Necesidad de Manifiesto: ¿Qué nos debe motivar a escribir un manifiesto político?, por Jorge Sánchez Fuenzalida

 


Hoy estamos innegablemente envueltos en todo el mundo por una gran oleada de sofistica. Como en tiempos de Platón y de Aristóteles, también hoy nos arrastran innundatoriamente el discurso y la propaganda.

Xavier Zubiri, Inteligencia Sentiente

El amor por los bienes externos les impide hacer alguno de los deberes que se han propuesto.

Aristóteles, Protréptico


El filósofo español Xavier Zubiri Apalategi es tal vez, el pensador más grande y creativo de nuestra lengua. Esa mi convicción personal. Y sí me preguntan por qué, simplemente refiero su estupenda inteligencia que lo llevó a dominar la historia de la filosofía y a obtener una eficaz capacidad para conocer y entender la ciencia de su época. No en vano fue amigo y discípulo del físico Austriaco nacionalizado Irlandés Erwin Schrodinger (premio nobel de física en 1933).  También fue discípulo directo de Martín Heidegger.

Pero sin querer ahondar en la intención siquiera de contarles una biografía detallada de este hombre, me interesa dejar en claro he encontrado en Zubiri la filosofía primera que tiene la potencia necesaria para fundamentar un gran movimiento político para reconducir a la sociedad, al Ser Humano, al camino correcto hacia la trascendencia físico-espiritual de su vivir, de su obrar. Necesitamos pues, urgentemente, que el Ser Humano se rencuentre con su esencia y con su labor fundamental en la creación, a saber: que es un complemento en la naturaleza, que es el gran Obrero del mundo, que es una potencia creadora. Ahora bien, con justa suspicacia, se podría decir que dichas palabras corresponden a un discurso idealista (de idealizar las cosas al punto de no reconocer la realidad). Sin embargo, yo puedo afirmar con certeza que no; que la empresa que me propongo realizar no tiene relación alguna con el idealismo, de ningún tipo, solamente me he enfocado en reconocer la realidad del mundo, las cosas y del Hombre en su radicalidad. La filosofía de Zubiri me ha ayudado a madurar semejante labor.

En algún momento Zubiri nos invita a “elegir una cuestión filosófica” para vivirla realmente en la realidad de nuestros haceres, que sea la épica de nuestra vida. Ahora bien, por cuestión filosófica, entiéndase aquella rúbrica que nos ayuda especialmente a resolver las preguntas más relevantes para la vida del Ser Humano; como la pregunta por el Ser en la filosofía griega, la cuestión de la verdad en Descartes y la filosofía moderna o aquello que cuestiona por el espíritu en el idealismo alemán. ¿Cuáles son hoy en día nuestras preguntas? ¿Es necesario preguntar? ¿Cómo? ¿Por qué? Yo estimo que uno de los principales problemas de la modernidad es que hemos olvidado preguntar de manera propositiva: nos hemos perdido en un criticismo positivo que en lo más mínimo se ha esforzado por preguntar, sino más bien, se ha encargado de ocultar ese preguntar como ejercicio filosófico y lo ha reemplazado por una crítica infinita, como dialéctica eterna de un gran des-sentido relativo. Debemos pues, imperativamente, volver a preguntar de forma radical, para establecer respuestas radicales: en un mundo que se mueve entre la plasticidad y lo concreto, un Ser Humano que conoce y entiende el mundo y la realidad por medio de su inteligencia sentiente. Inteligencia que es plástica y concreta.

¿Cuál debe ser aquella cuestión filosófica que fundamente nuestro nuevo nacimiento? Nuestra principal tarea filosófica es generar la potencia primera necesaria para reconstruir un Ser Nacional, un arquetipo de Ser Humano; es decir, un ser trascedente u ultra-metafísico (no metafísico como lo entendió el editor de Aristóteles, Andrónico de Rodas). Un Ser que habita en la realidad radical de su naturaleza y de las cosas, siendo este Ser una apertura-potencia, además, que se ha dado cuenta que está arrojado: esto es, que está allí en el mundo sin que él se haya metido. Esta realidad no es angustiosa, aunque antes lo era. Darse cuenta de que se está arrojado, es darse cuenta que debemos hacer algo con la existencia, nosotros somos ese algo, ese Ser: y allí está pues, la misión trascedente y ultra metafísica de la resurrección del Hombre, el saber qué y cómo hacer de la existencia humana. Dicha aseveración amerita sin duda otras preguntas, y muchas respuestas. ¡Nadie ha dicho que la existencia sea pura bondad!

La ultra metafísica es aquella filosofía primera que entiende la existencia humana como un todo: cuerpo y espíritu aquí, en el mundo. ¿La fe en la existencia luego de la muerte física nos sirve para entender la naturaleza humana del aquí? No, de ninguna manera. No se trata de negar al Dios que viene; se trata únicamente de resolver la existencia humana en tanto que existencia radical del Ser Humano en el mundo. En efecto, eso es la ultra metafísica, o filosofía primera: la relación del entre; aquello que es en conjunto, cuerpo y mundo, uno. Somos los únicos que tenemos derecho, por razón y emoción de darnos cuenta de la potencia del Ser-Hombre/mundo/cosas, pues esa conjugación radical y profunda nos revela además la plasticidad del mundo y la concreción del Ser Humano. Pero no es una concreción inerte; decir concreción, es asumir la realidad de la existencia en la relación mundo/cosas: no puede el hombre inventarse un Ser del cual no es por pura deliberación propia de los desfaces mentales, cuestión de conflicto abundante en nuestra realidad social y política actual. La “libertad de la mente”, cuan complejidad humana, en tanto que ha superado las propias y justas limitaciones naturales, ha de convertirse en la dominación de la negación, porque sí, más oscura y triste. Se trata pues de una reclamación impía de aquello que le pertenece por facultad y poder a Dios.

El hombre está afiebrado bajo los efectos de esa libertad creacional de la mente, como cuestión suprema incorporada al Hombre pero que al mismo tiempo reniega de su limitante física, pues ha entendido (el Hombre), que en esa libertad mental no hay limites posibles que le conciernan en facultad y poder a Dios sino a él; todo eso es interés del deseo como fundamento de ser. El hombre está sin más, en búsqueda de la abolición práctica de Dios. Camino del hombre liberalizado que se ha asumido a sí mismo como un todopoderoso en vez de entender lo que es; un complemento de la creación natural. Este hecho cultural es de lo más relevante.

Se constata pues que, en un marco de carácter sociopolítico y revolucionario, cierta doctrina ha propuesto la disolución del hombre tal y como lo conocemos. Cierta doctrina ha puesto a la existencia humana supeditada, a priori, a una “existencia lingüística y estética” de nuevo tipo que niega o resignifica la tradición del pensamiento occidental, sus fundamentos y categorías. Bajo esta rúbrica, el hombre se ha disociado, nuevamente, en dos proto-realidades: la realidad del cuerpo y la realidad de la mente-inconsciente. Se ha fijado el deseo como el ser de esa disyunción. La expresión rizomática de esa doctrina ha cometido ciertamente el mismo error ontológico que la filosofía occidental; la separación. Primero fue la separación del lo físico y lo espiritual. Hoy, en plena época emancipatoria, la separación está entre el cuerpo y la mente. La realidad es determinada por la mente, y el cuerpo, en esta línea doctrinaria de la subversión cultural, constituye un lastre; una limitante para el verdadero y radical flujo.

Ahora bien, ante esa libertad declarada del inconsciente como activo de un supuesto fundamento político, donde los límites de la cultura hegemónica del sistema cultural occidental se encuentran derruidos, es necesario hoy más que nunca conocer y entender en qué estado nos encontramos (el estado de nuestra cultura, de nuestro Hombre). Zubiri lo deja en evidencia: “El viviente, así colocado y situado, se halla en un determinado estado”. En la realidad de su naturaleza, de su inteligencia y potencia, el Ser Humano siempre está colocado en un habitar y situado en una realidad que, en la formalidad, está en constante actualización: el estar-estado del Ser Humano no es concreto, es móvil, plástico, está a la deriva. Deriva, significa que el estar-estado de la existencia humana va por un río experiencial que no tiene un curso o caudal definido, mucho menos un destino que se sepa absoluto. Eso no quiere decir que la deriva conduzca al Ser Humano a la nada, pues el Ser Humano es el que conduce su estar-estado en esa deriva. ¿Por qué estoy declarando semejante aproximación? Pues de reconocer nuestro estar-estado actual, se puede resolver nuestra tortuosa y diluida realidad social y política. Ese reconocimiento es esencial para la creación de un nuevo Ser, de nuevo Hombre, de un nuevo habitar.

Con todo y a pesar de todo, el presente manifiesto busca otorgar a los hombres libres los fundamentos primeros para la construcción de un nuevo Ser Político capaz de navegar en aquella deriva de la existencia radical del Ser Humano. De igual manera, el manifiesto de los hombres libres se ha determinado en definir que aquella deriva se convierta luego en un sentido. Un camino. El manifiesto de la Axis Polítika se convertirá así en el fragüe desalienante de los hombres cuyos espíritus se encuentran en cárceles de odio y de mentira. En tanto aquellos hombres libres que en su libertad adhieren a este mensaje, tendrán conciencia política para hacer de la politika, una guerra. La guerra que hoy nos convoca es la guerra cultural contra el imperio del deseo y la decadencia que, por gusto, nos ha llevado a la debacle moral de nuestra sociedad.

¿Quiénes serán aquellos que se reconozcan como seres políticos y hagan la guerra cultural? ¿Quiénes serán los que decidan resolver la decadencia con franco y radical sentido? ¿Quiénes se levantarán hoy contra sus propios deseos de no hacer nada?

Esta es la era de los despiertos, de los que han de gritar, ¡Orden y Guerra! Renuevo, vida y sentido.