión y el cuadro militante continúan siendo restringidos, el GRECE sabe acomodarse al “nuevo individualismo” francés y abrirse a aquellos “que están interesados pero no quieren militar”, según la fórmula de Alain de Benoist. No desdeña ni las marcas de una simpatía limitada ni la expresión de una curiosidad pasajera. Su longevidad es atribuible a su nebulosa estructura, por retomar una metáfora que Raoul Girardet aplicaba al mundo de la Action Française.

El núcleo central reagrupa a militantes que depeden de una quincena de unidades regionales. Aunque la composición de las instancias dirigentes continúa siendo oscura, debemos a Ghislaine Desbuissons la actualización de la descripción de sus estructuras, que se basan en las indicaciones publicadas por el GRECE en 1977. La unidad de base es la “fratria”, creada en 1982, marcon en el cual, en los términos de una formación ideológica cuidadosa, los militantes cumplimentan las tareas indispensables: reuniones, cotizaciones, cartelería, difusión de revistas, excursiones, exposiciones culturales, debates y conferencias más o menos abiertas a los no-adherentes. El acento se pone sobre los valores aristocráticos de fidelidad al grupo, de prioridad del combate comunitario sobre el éxito individual. Diversas y extrañas ceremonias continúan reforazando la cohesión de los grecistas. En los testimonios recogidos por Desbuissons, la celebración tradicional del solsticio toma, en ocasiones, el aspecto de una reunión mundana, para gran sorpresa de los fervientes de un auténtico neopaganismo. Del núcleo central (unos 2.000 en los años 70, 5.000 a mitad de los años 80), surgen algunas figuras. Tres responsables conocen esos años una actividad desbordante: Alain de Benoist, Guillaume Faye y Pierre Vial viajan, en ocasiones lejos del hexágono francés, a fin de animar toda clase de reuniones y conferencias.

Probablemente algunos, cuya pertenencia al núcleo central del GRECE está atestiguada por la frecuencia de sus intervenciones, jamás llegaron a adherirse. Este supuesto de figura se generaliza en la periferia de la nebulosa, que podría contar hasta con 30.000 personas. En esta periferia, algunos nombres han dado lustre a la ND. Aquí prevalece un funcionamiento flexible, en el que no se hace distinción entre adherentes, simpatizantes o simples “compañeros de ruta”. Los testimonios abundan respecto a estas convergencias parciales, es estos encuentros puntuales en el tiempo o en el espacio ideológico, de estos “sí, pero…” meticulosamente censados por el grupo. Frente a la ND, los intelectuales se reparten según un elenco de actitudes que van desde la crítica militante hasta la aquiesciencia sin reservas. Una de las más extendidas expresa una estima que, fundada sobre razones de orden cultural o ético, tampoco se reserva sus reticencias. Es suficiente descubrir la lista de personalidades que acepta expresarse enla revista Éléments con ocasión del decimoctavo aniversario del GRECE en 1986: Jean-François Kahn, Jean-Marie Domenach, Jean Cau, Jean-Michel Palmier, André Bercoff, Philippe de Saint-Robert, Michel Maffesoli, Julien Freund, Raymond Abellio, Louis Pauwels, Claude Imbert, Gabriel Matzneff, Claude Julien, Pierre-André Taguieff. Este último no es sospechoso de haber pertenecido al movimiento del GRECE, como él mismo ha dicho en las páginas de Éléments, sólo participaba como “analista observador” y “crítico polemista”.

¿Recuperación o petrificación?

Quizás haya que considera a cuenta de su flexibilidad una ligera recuperación de la actividad, como si el grupo hubiera remontado la crisis de principios de los años 1980. La reanudación en 1983 de la revista doctrinal Etudes et Recherches, de la publicación de Panorama des idées actuelles, pequeño fascículo destinado a hacer conocer las obras que el GRECE consideraba útiles pese a su débil difusión. En cuanto a Matulu, efímera revista cultural de los años 1970, su segunda aparición consagrada a Gabriel Matzneff (julio de 1986), hace algo de ruido con la firma de François Miterrand codeándose con la de Alain de Benoist. En el plano militante, con la creación de una asociación de amigos de la revista Éléments que, en 1983-84, organiza en la región parisina un ciclo de formación para un “público nuevo”, responde a la constitución de un colectivo de reflexión sobre el mundo contemporáneo, reuniendo, bajo la dirección de Guillaume Faye y de Pierre Bérard, a “universitarios e intelectuales de diversas tendencias”.

Más que la unidad, frágil y limitada, es la “abundancia” lo que caracteriza el universo neoderechista actualmente. Como remarca Pierre-André Taguieff, sin embargo, esta diversidad no debe hacer olvidar la “orientación dominante” que no varía: “La defensa de las identidades y del arraigo, el respeto absoluto por las diferencias”. Por un lado, en efecto, el asunto de la tesis de Nantes, un jalón sobre la vía del “revisionismo”, en el que se encuentran implicados dos universitarios ligados al movimiento neoderechista. Por otro, el éxito obetnido por Alain de Benoist por su obra “Europa-Tercer mundo, mismo combate (1986) que conforta la posición de su autor por las reseñas de “veinte ideólogos actuales” recogidas en Le Magazine littéraire e incita a diversos grupos de intelectuales, en principio muy lejanos a Benoist, a situarse por relación al mismo”. Así, por ejemplo, el MAUSS (Movimiento antiutilitarista de las ciencias sociales), cuyos partidarios tienen la necesidad de marcar una línea frente a la del GRECE, aun cuando existan “impresionantes convergencias” sobre la cuestión del Tercer mundo. Benoist disfruta con ello: “Tener enemigos encarnizados en nuestro perjuicio (que no es el caso del MAUSS) es, en cualquier caso, adulador. Estos son, después de todo, discípulos en negativo. Entiendo que se definen por relación a nosotros”.

A pesar del otoño del GRECE, se mantienen los artículos dedicados al grupo, las menciones a la ND en numerosos ensayos publicados en Francia y en Europa, sin olvidar las tesis y memorias, aparecidas o en preparación, en la que este movimiento está en su objetivo. ¿Qué significa tal interés? Para ciertas perspectivas, la empresa traduce la legítima convicción de que la ND representa un hito en la historia de las últimas décadas de la historia francesa y europea, el surgimiento de un polo cultural que se dobla sobre un grupo de presión política, del que no hay que exagerar, pero tampoco subestimar, su importancia. Puede compararse con lo que la obra de Max Weber ha supuesto en los círculos intelectuales: herético durante mucho tiempo, después objeto de apuestas ideológicas, la referencia weberiana, una vez desprovista de pasión después de 1968, se ha convertido en “un acto obligado, un gesto de buena conducta”, como escribe Michael Pllak. Quizás la multiplicación de referencias al GRECE revele una cierta petrificación de esta institución de pensamiento.