Las tres confesiones de Mélenchon, por Vincent Vauclin

 

El discurso pronunciado a mediados de septiembre por Jean-Luc Mélenchon –con ocasión del lanzamiento del think tank de su partido, La Francia Insumisa– quedará grabado en la historia reciente como el momento fundador de la nueva izquierda en Francia. Reconociendo la mutación ideológica que ya está en marcha desde hace tiempo, Mélenchon ha cruzado finalmente el Rubicón que todavía le separaba de las corrientes más extremas de su movimiento para abrazar sin reservas la causa indigenista y olvidarse de los últimos oropeles de la izquierda obrera del siglo pasado, republicana y vagamente patriotera, con cuyos ropajes todavía simulaba vestir sus discursos. 

Hablando en general, las palabras tienen un sentido. Pero pronunciadas por aquel que reunió más de siete millones de sufragios en su nombre en 2017 y que fue el gran arquitecto de la recomposición de la izquierda post-Hollande, todavía tienen más peso. Así pues, es esencial conocer todas las implicaciones de sus frases cuando el líder de la Francia Insumisa declara que “el pueblo francés ha empezado una especie de criollización que es nueva en nuestra historia; no hay que tenerle miedo; eso está bien […] Necesitamos unas nuevas reglas del juego. Es por ello que la Sexta República es una necesidad vital”. 

Mediante esa diatriba y, en pocas palabras, Mélenchon nos hace tres confesiones inéditas de consecuencias explosivas: 

- Primera: La Gran Sustitución es finalmente una realidad, y no una “fantasía de extrema derecha”. Que lo llame “proceso de criollización” en lugar de “proceso de eliminación identitaria y sustitución demográfica” no cambia nada al asunto. Mélenchon admite por fin la realidad de lo que numerosos lanzadores de alerta avisan desde hace años: el pueblo francés autóctono está efectivamente siendo sustituido en el plano étnico y cultural por masas de inmigrantes venidas, sobre todo, del Magreb y del resto de África. Y, para él, eso es un progreso. 

Segunda: Este proceso de sustitución demográfica tendrá consecuencias sociales y políticas muy importantes. Dicho de otra forma, Mélenchon toma nota del carácter tribal y comunitarista del voto inmigrante y, por lo tanto, de la quiebra integral de la política de asimilación republicana y del proceso de sedición comunitarista que resulta de ello. Peor todavía: se propone simplemente acelerarla, acompañarla y orientarla para que sirva para traer su famosa sexta República que terminará de liquidar los últimos vestigios del Estado-nación a la francesa. 

- Tercera: El nuevo reto político de la izquierda no es ya económico o social sino, primero y ante todo, identitario y comunitarista. Las nuevas relaciones de fuerza demográficas cambian las reglas de juego, Puesto que el bando de los oprimidos se confunde ya con el de los inmigrantes, la lucha de razas sustituye pues hábilmente a la lucha de clases en la retórica del autoproclamado “tribuno del pueblo” que intenta así reunir a su remolque electoral “ecosocialista” la tesis infumable de la “interseccionalidad de las luchas”.       

Por más de un motivo, este discurso de Mélenchon tiene pesadas consecuencias. Mientras que a la derecha todos rechazan pronunciar las palabras que no se debe –como, por ejemplo, Marine Le Pen, que declaró hace poco “no conocer la noción de Gran Sustitución”– Mélenchon organiza el lío. Él ya ha escogido su bando desplazando el cursor del debate presidencial hacia el terreno identitario. Por supuesto, su objetivo principal es, primero, electoral: el cacique mitterrandiano que fue en otros tiempos no ha olvidado nada de su venerable maestro, y explota hábilmente todos los resortes de la demagogia cínica y de la indignación sobreactuada para coagular los enfados y reconstituir un proletariado-electorado de sustitución (en todos los sentidos del término), como lo hizo también en tiempos su mentor. 

Pero las frases de Mélenchon revelan igualmente su francofobia latente y su obsesión enfermiza por el borrón y cuenta nueva: lo certifica con esta fórmula críptica por la que, en el mismo discurso, insta a sus militantes a “hacer Francia con toda la madera disponible” [1], en una analogía curiosa entre Francia y una hoguera. Queda por saber en qué brasero pensaba: ¿el de Notre-Dame o el de los suburbios? Solo algo es seguro: entre el papel de bombero y el de pirómano, Mélenchon no ha dudado demasiado. Y este 21 de septiembre de 2020, ha encendido su primera cerilla. www.natdem.fr

[1] Alusión a la expresión “faire feu de tout bois” (hacer fuego con cualquier madera que se tenga).