No morir para nada, por Xavier Éman


¡Que nazcan de esta crisis loca, de este confinamiento impensable, de este desastre, de esta mala gestión política, por lo menos, el refuerzo de nuestras certitudes, la consolidación de nuestra creencia, a partir de ahora inalterable, no solo en la exactitud sino también en el carácter imperioso, vital, de lo que no ha merecido tanto hasta ahora el nombre de "nuestro combate"! Sin ninguna grandilocuencia, solo obteniendo la lección de los hechos. Para que las muertes inútiles no sean, además, en vano.

Sí, claro que las fronteras protegen, claro que la "Aldea global" no es más que un gran sanatorio para moribundos, claro que los mercados financieros son unas mafias, claro que la destrucción de los servicios públicos es un crimen contra el pueblo... Pero que nazcan también, de este tiempo de repliegue, de encierro o de paréntesis potencialmente trágico, nuevas ideas, nuevos paradigmas, nuevos cantos, nuevos poemas, nuevos himnos, nuevas relaciones humanas, nuevas prioridades; que una expansión creativa, productiva, militante, revolucionaria, responda al estado de sitio que se nos ha impuesto.

Este "imprevisto en la historia" -que confirma todos nuestros análisis y valida todas nuestras observaciones-, suscitado por la locura del sistema, no debe ni puede quedar como el enésimo accidente en el camino criminal del liberalismo mundializado. Ya se ve: no hay salida en la huida individualista, no hay esperanza en la evasión personal, en el egoísmo y la ceguera del cortoplacismo. Solo hay soluciones colectivas y comunitarias. Soluciones que hay que inventar, pensar, construir y encarnar. 

No morimos por su locura, su inconsciencia, su delirio materialista, sus falsas utopías que no son más que cálculos financieros; morimos por nuestra pasividad frente a ellos. Y si aceptamos la muerte, no la toleremos más que después de haber dado todo por nuestro pueblo, nuestra cultura, nuestra civilización, nuestros amores, nuestros hijos o los de nuestros hermanos, y por la imagen que queremos llevarnos de nosotros mismos. Fuente: www. amoyquechault2.over-blog.com