La otra pandemia: la desmaterialización monetaria, por Julien Langella


“Billetera electrónica”, “moneda 2.0”, “dinero virtual”: El vocabulario que se utiliza en los tiempos recientes en algunos titulares de prensa nos prepara psicológicamente para la gran transición hacia la desmaterialización de los flujos monetarios. 

El Covid-19 habrá servido como lanzador de una tendencia que ya venía de atrás. En Londres, desde hace varios años, ya existía esta dinámica puesto que un buen número de restaurantes, hoteles e incluso artistas de la calle no aceptaban ya más que pagos por tarjeta bancaria. Pero no nos confundamos: no es un debate técnico, la elección de una sociedad sin dinero en efectivo no es políticamente neutra, es una elección de civilización.  

La ausencia de efectivo conviene a las sociedades nómadas y a los Estados tiránicos que aseguran un control total sobre su territorio: por ejemplo, como los países despóticos orientales cuyos territorios están muy unificados y controlados por el jeque árabe o el khan mongol; al contrario que los países europeos, troceados por el sistema feudal bajo el arbitrio moldeable del rey. Este control del territorio por el poder central limitaba en gran medida la independencia por la riqueza inmobiliaria y daba más importancia a la riqueza mobiliaria: el oro, las joyas, la seda, las especias, …

En otros tiempos, en Europa, el hombre libre –ya fuera griego, romano o sujeto del rey de Francia– era propietario de unos dominios que garantizaban su autonomía y la de las “gentes”, reconocido por su castillo-fortaleza y su blasón. Por supuesto, siempre ha habido mercaderes, pero sus riquezas dependían del poder de los señores y del rey, que los toleraba en sus dominios. 

Hoy en día, el hombre “libre” se identifica con el portador de acciones nómada y sin ataduras, desarraigado y promotor del desarraigo universal. En resumen, como lo subraya Guillaume Travers, “tradicionalmente, en Europa, se era libre porque se procedía de una tierra; hoy, se es “libre” porque no se es de ningún sitio” (revista Éléments, abril-mayo 2019).

Esto no significa que el Estado-nación sea cada vez más débil. Al contrario, la desmaterialización es una señal importante de su evolución totalitaria. Como nuestros gobiernos tienen un exceso de deuda, ningún flujo se les tiene que escapar. Así, sin efectivo, la percepción de nuevos impuestos se convierte en un juego de niños. 

Además, gracias a los pagos digitales, el Estado podrá conocer la identidad de todos los clientes de una librería políticamente incorrecta o de un bar asociativo, y recopilar mucha información de los ciudadanos fuera de toda norma legal. La SWIFT, sociedad que gestiona la mayor parte de las infraestructuras de pagos en el mundo, comparte sus datos, incluso para los pagos realizados en Europa, con el gobierno estadounidense. 

Así, asistimos al nacimiento de un Estado mundial regido por instancias supranacionales de las que las naciones no ejercen más que de repetidores. El territorio de dicho Estado obeso cubre todo el planeta; las reglas son mundiales y únicas; el derecho se uniformiza y se privatiza. 

La época actual no es más que una etapa, un tiempo de mutación hacia Un mundo feliz, novela que describe la sumisión de los pueblos mediante los placeres artificiales, el goce sexual y el control de nacimientos. Como se ve, todo está ya en su sitio.  Fuente: Academia Christiana.