La vía británica ¿es la única?, por Franck Buleux

 

El Reino Unido salió de la UE el pasado 31 de diciembre de 2020, conforme al referéndum sobre el Brexit del 23 de junio de 2016, que había resultado en un 52% a favor de la salida. El 24 de diciembre de 2020 se firmó un acuerdo comercial entre Londres, que ha recuperado su libertad de contratación, y Bruselas. Se trata de una evolución fundamental en la UE: es la primera vez que un Estado, en su integralidad soberana, abandona las instituciones europeas. 

Cierto, Argelia y Groenlandia, la primera en 1962 y la segunda en 1985, abandonaron el espacio europeo, entre independencia belicosa y autonomía insular polar, pero nunca un Estado como tal había decidido salirse de la Unión Europea. Dicho sea de paso, ninguna formalidad estaba prevista para este caso, de ahí la duración de las negociaciones durante las cuales Bruselas, París y Berlín no tenían más que un solo deseo, el de que los británicos reconsideraran su decisión democrática de 2016, calificada de "populista". 

Se expusieron los peores argumentos: puesto que fueron los votantes de más edad los que votaron, en su mayoría, contra la permanencia, si se rechazaba el voto, teniendo en cuenta los fallecimientos ocurridos desde 2016 y la movilización de los jóvenes (los hijos de Erasmus) se conseguiría, naturalmente, seguir en la UE. La democracia es cuando el resultado obtenido corresponde al resultado deseado. El Primer ministro conservador británico, Boris Johnson, favorable al Brexit cuando se votó en 2016, no ha cedido nada a los tecnócratas europeos, lo cual no ha sido fácil. El Reino Unido ha recuperado su poder de contratación a nivel internacional. 

En efecto, hay que ser realistas. Los países europeos como Suiza, Islandia, Noruega y Liechtenstein han firmado acuerdos comerciales de libre circulación con los Veintisiete de la UE. Los microestados como Mónaco, San Marino, Andorra y el Vaticano utilizan el euro sin formar parte de la Unión. Otros estados como Kosovo, Serbia, Montenegro, Albania, Bosnia y Turquía (sic) han expresado ya su deseo de integrarse en la estructura europea. Nada impide a los estados soberanos vincularse con otros estados o con una superestructura compuesta de varios estados. La Asociación europea de librecambio (AELE) permite así reagrupar a estados fuera de la UE sin uniformizar los derechos de aduana. 

La salida de los británicos, que se unieron a la CEE en 1973 prueba que la UE no es la finalidad europea y que no hay, en esta materia como en tantas otras, un sentido en la Historia. La jurisprudencia británica permite a los pueblos de saber que es posible marcharse de la UE sin que llegue el apocalipsis, la exclusión continental y la venta al mejor postor. 

¿Y qué pasará mañana?

Al Este, el grupo histórico de Visegrado (llamado también V4 o triángulo de Visegrado) es un grupo informal que reúne a cuatro países de Europa central: Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia. Estos países son todos miembros de la UE pero tienen la voluntad de no hundirse en el liberalismo económico y en el libertarismo societal: Europa, por supuesto pero en un marco nacional que ponga por encima la soberanía y la voluntad de los pueblos (¿ha dicho usted populismo?). Hay que tener en cuenta que el recuerdo de la URSS todavía está presente en las mentes puesto que no ha habido ningún tribunal internacional que condene los crímenes intrínsecos del comunismo. 

Al Oeste, el efecto británico va a producir cierta "vigilancia" respecto a los demás países. El estado más sospechoso, Italia, ha vuelto al redil desde que salieran Matteo Salvini y los representantes de la Liga. El gobierno está ahora dirigido por los tecnócratas del "centro izquierda" del Partido demócrata (recordemos que este partido es el producto, sobre todo, de la autodisolución del Partido comunista italiano en 1991 después de la caída de la URSS). Este cambio de mayoría parlamentaria, bastante frecuente en el sistema italiano, no indica una evolución significativa puesto que se hizo sin convocatoria electoral y más sabiendo que, a día de hoy, los dos partidos de derecha nacional, la Liga y los "Fratelli d´Italia", tienen un respaldo de más del 40%.

Tanto al Este como al Oeste, se pueden presentar dos situaciones: el reagrupamiento de países con temperamento soberano en el seno de la UE (grupo de Visegrado) o la salida a marchas forzadas de un Estado (más de cuatro años para llegar a un acuerdo de librecambio sobre el mismo modelo que los de la AELE), y luego quizás de otro. Merece la pena estudiar la cuestión cuando se sabe que, en Francia, existe la voluntad permanente de poner en dificultades a la candidata (permanente también) Marine Le Pen sobre su voluntad de salir o no de la UE. Seamos realistas, el debate no puede cerrarse en otro debate la víspera de las elecciones, puesto que las negociaciones duran... cerca de cinco años. 

La evolución electoral de la UE es bastante importante. Echaremos de menos en el Parlamento europeo a los diputados nacionalistas de Nigel Farage aunque tengamos, en Boris Johnson, al principal hacedor de esa soberanía reencontrada al otro lado del Canal. La evolución electoral sigue siendo el vector fundamental de lo que será la UE en el futuro. Tenemos memoria: los antieuropeístas iniciales no estaban en las filas de la derecha nacional sino en las de aquellos que deseaban la sovietización de Francia o, como mínimo, su "albanización". La fuerza electoral del Partido comunista francés y la farsa megalómana del General de Gaulle dieron a Francia un falso sentimiento patriótico (no pronunciar "nacionalista").

Somos europeos sin ninguna duda, pero ¿somos soberanistas, federalistas o "unionistas"? Poco importan los términos; lo que importa son las políticas previstas y los representantes escogidos para llevarlas a cabo. Está claro que, por el momento, este debate no tendrá lugar en el Hexágono (forma geométrica que permite no pronunciar "Francia") puesto que hemos otorgado las llaves del poder a un autócrata eurócrata con el 66% de los votos.

Pero tiene sentido seguir a distancia la evolución de nuestros vecinos, incluso lejanos. ¿Alguien se ha dado cuenta de que la política migratoria no es la misma al Este que al Oeste? ¿No tiene sus límites la UE, ligados a la voluntad de los pueblos? Fuente: Eurolibertés.com