La Nueva Derecha rusa, por Stéphane François

 

Doctor en historia y ciencias políticas, Alexander Duguin es considerado actualmente como el principal ideólogo de la Nueva Derecha rusa (sin tener, sin embargo, el mismo sentido que la Nueva Derecha europea). Se trata también, y sobre todo, del principal teórico del neoeurasismo, un concepto muy de moda en Rusia y en Europa, pero también con un sentido muy diferente al eurasismo creado por pensadores precedentes. Duguin es, por otra parte, el antiguo responsable del Partido nacional-bolchevique de 1994 a 1998. Posteriormente, será el animador de la asociación histórico-religiosa Arktogaïa. A principios de los años 2000, Duguin se aproximará a Vladimir Putin con la creación del movimiento (y después partido) Eurasia. 

Como bien ha estudiado la especialista en el nacionalismo ruso, Marlène Laruelle, Alexander Duguin ha sintetizado un pensamiento complejo con elementos heterodoxos que van del esoterismo a la filosofía política y a la geopolítica, con sus referencias a la noción de Imperio y elementos de la metafísica, al igual que sus constantes citas a Karl Haushofer, Ernst Niekisch, Carl Schmitt, Jean Thiriart, Julius Evola, René Guénon o Jean Parvulesco. Esta síntesis, bastante original, provocó el interés de las diversas tendencias de la derecha radical europea a principios de los años 1990. Ya fueran sus juicios favorables o desfavorables, estas diversas tendencias jamás han sido indiferentes a las tesis desarrolladas y defendidas por el neoderechista ruso. 

Duguin reconoce, por otra parte, sin ninguna dificultad, su per-tenencia a la “escuela tradicionalista”: en su intervención en el XXIV coloquio del GRECE, la principal estructura de la Nouvelle Droite, él precisa de entrada que “fundamenta su comprensión del mundo en los trabajos de René Guénon y de Julius Evola. Pero, paradójicamente, reconoce también estar abierto a las ideas políticas y filosóficas occidentales “modernas”, si bien dentro de una lógica tradicional, que él intenta aclimatar al entorno político-cultural ruso.

Entre las ideas occidentales que interesan a Duguin encontramos las de la Revolución Conservadora alemana, en particular, el nacional-bolchevismo de Ernst Niekisch, así como el nacional-comunitarismo europeo de Jean Thiriart. El gran interés de Duguin por las ideas de Thiriart radica por la ambición de éste en crear un Estado europeo unificado fundado étnicamente, deseando crear una Gran Europa de Reikiavik a Vladivostok. Muy hostil frente a los Estados Unidos e Israel (se declaraba antisionista, pero no antisemita), Thiriart era favorable a una alianza entre Europa y el mundo árabe. Las tesis de Thiriart han influido notablemente en la geopolítica duguiniana, de fuertes analogías entre su neoeurasismo y el nacionalismo paneuropeo thirartiano. En efecto, Duguin, ya en 1995, afirmaba que Alemania y Rusia serían las supremas potencias de una Eurasia que se extendería de Dublín a Vladivostok.

Alexander Duguin hace una síntesis entre el nacionalismo paneuropeo de Thiriart y el pensamiento esotérico-imperial de Julius Evola, otra gran referencia de algunas corrientes de la derecha radical occidental. En efecto, Duguin retoma la idea evoliana de “imperium”, que él transforma en “imperium eurasiático”. Según sus analistas, esta síntesis permite dar una dimensión mística y espiritual a un discurso que no sería otra cosa distinta a otra forma de nacionalismo. 

Todas estas ideas no-convencionales suscitan y elevan la curiosidad de la derecha radical europea. Independientemente de la corriente a la que pertenezcan es habitual encontrar en internet y en las revistas de la derecha radical fuertes discusiones sobre las cuestiones étnicas, geopolíticas o místico-imperiales propugnadas por Duguin Así, por ejemplo, Duguin concedió una entrevista a la revista nacionalista Le choc du mois, que luego fue repercutido en numerosos sitios internéticos, como el de Alain Soral

El interés por las ideas de Duguin concitó numerosos apoyos entre la derecha radical francesa y europea en la década de los años 1990, para luego disminuir considerablemente. Sin embargo, después de 2000, ese interés resucita, si bien en la mayoría de las ocasiones mediante la reproducción de textos antiguos que se habían publicado en marginales revistas militantes.

Los Identitarios

La islamofilia de Duguin está en el origen del rechazo de sus tesis por parte de la corriente conocida como los Identitarios, que defienden un etnocentrismo europeo y una mixofobia radical, especialmente respecto a los inmigrantes musulmanes. Además, pese a su proximidad semántica, la Eurasia teorizada por Duguin es fundamentalmente diferente de la Eurosiberia propugnada por los identitarios, teoría que se estructura sobre el área de implantación histórica de los indoeuropeos, es decir, la raza blanca europea, como lo demuestran las tesis de Pierre Vial: “Es evidente que la Eurasia propuesta por Duguin y la Eurosiberia defendida por Terre et Peuple son dos grandes destinos sensiblemente diferentes. Duguin propone una Eurasia vecina en buena armonía con Europa occidental, mientras que nosotros deseamos una Eurosiberia que se constituya como un solo bloque étnicamente homogéneo”. 

En efecto, los Identitarios defienden la idea de una “guerra étnica” existente entre, por un lado, los musulmanes y los jóvenes de los barrios resultantes de la inmigración afromagrebí, y por el otro, los europeos manipulados por las élites mundialistas. Los Identitarios están convencidos, de hecho, de que la inmigración es una colonización del área racial blanca, una africanización de Europa, y exhiben en consecuencia una islamofobia radical. A pesar de estas diferencias, Alexander Duguin es publicado en la revista valona Renaissance Européenne dirigida por Georges Hupin y es invitado a los coloquios organizados por los grupos identitarios europeos.

En fin, el sitio de Duguin, Arctogaïa, hace referencia a “nuestro clan” cuando habla, por ejemplo, de las revistas identitarias, neopaganas y nacional-revolucionarias, tales como Réfléchir & Agir, aunque estas referencias desaparecen poco a poco después de 2005. 

La Nueva Derecha

Las referencias a Duguin y sus ideas son más numerosas en lo que concierne a la Nouvelle Droite, pues ambas tendencias apelan a una concepción imperial de Europa. La ND es una de las escuelas de pensamiento más interesantes del paisaje político de la derecha radical francesa. Por el hecho de su longevidad (nace en 1968), esta corriente ha conocido diversas renovaciones doctrinales. Compuesta por varias corrientes o facciones, a veces incluso antagonistas, su principal referencia continúa siendo el antiguo GRECE, que se enmarca en el rechazo absoluto de los valores occidentales. Sin embargo, su anticonformismo plantea el problema de su clasificación política dentro del ámbito de la derecha, tradicional o radical. Las nuevas derechas italiana, alemana y belga aparecen en los años 1970 bajo la influencia de su homóloga francesa, pero paulatina-mente van alejándose de la matriz parisina.

Los principales animadores de la Nouvelle Droite en aquella época, Alain de Benoist y Robert Steuckers, fueron invitados por Alexander Duguin, en 1992, a viajar a Rusia a una serie de actos, reuniones y conferencias. Este viaje era la contraprestación a la intervención de Duguin, en 1991, en el XXIV coloquio del GRECE, organizado bajo el título “Nación e Imperio”, con una conferencia sobre “El imperio soviético y los nacionalismos en la época de la perestroika”. 

Duguin figura entonces en el equipo de la revista Éléments como corresponsal del GRECE en Moscú, pero, hecho significativo, él no figura en la lista de los miembros de la red grecista que la asociación publica en el año 2000. Duguin se convierte entonces en un colaborador regular de las publicaciones Vouloir y Nouvelles de Synergies Européennes, revistas revolucionario-conservadoras animadas por Steuckers, el cual había roto con el GRECE y con Benoist, una colaboración que continuará hasta 2005. Aun así, Duguin será invitado en 2006 para intervenir en un coloquio sobre la mundialización coorganizado por Synergies Européennes de Steuckers et por la rama valona del grupo identitario Terre et Peuple de Vial y Hupin.

Los años 1990 serán testigos también de un curioso episodio relativo a la revista Éléments. En el momento de las relaciones más intensas de Alexander Duguin con Alain de Benoist y su Nouvelle Droite, aquel lanza la versión rusa de la icónica revista neoderechista con el nombre de Elementy, que publicará de 1992 a 1998. La elección de este título provoca la protesta de Benoist, porque podría provocar confusión, como ya había sucedido con las revistas homólogas en Alemania e Italia. Además, Benoist demanda que sea retirado su nombre del comité de redacción de la publicación rusa, que había sido incluido sin su autorización. Pese a este episodio, los textos de Duguin siguen siendo comentados o reseñados en las publicaciones del grupo neoderechista, aunque en la actualidad la presencia de referencias a Duguin en las mismas es testimonial y prácticamente residual.

Los Nacional-revolucionarios

1992 va a ser también el año de la estancia en Rusia de los nacional-revolucionarios que se reúnen con Alexander Duguin, convirtiéndose este último en el representante ruso del Frente Europeo de Liberación, un movimiento nacionalista paneuropeo fundado por diferentes nacional-revolucionarios europeos, desde el belga Jean Thiriart al francés Christian Bouchet y el italiano Marco Battara. Este acercamiento hará que Duguin sea especialmente citado por los nacional-revolucionaros franceses de Bouchet, cercano a Duguin desde los años 1990, una proximidad facilitada por el hecho de que los dos comparten referencias comunes en torno a Thiriart, Niekisch y Evola. Estos nacionalistas revolucionarios mezclan, en efecto, diversas ideas y doctrinas: nacional-bolchevismo, nacionalismo europeísta y tesis influidas por el tradicionalismo antimoderno de Evola. 

Las ediciones Avatar de Bouchet publican dos obras de Duguin en 2006: La gran guerra de los continentes y El profeta del eurasismo, Alexander Duguin. Este editor publica también la revista Eurasia, uno de cuyos números está dedicado a la Revolución Conservadora rusa, ampliamente centrada en Duguin. Bouchet también publicó el librito Evola y Rusia, de Duguin. Además, Duguin es frecuentemente publicado en el sitio Voxnr, web animada también por Bouchet, con artículos sobre Palestina, el fascismo rojo, la metafísica del eurasismo y la casa común eurasiática. En su nueva casa editorial, Ars Magna, Bouchet continúa publicando la obra de Duguin: La Cuarta Teoría Política, Por un Frente de la Tradición, Por una teoría del mundo multipolar, etc.

El rol estratégico de Alexander Duguin

Después de este inventario debemos plantear la cuestión del interés del pensamiento duguiniano por las diferentes corrientes de la derecha radical. Este interés por el neoeurasismo de Duguin se inscribe, en efecto, en un marco de reflexión más concreto, el del nacionalismo europeo. En efecto, todas las tendencias radicales citadas han conceptualizado, bajo la influencia más o menos marcada de Thiriart y Evola, una forma de nacionalismo paneuro-peo: la etnopolítica eurosiberiana de los identitarios, el nacionalismo europeo de los nacional-revolucionarios, el Imperio europeo de los neotradicionalistas y de los neoderechistas. Más allá de sus respectivas oposiciones, su objetivo común es facilitar el establecimiento de un Estado paneuropeo fuerte contra la hegemonía norteamericana, un tema ampliamente desarrollado por Duguin. 

Las ideas duguinianas han jugado un rol estratégico para las diferentes tendencias radicales: derivadas de esferas culturas bien diferentes (a la vez, rusas, paneslavistas, ortodoxas, soviéticas y postsoviéticas), pero guardando un cierto número de referencias comunes (esotéricas, nacionalistas, revolucionarias, conservadoras) con dichas corrientes, las tesis de Duguin ofrecen nuevas pistas de reflexión para la elaboración de un nacionalismo europeo antioccidental.

El propio Duguin es estratégico: derivado de la extrema derecha contracultural y nacionalista, goza de respetabilidad pública, aunque siga compartiendo un buen número de ideas con la derecha radical europea, la cual, por otra parte, le reconoce siempre como a uno de los suyos. Duguin ofrece, por una parte, esa respetabilidad política rusa de la que carece la extrema derecha francesa, por ejemplo, y por otra, por el mismo hecho de esa respetabilidad, ofrece una tribuna de la que también carece la derecha radical francesa. Duguin es, así, un ejemplo: contrariamente a lo que perseguía la ND, él ha logrado triunfar con su “gramscismo”, es decir, orientar a una parte importante, cultural y política, de la Rusia postsoviética hacia una nueva utopía antioccidental. 

Además, esta confrontación ideológica incita a las diferentes tendencias radicales a una autoevaluación de sus propios conceptos por oposición a los de los demás. Esta confrontación permite, más allá de las diferencias y oposiciones, establecer una serie de sinergias geopolíticas, a través del intercambio de ideas y del debate. En efecto, incluso si esas diferentes corrientes se oponen virulentamente entre ellas, no dejan, sin embargo, de debatir sobre la respectiva validez de sus ideas en los encuentros internacionales, como los mencionados anteriormente. En fin, pese a las tendencias endogámicas a la división y a la escisión, los diferentes grupos de la derecha radical francesa intentan renovar sus vínculos con otras estructuras con el objetivo de afirmar sus posiciones. Desde la caída de los regímenes comunistas, la derecha radical francesa y europea ensaya aproximarse a sus homólogos rusos, particularmente por los identitarios y los nacional-revolucionarios. Estos últimos, de hecho, están vinculados al Partido nacional-bolchevique del que Duguin es uno de sus principales responsables. 

De este inventario, podemos destacar varios puntos. En primer lugar, que los más hostiles a las tesis de Duguin son, lógicamente, los identitarios en razón de su islamofobia, y que los más favorables son, también lógicamente, los nacional-revolucionarios, cuyas ideas están más próximas a la islamofilia de Duguin. En segundo lugar, las menciones al pensamiento de Duguin están especialmente confinadas en círculos muy concretos, pese a su aspecto de división. En efecto, todas las categorías citadas derivan de las corrientes (o movimientos) de la ND, en particular de las tres primeras de la clasificación establecida por Pierre-André Taguieff. Este autor distingue cuatro grandes tendencias en las conflictuales relaciones dominadas por el GRECE durante sus primeras décadas: el tradicionalismo “evoliano-guenoniano”; el neoconservadurismo “modernistas” de los que se reclaman de la Revolución conservado-ra alemana; el comunitarismo etnista que dará nacimiento a los identitarios; y, en fin, el positivismo, incluso el cientifismo, donde encontramos una recurrente exaltación de los logros y posibilidades de la ciencia y la técnica modernas. La recepción de las ideas de Alexander Duguin continúa siendo algo confidencial en Francia y limitada a círculos muy concretos de la derecha radical o de aquellas corrientes disidentes de la ND.

ND rusa y ND francesa: la alianza rojo-parda

Que el pensador francés Alain de Benoist es uno de los principales inspiradores contemporáneos de Duguin nadie lo pone en duda. El libro del intelectual francés, publicado en ruso, “Contra el liberalismo: hacia una cuarta teoría política”, no sólo le proporcionó el nombre de dicha “cuarta posición”, sino los fundamentos teóricos para la elaboración de su teoría contra el “enemigo principal”, el capitalismo liberal y totalitario. 

Las relaciones entre Duguin y De Benoist no han sido, sin embargo, todo lo fluidas que parecían prometer en un principio. De hecho, de una inicial convergencia de ideas e intereses –algo así como la construcción de una “Nueva Derecha Eurasiática”‒, se pasó a la desafección de Benoist por el proyecto de Duguin, en un claro intento por desmarcarse de la presunta deriva ultranacionalista y neofascista del animador político ruso, de tal forma que las relaciones que éste mantiene con círculos homólogos de la Europa occidental se circunscriben particularmente a la ND disidente e identitaria, como la que representan Robert Steuckers y Pierre Vial.

Parece que en el período entre finales de la década de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado, coincidiendo con la revista de debate y pensamiento Krisis, proyecto personal e intelectual de Alain de Benoist, se detectan ciertos movimientos de colaboración entre comunistas y nacionalistas en el entorno del GRECE, algo que parece patente en las cada vez más frecuentes declaraciones e intervenciones de Benoist, muy alejadas de los estereotipos derechistas o conservadores.

En marzo de 1992, Benoist viaja a Moscú en compañía de Robert Steuckers, invitados por Duguin para participar en una mesa redonda organizada por el periódico neoderechista Den, contando también con la presencia del editor del diario Alexander Prokhanov y del líder de los soviéticos nostálgicos Gennadiy Ziuganov. En la capital rusa, gracias a la mediación de Duguin, los neoderechistas entran en contacto con la oposición radical formada por nacional-patriotas, tradicionalistas y nacional-bolcheviques, entre otros. Así, en la década de los 90 del pasado siglo se habló de una presunta alianza rojo-parda (o “rojiparda”). El propio Benoist consideraba entonces que debía prestarse gran atención a la obra de Duguin, en particular a su “teoría imperial”, aunque se distanciaba de él por su tradicionalismo repleto de referencias místicas y esotéricas.

Benoist, no obstante, salió decepcionado de su visita a Moscú y, según sus propias palabras, se encontraba “perturbado por el crudo imperialismo y el jacobinismo de la gran mayoría de los llamados patriotas rusos, algunos de los cuales no pensaban en nada más que en la restauración de la antigua dominación rusa sobre el este de Europa”. La fractura ideológica estaba servida, al menos personal-mente, entre Duguin y De Benoist, pero no en su relación con otros neoderechistas del ala disidente del GRECE.

En efecto, Duguin había comenzado a colaborar en la revista de Robert Steuckers, Vouloir (fundada en 1983) y publicado algún artículo en Éléments. Asimismo, como ya se ha señalado anteriormente, Duguin participa en el XXIV Coloquio Nacional del GRECE (París, 24 de marzo de 1991), consagrado al tema “Nación e Imperio”; mientras que Benoist figuraba como miembro del Comité de Redacción de la réplica rusa de la revista francesa, Elementy, que Duguin había creado en el año 1992. De ahí a afirmar la aparición de una alianza rojo-parda y la creación de una filial neoderechista en tierras rusas había un estrecho paso que los críticos de Benoist no tardaron en franquear.

Pero tampoco se demorará Benoist en responder a las acusaciones. El 15 de septiembre de 1993, el diario alemán Europa Vorn publica un texto de Benoist en el que el autor deja clara su relación con la llamada ND rusa. Es cierto –afirma- que ha habido contactos con la oposición rusa, e incluso que puede verse con buenos ojos la aproximación entre “corrientes político-intelectuales antaño opuestas” dentro de los medios patrióticos. Sin embargo, no es posible reconocer en Rusia nada que se parezca a la ND francesa; es más, “yo mismo he dicho a Alexander Duguin que lamentaba que hubiese decidido dar al periódico que ha creado el título de Elementy, pues estimaba que dicha elección podía prestarse a confusión” (como lo fue en caso de Alemania con Elemente). 

Igualmente, Alain de Benoist solicitó a Duguin que se suprimiese su nombre del Comité de Redacción de Elementy, en el que había sido incluido sin su permiso. Conviene, sin embargo, señalar que el pensador francés lo hace –como en casi todas las ocasiones durante este período‒ a título personal y no en nombre de organización alguna. Pues lo cierto es que los vínculos entre los nacional-bolcheviques rusos y la disidencia neoderechista encabezada por Steuckers no sólo se mantendrán, sino que irán fortaleciéndose con el transcurso del tiempo. 

En 2005, Duguin fue invitado a participar en una reunión inaugural del grupo británico de la ND, organizada por Troy Southgate, exactivista del Frente Nacional británico. Ese mismo año, en Amberes y Bruselas, Duguin participa en dos conferencias organizadas por la revista belga-flamenca Tekos, estrechamente asociada con Synergies Européenes (posteriormente Euro-Synergies). Durante el mismo viaje, Duguin aprovecha para entrevistar a Jean Parvulesco y a Alain de Benoist, al parecer superando la ruptura de doce años entre el ruso y el francés. 

De vuelta a Rusia, Duguin dedica un programa, en una televisión afecta a sus intereses, al tema de la identidad nacional en Europa, abordando el tema exclusivamente bajo el prisma de los pensadores de la ND europea, que presentó al público como la “élite intelectual y política europea”, mientras que Benoist era descrito como un “destacado intelectual europeo” y el “líder de la ND que reúne a las mejores mentes de todas las naciones europeas”. Cuando, en 2008, Duguin se consolida como profesor de sociología y funda un centro de investigación del conservadurismo en la Universidad Estatal de Moscú (MSU), Alain de Benoist es el primer orador invitado, con una conferencia centrada en la importancia de la educación en la juventud como estrategia metapolítica para que en el futuro esas mentes puedan ejercer una influencia directa sobre la opinión pública y los gobiernos de los países. Benoist expresa su admiración por Duguin por la firme convicción de éste en un contexto mundial multipolar –no un mundo unipolar dominado por los Estados Unidos‒, en el que destaca su percepción particular de la idea de Imperio, por contraposición al modelo del Estado-nación occidental.

Parece que no hay duda. Diversos autores especializados en la European New Rihgt como Graham Schmith, Marlene Laruelle o Anton Shekhovtsov, señalan que las actuaciones de Duguin se inscriben, sin ninguna duda, en la red de la ND en Europa.